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Suecia avanza a octavos con gol de Elanga

Durante 45 minutos, el partido fue un bostezo. Japón y Suecia se tanteaban, se medían, pero casi no se hacían daño. Un encuentro sin ritmo, sin filo, más preocupado por no fallar que por golpear.

Todo cambió tras el descanso.

En el minuto 56, Japón encontró el resquicio que llevaba buscando desde el inicio. Una combinación rápida, limpia, a un toque, desarmó la estructura sueca y dejó a Daizen Maeda en posición franca. Definición seca y 1-0. Gol de manual, castigo a la pasividad escandinava.

La respuesta sueca, sin embargo, fue inmediata. Y demoledora.

Anthony Elanga, titular en este duelo decisivo tras los cambios de Graham Potter, recogió la pelota en la derecha, encaró, recortó hacia dentro y soltó un disparo precioso con la pierna “mala”, la izquierda. El balón voló con una rosca perfecta, imposible para el guardameta japonés. Empate y un rugido de alivio.

Era su segundo gol del torneo. Y el más importante: el que, a la postre, aseguró el punto que necesitaba Suecia para avanzar como una de las mejores terceras.

A partir de ahí, el encuentro se rompió.

Suecia sabía que el empate podía valer, Japón no quería cruzarse con Brasil. El partido se convirtió en un intercambio de golpes, nervios a flor de piel y una sensación permanente de que un detalle podía cambiar el destino de todo un verano.

Alexander Isak estuvo a centímetros de convertirse en héroe nacional. En el tramo final, se elevó en el área y conectó un cabezazo poderoso. El estadio contuvo la respiración. El balón se estrelló con violencia en el larguero y salió despedido. Potter se llevó las manos a la cabeza. Isak, incrédulo, no se lo podía creer.

Mientras tanto, en el banquillo sueco, las calculadoras echaban humo. Los ayudantes repasaban una y otra vez las combinaciones de resultados, los goles a favor, los goles en contra. Cada saque de banda se vivía como una ecuación.

En el césped, Elanga vivía otro partido.

El delantero confesó después que sólo tenía una idea fija: ir a por la victoria. Ni miró al banquillo. Ni escuchó los gritos de advertencia sobre la situación del grupo. Seguía atacando, seguía corriendo, incluso con calambres en los minutos finales. No quería parar. No quería especular.

Desde la banda, el veterano Sebastian Larsson y otros miembros del cuerpo técnico intentaban hacerle llegar la información a gritos. Nada. El 24 años seguía acelerando, ajeno a cualquier cálculo.

Isak, ya en frío, reconoció que le dio “un pequeño rapapolvo” cuando se enteró de que su compañero no tenía ni idea de que el empate bastaba. El gesto lo decía todo: mezcla de alivio, incredulidad y una pizca de resignación ante ese punto de locura competitiva que define a los grandes atacantes.

Graham Potter se tomó la anécdota con humor. El técnico inglés, que había sacudido el once con decisiones de peso, sonrió al escuchar la historia. Él había apostado por Elanga de inicio y por Jacob Widell Zetterström bajo palos, y el plan le había respondido.

El golpe recibido ante Países Bajos exigía reacción. Y el equipo la ofreció.

“Analizamos el partido contra Países Bajos. Teníamos que defender mejor el área y las bandas hoy”, explicó el entrenador, satisfecho con el paso adelante.

Zetterström respondió con seguridad y una salida de balón limpia, justo lo que Potter buscaba. Elanga, por su parte, dio lo que se esperaba de él: profundidad, contraataque, velocidad que incomoda y descoloca a cualquier defensa.

El empate deja a Suecia tercera de su grupo, por detrás de Países Bajos y Japón. No es un camino de rosas, pero sí una vía que esquiva, de momento, a Brasil, que se medirá ahora con Japón.

El futuro inmediato de los de Potter sigue siendo exigente. Todo apunta a un cruce contra el ganador del Grupo I, a disputarse el 30 de junio, pendiente todavía del resultado del duelo entre Francia y Noruega. En el horizonte también aparece Alemania, dominadora del Grupo E, como posible rival.

Elanga no se encoge ante esos nombres. Ni ante Francia, ni ante Noruega, ni ante Alemania. Lo dejó claro: será un reto, todos los equipos son fuertes, pero Suecia se siente preparada para lo que venga.

Con cuatro puntos y una diferencia de goles equilibrada tras tres jornadas, la Blågult ha encontrado algo de estabilidad justo cuando la competición se vuelve cruel y definitiva.

Ahora ya no habrá margen para despistes, ni para cabezazos al larguero, ni para delanteros que ignoran las matemáticas del grupo. A partir de aquí, cada decisión, cada carrera y cada disparo tendrán peso de eliminación. Y ahí es donde se verá si este equipo está listo para algo más que sobrevivir.