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Kendry Páez: Del talento precoz al desafío en Chelsea

Tres años después de firmar, Kendry Páez por fin se puso la camiseta de Chelsea. No fue en Stamford Bridge, ni bajo los focos de la Premier League, sino en un partido de la Cobham Next Gen, el recién rebautizado equipo Sub-21, en un 4-1 a domicilio frente a Arsenal. Entró en el minuto 12. Silencioso, casi anónimo. Pero vestido, al fin, de azul.

Para entender cómo uno de los talentos más ruidosos de Sudamérica ha acabado buscando minutos en la academia de Chelsea, hay que retroceder.

De récord en récord a los 16 años

Páez no apareció. Irrumpió.

Con 15 años se convirtió en el debutante y goleador más joven de la historia de la primera división ecuatoriana con Independiente del Valle. Ese mismo curso ya estaba jugando Copa Libertadores, el escaparate mayor del continente.

En 2023, con 16 años y 131 días, disputó su segundo partido con Ecuador y se metió en la historia del continente: segundo internacional sudamericano más joven en jugar un clasificatorio mundialista, solo por detrás de Diego Maradona. Un mes más tarde, otro hito: el sudamericano más joven en marcar en una eliminatoria mundialista, en un 2-1 ante Bolivia en La Paz.

A esa altura, la narrativa parecía escrita. Chelsea se adelantó a todos y acordó pagar 17,27 millones de libras por un mediapunta zurdo con dos goles y 18 internacionalidades antes incluso de cumplir la mayoría de edad. El plan era claro: madurarle con calma, integrarle al entorno de élite y lanzar su carrera en Europa.

El club le abrió las puertas de Cobham para entrenarse regularmente con el primer equipo incluso antes de que pudiera ser inscrito oficialmente, ya cumplidos los 18. Y cuando la violencia se desató en Ecuador a inicios de 2024, Chelsea no miró hacia otro lado: reforzó la seguridad para él, su familia y la de su compañero de selección Moisés Caicedo.

Sobre el papel, nada podía salir mal.

Francia, Argentina y las primeras grietas

La realidad fue menos amable.

Su primera gran prueba en Europa llegó con la cesión a Strasbourg, club vinculado a Chelsea por la misma propiedad. El arranque ilusionó: premio a Jugador Joven del Mes de septiembre en la Ligue 1, destellos de talento y la sensación de que el salto al máximo nivel era cuestión de tiempo.

El impulso se frenó en seco. Un solo gol en 21 partidos. Y un mensaje directo desde el banquillo. “Esperamos más, claramente. Estoy cansado de usar la excusa de la juventud del jugador”, lanzó el entonces técnico Liam Rosenior. No era una pulla cualquiera. Era un aviso.

Pese al puente natural que ofrecía Strasbourg, la cesión se cortó antes de tiempo. Destino siguiente: River Plate, gigante argentino, dos años de préstamo, un entorno exigente y mediático, perfecto para templar carácter.

El guion volvió a torcerse. Un gol en 14 encuentros, apenas 461 minutos. Críticas internas a su actitud, según fuentes consultadas en Argentina, y un partido señalado: el Superclásico perdido 1-0 ante Boca Juniors en el Monumental, donde se esperaba que apareciera y apenas pesó.

Poco después, el presidente Stefano Di Carlo lo incluyó en una lista de 15 jugadores que pasaban a entrenarse al margen del primer equipo. Otros en el club consideran que mereció más oportunidades, pero el desenlace fue el mismo: cesión rescindida de mutuo acuerdo.

Mientras tanto, en Ecuador, la preocupación crecía. El país que lo había elevado como “el próximo gran talento ofensivo” empezaba a preguntarse si la presión, las decisiones y el ruido externo estaban devorando al chico.

Michel Deller, propietario de Independiente del Valle, lo resumió sin rodeos en Hincha Amarillo: “Es como un hijo para nosotros. Nos preocupa mucho. Es un buen chico que ha tenido un momento difícil y ha tomado decisiones que han complicado su vida. Siempre tenemos la esperanza de que vuelva a mostrar su talento excepcional, pero ahora depende de él decidir qué hacer con su vida”.

