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Steven Pressley y la transformación de Dundee tras el derbi

Bolso al hombro y una sonrisa de oreja a oreja, Steven Pressley encabezó a sus jugadores en la corta caminata por Tannadice Street hacia el derbi de Dundee del sábado. Escena ligera, casi cotidiana. Hace un año, el mismo hombre avanzaba con el peso de la desconfianza sobre los hombros.

Entonces, el técnico intentaba todavía ganarse a una hinchada de Dens Park furiosa por su nombramiento. Su llegada encendió la indignación de un sector importante del público, que veía en él poco más que una apuesta errática del club. Los resultados iniciales parecían darle la razón a los críticos: eliminación en la fase de grupos de la League Cup tras dos derrotas consecutivas ante rivales de categorías inferiores y un arranque de Premiership con cinco jornadas sin ganar.

El cuarto partido de aquella racha fue un 0-2 en casa ante el gran rival, Dundee United. La presión sobre el técnico de 52 años subía a cada minuto. El ruido alrededor de su figura empezaba a ser ensordecedor.

Doce meses después, el mismo marcador, pero invertido. Esta vez fue el equipo de Pressley el que se llevó el derbi por 0-2 en Tannadice. El antiguo defensa sigue desafiando los pronósticos que lo colocaban como un parche de corto recorrido.

Aquel tropiezo del pasado agosto dejó a Dundee penúltimo en la tabla. Este sábado, los aficionados visitantes salieron botando de alegría de Tannadice con el equipo segundo por la parte alta. El cambio de paisaje es rotundo.

“Estoy inmensamente orgulloso de este grupo de jugadores”, dijo Pressley a BBC Scotland. No levantó la voz, no hizo gestos grandilocuentes. Su mensaje fue directo. “Los derbis nunca se ganan por el detalle táctico, se ganan por espíritu y determinación, y creo que tuvimos eso en abundancia”.

Siempre calmado y franco, el entrenador volvió a subrayar el carácter de los suyos tras el partido. Y, al mismo tiempo, dejó una confesión que define la naturaleza de la victoria.

“No llevamos a cabo ninguna parte del plan de juego, para ser honesto”, admitió ante BBC Scotland. “Pero lo que fue muy evidente en nuestro rendimiento fue la garra y la determinación de la que tus aficionados suelen sentirse tan orgullosos”.

La estadística respalda esa sensación de equipo endurecido. Si se estira la mirada hasta el final del curso pasado, cuando Dundee aseguró la permanencia con tres triunfos en las últimas cuatro jornadas, el conjunto de Pressley ha ganado ahora cinco de sus últimos siete partidos de Premiership. No es una racha puntual, es una línea de tendencia.

El técnico, fiel a su perfil medido, se resistió a inflar expectativas tras el triunfo. La ambición, sin embargo, está instalada puertas adentro: mejorar el octavo puesto de la temporada pasada ya no es un sueño lejano, sino un objetivo razonable.

“Lo más satisfactorio es que los tres partidos de liga han sido increíblemente difíciles”, añadió. “Pero hay un espíritu y una unión en nosotros ahora mismo que nos está funcionando muy bien”.

Hace un año, para muchos, Pressley rozaba la caricatura. El “ex de Carlisle”, el hombre al que se miraba con sorna. Hoy, su personalidad cercana y afable es una de las razones por las que los jugadores parecen disfrutar bajo su mando. Esa conexión humana no debería eclipsar otro aspecto clave: su crecimiento como entrenador tras cuatro años en un Brentford en plena expansión en la Premier League.

Sus contactos al sur de la frontera han permitido a Dundee hacer auténtica magia en el mercado de cesiones en los últimos meses. Sin embargo, la columna vertebral del equipo no está hecha de grandes nombres, sino de retales del fútbol escocés, jugadores que encontraron en Dens Park una segunda oportunidad.

Ryan Flynn, centrocampista de Arbroath que coincidió con Pressley en Falkirk, explicó a BBC Scotland que su antiguo técnico es un maestro a la hora de insuflar confianza y crear un entorno positivo para que los futbolistas se expresen. Esa reputación encaja con la mezcla que se ve sobre el césped: disciplina, sí, pero también libertad para crecer.

Drey Wright, autor del primer gol del derbi el sábado, se ha convertido en una pieza valiosa desde su llegada desde St Johnstone. Alan Forrest fue rescatado tras ser descartado por Hearts. Los delanteros Charlie Reilly y Joe Bevan jugaban hace apenas unos años en Albion Rovers. Historias de descarte, reciclaje y reivindicación.

El segundo tanto llevó la firma de Owen Bevan. El central había pasado cedido por Hibernian en 2024 sin llegar a debutar. En Tannadice, en cambio, firmó una actuación enorme junto a Ryan Astley, sosteniendo al equipo en los momentos de mayor sufrimiento en un derbi ganado con oficio y temple.

“En ocasiones, ganar fuera de casa consiste en estar cómodo en lo incómodo, y lo hicimos por momentos”, explicó Pressley. La frase encaja con la película del partido: un Dundee que supo resistir, encajar golpes y responder con una determinación cruda.

“No fue ningún detalle táctico lo que nos dio el partido hoy”, remató el técnico. “Fue un grupo de jugadores decidido a no perder este derbi, y no podría estar más orgulloso de ellos”.

La imagen final, con Pressley saliendo de Tannadice rodeado por un vestuario que cree en él, contrasta con la soledad de hace un año. La pregunta ya no es si está capacitado para sobrevivir. Es cuánto puede llegar a escalar este Dundee mientras mantenga viva esa mezcla de espíritu, descarte y desafío constante a las etiquetas.