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La situación de Sean Steur en el Newcastle United

Los aficionados del Newcastle United no entienden nada. Sean Steur, uno de los fichajes sonados del verano, casi no juega. Matthias Jaissle mira al banquillo y, una y otra vez, elige a Nico González. Y la paciencia en la grada empieza a agotarse.

Todo arrancó con buenas sensaciones. El 19 de septiembre, ante el Hull City, Steur fue titular y el Newcastle ganó 2-1. Parecía el inicio natural para que el ex del Ajax se asentara en el once. No fue así. Desde entonces, sólo ha aparecido a cuentagotas, entrando en los minutos finales o, directamente, pasando los 90 minutos sentado.

El último capítulo llegó en el cuarto de final de la EFL Cup, el jueves, frente al Everton. Partido grande, escenario perfecto para justificar los 23,5 millones de euros invertidos en el centrocampista neerlandés. Sin embargo, su nombre volvió a aparecer en la columna del banquillo. Jaissle no lo movió hasta el minuto 81, con el marcador en un demoledor 3-0 en contra. Poco después, Dan Burn maquilló el resultado con el 3-1, pero el Newcastle ya estaba fuera.

La escena más reveladora no fue el gol de Burn, sino la reacción cuando Steur por fin cruzó la línea de cal. Según Newcastle World, de los casi 8.000 seguidores desplazados, el rugido más fuerte de la noche no llegó con el tanto de la esperanza, sino unos minutos antes, cuando el neerlandés saltó al césped. Un aplauso atronador, sí, pero cargado de ironía. El equipo hundido, el partido prácticamente sentenciado… y el fichaje millonario entrando cuando ya no había nada que salvar.

Ese aplauso sarcástico es un mensaje directo al banquillo. Jaissle ya había explicado que prefiere a González en su plan de juego, y Steur se ha quedado relegado a ese rol incómodo de revulsivo tardío. Sobre el papel, el técnico no parece dispuesto a cambiar. El lunes, de nuevo contra el Everton, esta vez en Premier League, todo apunta a que el ex del Ajax volverá a empezar mirando desde el banquillo.

El enfado no se limita al caso Steur. Tras el pitido final en Goodison, los abucheos desde la grada visitante fueron ensordecedores. No es sólo una eliminación copera: es la sensación de un equipo frágil, expuesto. El Newcastle ha encajado 11 goles en sus últimos cuatro partidos a domicilio. Demasiados para cualquiera que aspire a algo serio. La zaga se muestra vulnerable, el plan defensivo hace aguas y las dudas se extienden al resto de decisiones del entrenador.

En ese contexto, los 23,5 millones pagados por Steur —una cifra que podría llegar hasta los 27 millones con bonus— pesan todavía más. Cada minuto en el banquillo es un recordatorio del desembolso. Cada ovación irónica de la afición visitante, una pregunta sin respuesta para el club: ¿puede permitirse tener un activo así infrautilizado mientras el equipo sufre en el campo?

El próximo duelo contra el Everton no sólo medirá la reacción del Newcastle tras la eliminación. También pondrá bajo el foco, otra vez, la pizarra de Jaissle. Si el técnico vuelve a dejar a Steur sentado mientras su equipo sigue sufriendo, la discusión ya no será sólo táctica. Será política de club. Y en St James’ Park, esa conversación ya ha empezado.