En medio de ese contexto, otro episodio alimentó la polémica: unas imágenes suyas en un club de striptease en Nueva York mientras estaba concentrado con la selección. La lupa sobre su madurez se hizo aún más intensa.

Alonso, el golpe más frío

Ya en Londres, esperaba a Páez una voz de peso: Xabi Alonso.

El nuevo entrenador de Chelsea fue claro desde el inicio. El ecuatoriano no entraba en sus planes inmediatos. El club lo registró en la web oficial como jugador de la academia, no del primer equipo. Un mensaje contundente para un internacional con 27 partidos y presencia en el último Mundial.

Chelsea tanteó un nuevo préstamo dentro del fútbol inglés. No pudo hacerlo. El club ya había ocupado las seis plazas permitidas para cesiones internacionales según la normativa de la FIFA. Sin hueco en el primer equipo y sin salida posible al extranjero, solo quedaba una puerta: Cobham Next Gen.

Un talento aislado en Wycombe

Su reencuentro con el fútbol inglés real, lejos de las portadas, fue en el EFL Trophy, con la Sub-21, en el campo del Wycombe Wanderers. 778 aficionados en las gradas. Frío, anonimato y un chico de 19 años que, pese a sumar ya más de 100 partidos como profesional y 70 con Independiente del Valle, parecía fuera de lugar.

Antes del pitido inicial, Páez se mantuvo casi siempre al margen del grupo. Habló poco. Se movió poco. Se sumó al calentamiento, sí, pero con una distancia visible respecto al resto.

Entró en el minuto 62, como mediapunta derecho, una especie de espejo de la posición de Cole Palmer en el sistema con línea de tres centrales que Alonso ha implantado en el primer equipo. Durante muchos minutos fue una figura periférica, sin peso real en el juego.

Hasta el final.

En el tiempo añadido, sacó un córner en corto, recibió y puso un centro tenso, abierto, perfecto. Harrison Bettoni solo tuvo que empujarla. Instantes después, otro envío suyo volvió a sembrar el caos en el área rival mientras Chelsea perseguía un empate que no llegó. El equipo perdió, pero el ecuatoriano dejó, por fin, una huella nítida en el césped.

Días después, en el 4-1 ante Arsenal Sub-21, Alonso le dio entrada en el minuto 12. Otra pequeña puerta entreabierta.

Entre la preocupación y la esperanza

En Cobham nadie ignora las dudas que rodean a Páez. Ni las del entorno de Chelsea ni las que llegan desde Ecuador y Argentina. Pero dentro del club también se repite otra idea: todo se ha exagerado. Tiene 19 años. Ha vivido una presión desmedida, ha cambiado de país, de idioma, de contexto competitivo y de jerarquía en el vestuario. Y necesita tiempo.

En el día a día, el comportamiento del jugador ha tranquilizado a la entidad. De vuelta en un entorno estable, con su familia presente en partidos como el de Wycombe, el club siente que puede acompañar mejor su desarrollo y controlar de cerca cada paso. Los partidos de la academia, además, se han convertido en un escaparate constante para ojeadores de la English Football League y de otras ligas europeas.

La idea que se abre camino es clara: si encadena buenas actuaciones hasta diciembre, se abrirá una cesión en el fútbol inglés en enero. Y si alguna de las seis plazas de préstamo internacional se libera, podría volver a salir al extranjero, esta vez con un contexto mejor elegido.

Lo que nadie discute es el punto de partida: talento hay. Mucho. El mismo que empujó a Chelsea a invertir fuerte por un adolescente que rompía récords en Ecuador. El mismo que asomó en Francia durante un mes, que se vio a cuentagotas en River y que, en un córner en un campo semivacío de EFL Trophy, recordó por qué medio continente se peleó por su fichaje.

Páez no es ya el niño prodigio que batía marcas cada semana. Es un internacional de 19 años con más de 100 partidos en las piernas y una carrera que ha entrado antes de tiempo en su primer gran cruce de caminos.

La pregunta ya no es si tiene condiciones para triunfar. Es otra, mucho más simple y más dura: qué hará él con ellas. Y cuánto tiempo más estará dispuesto a esperar Chelsea para averiguarlo.