Marco Arfsten: Nuevas metas en su salto a Europa
Cuando el vestuario de la USMNT se vació en Seattle tras la derrota ante Bélgica, el ruido se apagó de golpe. Se cerró la puerta, se acabó el Mundial, cada uno a su vida. Algunos a casa, otros directos de vacaciones. La selección se deshizo en 26 rutas distintas.
La de Marco Arfsten terminaba en California.
Necesitaba ese regreso. “Pasé como una semana en casa con mi familia. Fui un poco a la playa. Me tomé un pequeño descanso mental”, cuenta. Luego, vuelta a Columbus, a entrenar, a jugar un par de partidos. El fútbol no espera.
“El Mundial como que simplemente se acaba y tienes que seguir adelante, pero fue un momento tan grande que es difícil pasar página”, admite. Y no habla solo de los goles, las victorias o las celebraciones. Habla de todo lo demás.
Himno, balcón y cartas
Hay imágenes que no se borran. El himno, por ejemplo.
“El himno nacional”, dice Arfsten, y se le escapa la sonrisa. “Siempre digo eso porque nos dejaban salir a todos, así que yo estaba ahí en todos los partidos. Estás cantando el himno en un Mundial y el mundo te está viendo. En ese momento, sientes que todo el mundo te está mirando”.
Pero las escenas que más le rondan la cabeza últimamente no están en las retransmisiones. No hay cámaras, no hay gradas llenas. Hay un balcón en un hotel de Orange County, cinco o seis compañeros, una baraja de cartas y el océano al fondo.
“Lo que más recuerdas son las relaciones que creas”, explica. “Para mí, yo y un grupo de como cinco compañeros jugábamos a las cartas todas las noches en el balcón del hotel. Mirábamos al mar, jugábamos. Era un momento muy divertido porque hablas de todo. Aprendes mucho de la gente”.
Aquella rutina nocturna se ha quedado atrás. Ahora llega otra vida. Middlesbrough está muy lejos de Orange County, en todos los sentidos, pero este salto llevaba tiempo cocinándose.
En enero, en una charla con GOAL, Arfsten se marcó dos metas para 2026. La primera: llegar al Mundial. Listo. La segunda: dar el salto a Europa. Está a punto de tachar también esa casilla.
Sobre el papel, todo encaja. Sueños planteados, sueños cumplidos. Pero su relato rompe cualquier idea de camino sencillo.
“Todo mi viaje han sido subidas y bajadas, muchos obstáculos solo para llegar a Columbus”, decía entonces. “Siento que estoy aprendiendo sobre la marcha. Todo esto es nuevo para mí. Lo único que quiero que la gente entienda es que esto no es lineal”.
Y tiene argumentos.
De UC-Davis a la Championship
Tras irrumpir en UC-Davis, vio cómo su temporada de segundo año se cancelaba por la COVID-19. Después de su tercer curso, firmó con San Jose Earthquakes II. Lo lógico habría sido escalar dentro de la propia franquicia. No ocurrió. El extremo y carrilero nacido en Fresno terminó recalando en Columbus vía MLS Draft.
Hasta su debut con la USMNT en el campamento de enero de 2025, no había tenido ni un solo minuto con ninguna selección juvenil. Nunca fue la joya señalada desde los 15 años. Nada llegó envuelto en lazos dorados.
Ahora le espera Middlesbrough, un club con acento familiar. Allí ya están Sebastian Berhalter y Aidan Morris, compañeros de selección y primeros apoyos en Inglaterra. No tendrá margen para instalarse con calma: la Championship arranca el 15 de agosto y antes, el 7, llega la primera cita oficial con la EFL Cup ante Wrexham. Arfsten aterriza directo en la exigencia.
Antes de cruzar el Atlántico, se permitió un último capítulo con el Columbus Crew: una semana como All-Star de la MLS.
Disfrutó. Jugó 44 minutos en el partido, participó en el 4-3 de las estrellas de la MLS sobre el combinado de Liga MX. Pero lo mejor no estuvo solo en el césped.
Compartió vestuario con Tim Ream y Matt Freese, los otros dos representantes de la USMNT en el equipo. El trío se reencontró después de separarse tras la eliminación ante Bélgica. Por unos días, volvieron a ser compañeros de batalla.
“Es súper especial verlos”, dice Arfsten. “Este verano son como tu familia durante más de un mes, casi dos, y estás con ellos todos los días, entrenando, compitiendo. Pasas por todas esas emociones juntos, así que el vínculo es especial y siempre es divertido verlos”.
Ream coincide. Para los tres, el regreso a la rutina de MLS tras el Mundial ha sido una carrera a toda velocidad. El All-Star añadió otra capa al torbellino.
“Ha sido un torbellino para todos”, reconoció Ream. “Creo que todos intentamos volver a la normalidad, pero fue increíble ver a esos chicos, ponernos al día y hablar del Mundial y de lo increíble que fue”.
El consejo de Ream y el salto a lo desconocido
Tras el partido de las estrellas, a Ream le preguntaron si tenía algún consejo para sus dos compañeros más jóvenes de la selección. Él ya había estado en ese lugar: jugador formado en el fútbol universitario, explosión tardía en MLS y salto a Inglaterra.
Su mensaje fue simple, sin adornos.
“Sé tú mismo”, le dijo a Arfsten. “No tienes que cambiar nada. Has llegado a este nivel y al Mundial siendo tú mismo y haciendo lo que te trajo hasta aquí. Esa es la clave de una carrera. Sabemos que hay altibajos, que no es diferente a la vida. Pero si puedes ser la misma persona, estés bien o estés sufriendo, vas a estar bien”.
Arfsten sabe que los golpes llegarán. Mudarse al extranjero exige más que piernas: idioma, clima, cultura, soledad. La Championship es una liga que no perdona, con 46 jornadas feroces y una obsesión común: alcanzar la Premier League. A la vez, tendrá que pelear por no perder su sitio en la USMNT en pleno arranque de ciclo mundialista, con todo en revisión, con o sin nuevo seleccionador.
Todo cambia. Y para él, casi todo empieza.
Nuevas metas, mismo mensaje
El objetivo de llegar a Europa está cumplido incluso antes de que ruede el balón en Middlesbrough. Toca redefinirse. Toca fijar nuevas metas. Y no las esconde.
“Marcar goles, dar asistencias, hacer ruido donde esté, se trata de hacer que sea difícil no convocarme”, resume. “Al final del día, de eso va esto. Podemos hablar de quién juega dónde, quién hace qué, pero si yo siempre estoy haciendo ruido donde esté y hago que sea difícil no seleccionarme, ese es mi trabajo como jugador, y eso es lo que voy a intentar hacer”.
La baraja de cartas en el balcón de Orange County ya es recuerdo. Ahora le esperan noches frías en el norte de Inglaterra, campos pesados, viajes interminables en autobús y estadios donde el ascenso se vive como religión.
El siguiente capítulo de Marco Arfsten no promete comodidad. Promete algo mucho más interesante: comprobar hasta dónde llega un futbolista que nunca tuvo el camino marcado y que, por primera vez, entra en el corazón del fútbol europeo con la misma idea fija que lo ha traído hasta aquí. Hacer ruido. Y obligar a que nadie pueda ignorarlo.
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