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Daniil Medvedev desahoga su rabia y logra una remontada épica en Viena

Daniil Medvedev se desahoga a puñetazos… y acaba firmando una remontada brutal en Viena

En la mayoría de torneos, las víctimas suelen ser las raquetas. Con Daniil Medvedev, es casi una tradición: tensión, error, plástico hecho trizas. En Viena, sin embargo, el ruso eligió otro objetivo. Sus propias manos.

El episodio llegó en el momento más oscuro de su partido ante Cameron Norrie, en el tercer set del Vienna Open. Superado por el británico, sin encontrar un golpe que cambiara el guion, Medvedev se sentó en el cambio de lado con la rabia a flor de piel. Y dejó un dardo directo al organismo que rige el circuito.

«Si te haces daño a ti mismo, al menos no te ponen multa. A la ATP le gusta cuando la gente se hace daño», se le escuchó decir en el banquillo, con 0-2 abajo en el set definitivo.

Acto seguido, el ex número 1 del mundo cerró el puño y descargó la frustración contra la pista, golpeándola varias veces con la mano desnuda. Nada de raquetas volando. Nada de grafito destrozado. Solo piel contra superficie dura, en un intento desesperado por liberar tensión sin tocar el bolsillo.

La ley del circuito y el ingenio de los jugadores

Los estallidos de ira con la raqueta son parte del paisaje del tenis moderno. Y pocos han alimentado esa imagen tanto como Medvedev. Este mismo año, en Montecarlo, tras encajar un doloroso 6-0, 6-0, terminó reduciendo su raqueta a chatarra en una escena que dio la vuelta al circuito.

Ese tipo de escenas, repetidas por toda la gira, han llevado a la ATP a endurecer las normas sobre abuso de material. El protocolo es claro: primero, advertencia del juez de silla; después, penalización de punto o de juego según la reincidencia. Fuera de la pista, llega el golpe económico: multas que oscilan entre los 5.000 y los 10.000 dólares por una rotura “básica” de raqueta, con sanciones mucho más severas si se daña la pista, la red o se pone en riesgo a recogepelotas, oficiales o aficionados.

Medvedev conoce bien ese terreno. No solo por sus reacciones, también por sus consecuencias. En el China Open fue sancionado con la totalidad de sus ganancias del torneo tras ser descalificado en semifinales ante Novak Djokovic por golpear accidentalmente a un aficionado con una pelota. Un precedente que le ha dejado marcado… y que explica parte de su sarcasmo en Viena.

En ese contexto, varios jugadores han empezado a buscar resquicios. Si la raqueta es intocable, el cuerpo propio se convierte en vía de escape. Duele, pero no cuesta dinero.

El caso más extremo quizá sea el de su compatriota Andrey Rublev. No son pocas las veces que se le ha visto estampar la raqueta contra sus propias piernas hasta hacerse sangre. En Hangzhou, frente a Hugo Gaston, fue más allá: descargó un puñetazo contra los paneles publicitarios del fondo de pista y terminó con la mano abierta en canal. Aun así, se recompuso y ganó el partido.

En Viena, Medvedev siguió la misma lógica. Golpes contra el suelo, comentario envenenado contra la ATP… y después, tenis. Mucho tenis.

Del abismo al control: la remontada ante Norrie

En el momento del estallido, el panorama era sombrío. Norrie mandaba 3-0 en el set decisivo, dueño del ritmo y de los intercambios. Medvedev, descolocado, parecía caminar directo hacia la eliminación.

Pero el ruso tiene una virtud que le ha llevado a la cima: es capaz de reconstruirse en plena tormenta. Punto a punto, fue ajustando posiciones, alargando peloteos, obligando al británico a golpear siempre una más. Recuperó el break, igualó 3-3 y pareció haber girado la inercia… hasta que volvió a tropezar.

Norrie rompió de nuevo y se colocó 5-3, servicio para partido y con bola de encuentro a favor. Estaba a un golpe de cerrar una victoria de prestigio ante un ex campeón del US Open.

Entonces apareció el Medvedev campeón. El que se agarra a la pista cuando el margen es mínimo. Salvó el punto de partido, rompió el saque del británico y devolvió el duelo a terreno neutral. Del 3-5 se pasó al 5-5, y desde ahí, ambos mantuvieron el servicio hasta el desenlace inevitable: el ‘tie-break’.

Allí ya no hubo historia. El ruso tiró de oficio, de lectura táctica y de experiencia en escenarios de máxima presión. Dominó el desempate con autoridad y lo cerró por 7-1, sellando una victoria que, minutos antes, parecía fuera de su alcance.

Camino a Turín, con los puños marcados y el pulso firme

El triunfo coloca a Medvedev en los cuartos de final de Viena, donde le espera Adrian Mannarino. El cara a cara entre ambos llega apretado: 5-4 para el ruso, aunque con un matiz clave, Medvedev ha ganado cinco de sus últimos seis duelos.

La dinámica reciente respalda al número 5 del mundo. Llega con dos títulos y dos semifinales en sus cuatro últimos torneos, una racha que le ha permitido acumular 3.760 puntos y situarse quinto en la Race to Turin. Un buen resultado en Viena debería prácticamente blindar su billete para las ATP Finals de noviembre.

El cuerpo de Medvedev quizá acabe con algún moratón más si siguen las batallas y los arranques de rabia. Su raqueta, por ahora, respira tranquila. Su tenis, en cambio, vuelve a mandar el mensaje que importa: con el ruso, aunque esté contra la pared, nunca se puede dar un partido por cerrado.