El United se desploma en Hull y genera preocupación para Carrick
El estreno liguero del nuevo proyecto de Michael Carrick empezó con sonrisa y terminó en pesadilla. En Hull, ante un recién ascendido señalado por muchos como candidato al descenso, el United se desplomó 2-0 y dejó una imagen preocupante para un equipo obligado a pelear por el título.
Youri Tielemans y Andrey Santos, fichados desde Aston Villa y Chelsea para darle otro aire al centro del campo, pasaron prácticamente inadvertidos en su debut. Invisible el belga, apagado el brasileño. Exactamente lo contrario de lo que Carrick necesitaba en un arranque de temporada marcado por la exigencia.
El técnico había restado importancia durante la semana a quienes hablaban de un calendario cómodo, con la visita a Hull y después un partido en casa ante Ipswich, otro recién ascendido. Su prudencia no era pose: fue aviso. Y se confirmó con crudeza.
Alan Shearer lo resumió sin anestesia en la BBC: “Man United han estado horribles, sin hambre, han sido terribles”. El veredicto del ex capitán de Inglaterra encajaba con lo que se veía en el césped: un equipo sin colmillo arriba y desordenado atrás.
La figura de Carrick, que el curso pasado había devuelto estabilidad durante su etapa como interino tras el turbulento mandato de Ruben Amorim, se había ganado crédito y un contrato como técnico permanente. Ahora, con la obligación de llevar al club a su primer título liguero desde 2013, cada tropiezo pesa el doble. Y este no fue un simple tropiezo.
El propio entrenador lleva semanas reclamando más fichajes. El club ya ha llegado a un acuerdo con Brighton por el centrocampista Carlos Baleba. Después de lo visto en el MKM Stadium, su petición sonará aún más urgente.
Hull golpea primero y despierta al estadio
Hull llegaba con el cartel de equipo destinado a sufrir. La temporada pasada se convirtió en el primer conjunto en acabar sexto en Championship y lograr el ascenso vía play-off desde el Blackpool de 2010. Muchos analistas lo daban por carne de descenso. Sergej Jakirovic, su entrenador, se pasó la semana defendiendo que su equipo sorprendería a más de uno.
Lo hizo. Y a lo grande. Incluso él debió de frotarse los ojos cuando el marcador señaló el primer triunfo de Hull sobre el United desde 2017.
El inicio no presagiaba el desastre. El United mandó en los primeros minutos. Un centro tenso de Luke Shaw encontró a Bryan Mbeumo, cuyo disparo violento obligó al debutante Konstantinos Tzolakis a una intervención de reflejos. Poco después, Noussair Mazraoui conectó con Matheus Cunha, que sacó un tiro raso que el portero griego desvió estirándose al máximo.
Parecía cuestión de tiempo. Pero el partido cambió de dirección con el primer zarpazo de los Tigers. Ryan Giles avisó con un centro medido a la cabeza de Oli McBurnie, que forzó una buena parada de Senne Lammens. Era el preludio del desastre defensivo.
La defensa se derrite a balón parado
En el minuto 17, el United volvió a mostrar una fragilidad ya conocida en las jugadas a balón parado. Saque de esquina de Hull, McBurnie se libra con demasiada facilidad de una marca blanda y arma un disparo potente. Lammens solo puede rechazar y el balón cae en el área pequeña para el nigeriano Ajayi, que empuja a placer.
Primer gol de Hull en la Premier League en nueve años. El MKM Stadium estalla. Marea naranja y negra en las gradas, cánticos, abrazos, un estadio que olía a gran día.
El United tuvo la ocasión perfecta para enfriar el ambiente. Harry Maguire filtró un buen pase para Patrick Dorgu, pero el lateral desperdició una oportunidad de oro al cruzar en exceso y mandar el tiro fuera. Fue un espejismo.
El equipo de Carrick se fue apagando. Sin claridad con el balón, sin agresividad sin él. Hull olió la sangre y aceleró.
En el 38, otro balón parado destapó las costuras defensivas del United. Regan Slater puso una falta precisa al corazón del área. La zaga visitante, descolocada, se quedó mirando mientras el senegalés Mendy se elevaba con autoridad y conectaba un cabezazo imparable para Lammens. 2-0 y el estadio coreando un mensaje demoledor: “you’re getting mauled by the Tigers”.
En la banda, Carrick aparecía aturdido, sin encontrar respuesta.
Rashford entra, el United no reacciona
El técnico movió ficha al descanso. Marcus Rashford, de vuelta tras su cesión en Barcelona, saltó al campo para intentar encender una reacción. Nada. El United no encontró ni ritmo ni ideas. Rashford apenas tuvo balones en condiciones y el equipo siguió sin colmillo.
Hull, en cambio, jugó con la confianza del que se sabe superior en el marcador y en las sensaciones. Mohamed Belloumi rozó el tercero con un disparo desde lejos que se marchó lamiendo el poste. Cada llegada local destapaba dudas en la defensa visitante.
Carrick intentó cambiar el guion retirando a Tielemans y Santos a mitad de la segunda parte. Los dos fichajes del centro del campo, desdibujados, dejaron su sitio sin haber logrado mandar ni marcar diferencias. El problema, sin embargo, iba mucho más allá de dos nombres.
El United terminó entregado, sin rebeldía, mientras Hull administraba la ventaja con madurez y el estadio disfrutaba de una noche que puede marcar el tono de la temporada para ambos clubes. Para los Tigers, un mensaje al resto de la liga. Para el United, una pregunta incómoda: está este equipo, y este proyecto, realmente preparado para pelear por el título que se le exige.
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