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Gabriel Jesus elige al Barcelona y rechaza a Flamengo

Gabriel Jesus tuvo este verano una oferta para volver a casa. No a cualquier casa. Flamengo llamó a su puerta con la intención de llevárselo de regreso a Brasil cuando quedó claro que su etapa en el Arsenal estaba agotada. El delantero escuchó… y dijo que no.

El motivo no fue deportivo ni económico. Fue sentimental. Fue Palmeiras.

Flamengo insiste, Gabriel responde con Palmeiras

En una entrevista con TV Bandeirantes, el internacional brasileño desveló que el club de Río de Janeiro intentó aprovechar su situación en Londres, una vez que Mikel Arteta dejó de contar con él de forma prioritaria. Había dudas sobre su rol, sobre su físico, sobre su continuidad. Y los teléfonos empezaron a sonar.

Flamengo fue uno de los más serios. Un gigante de Brasil, proyecto ambicioso, escaparate asegurado. Pero se encontró con una pared de convicciones.

Gabriel Jesus recordó de inmediato de dónde salió. Entre 2013 y 2015 se formó en la academia de Palmeiras, el club que lo lanzó al profesionalismo y lo convirtió en referencia antes de que diera el salto a Europa. No era un simple capítulo de su carrera. Era el origen.

El delantero lo explicó con claridad: el club carioca quiso sentarse a negociar y él frenó la conversación desde el primer contacto. “Ellos querían hablar conmigo, pero yo dije educadamente: ‘Aprecio mucho el contacto, pero así como hay jugadores de la cantera de Flamengo a los que ustedes quieren de vuelta, yo también soy producto de la cantera de Palmeiras’”, relató.

No hubo reunión. No hubo contraoferta. Solo una línea roja: en Brasil, solo Palmeiras.

Un pasado que pesa: títulos, premios y números en verde

La fidelidad de Gabriel Jesus no nace de un gesto romántico aislado. Se sostiene en una historia cargada de éxitos con la camiseta del Verdao.

Con Palmeiras, el atacante explotó muy pronto. Ganó la Copa do Brasil y fue elegido Mejor Jugador Revelación del Campeonato Brasileiro Serie A en 2015. Un año después, en 2016, levantó el Bola de Ouro como gran figura del torneo, justo cuando el club rompió una sequía de 22 años sin conquistar el título de liga.

Sus cifras en Sao Paulo confirman el impacto: 83 partidos, 28 goles, 9 asistencias. Lo suficiente para que Europa se fijara en él y Manchester City lo incorporara como una de las grandes apuestas de futuro.

Ese vínculo emocional y deportivo es el que hoy sigue marcando sus decisiones. Para Gabriel, cruzar la frontera de los colores dentro de Brasil no es una opción. Y Flamengo, pese a su poder, chocó con ese muro.

De Londres a Barcelona: el último tren europeo

Mientras desde Sudamérica tanteaban su regreso, el mercado europeo también se movía. Las lesiones habían lastrado su continuidad en el Arsenal, donde nunca logró encadenar la regularidad que sí tuvo en el Manchester City. Esa incertidumbre abrió un escenario nuevo: salida casi cantada y varios pretendientes al acecho.

El desenlace llegó sobre la bocina. En el último día de mercado, Gabriel Jesus dejó el norte de Londres para firmar por Barcelona. Contrato de tres años, hasta junio de 2029, y una apuesta clara: seguir compitiendo al máximo nivel en Europa en lugar de adelantar un retorno al fútbol brasileño.

No fue un simple cambio de club. Fue una declaración de intenciones. A sus 29 años, el delantero considera que todavía tiene recorrido en la élite europea y ve en el Barça una plataforma para relanzar su carrera tras un periodo irregular marcado por problemas físicos.

“Soy Palmeiras, 100% Palmeiras”

En medio de ese nuevo capítulo en Cataluña, Gabriel no pierde de vista el futuro. Sabe que, tarde o temprano, el camino puede llevarlo de vuelta a Brasil. Pero el mapa está trazado de antemano.

El propio jugador lo dejó claro al hablar de un hipotético regreso al país: solo contempla vestir de nuevo una camiseta. “Yo soy Palmeiras, mi mente es Palmeiras, 100% Palmeiras en un posible regreso. No sé cuándo”, aseguró.

Sin fecha, sin promesas de corto plazo, pero con una certeza innegociable: si vuelve, será a casa. A la misma casa que lo vio irrumpir, levantar títulos y ganar premios.

Flamengo lo intentó y se topó con algo que en el fútbol moderno escasea: un jugador que, ante la duda, eligió la memoria, los orígenes y un escudo. Ahora le toca al Barcelona comprobar hasta dónde puede llegar un delantero que, mientras reconstruye su presente en Europa, ya tiene decidido cuál será su último destino en Brasil.