Roberto ‘Pico’ Lopes: del banco al Mundial
Roberto ‘Pico’ Lopes podría estar hoy revisando hipotecas en una oficina de Dublín. Traje, corbata, café frío y números. En lugar de eso, se prepara para marcar a Uruguay en un Mundial, después de haber secado a la campeona de Europa, España, en un 0-0 que ha puesto a Cabo Verde en el mapa futbolístico.
Tiene 34 años y una historia que no encaja con los manuales de las canteras de élite. Hasta 2017, Lopes combinaba su trabajo en un banco con sus partidos en el modesto Bohemians, en la League of Ireland. Entonces apareció Shamrock Rovers, el vecino rico de Dublín, con un contrato profesional sobre la mesa. Ahí decidió apostar fuerte: dejar la seguridad del sueldo fijo y lanzarse de lleno al fútbol.
La apuesta ha salido ganadora.
De LinkedIn al Mundial
El Mundial ha disparado su notoriedad. De ser un central sólido en la liga irlandesa a convertirse en rostro reconocible en la televisión estadounidense, tras el debut mundialista de un pequeño archipiélago volcánico de apenas 525.000 habitantes.
Nacido en Irlanda, hijo de Carlos, caboverdiano, y Judy, irlandesa, su historia con la selección de Cabo Verde comenzó de la forma menos glamourosa posible: con un mensaje en LinkedIn. En 2018, el entonces seleccionador Rui Águas le escribió para tantear su interés en vestir la camiseta azul. El mensaje quedó ahí, perdido entre notificaciones profesionales, hasta que Lopes decidió copiarlo y pegarlo en Google Translate.
Para entonces habían pasado meses. Nueve, exactamente, cuando Águas volvió a contactarle para saber si había pensado en la propuesta. Lopes recordó así la conversación, años después, en declaraciones a AFP: el técnico le explicó que buscaban nuevos jugadores para la selección y le preguntó si le interesaba. Él dijo que sí “absolutamente”, pidió disculpas por el retraso y dejó claro que, si la puerta seguía abierta, quería entrar.
Lo que parecía una broma se convirtió en el giro de su carrera. Durante un tiempo, Lopes pensó que todo era un engaño. Creció en una época de llamadas y mensajes de broma, y ver una invitación internacional llegar por LinkedIn sonaba a trampa. Lo contó al Irish Sun con una sonrisa: jamás imaginó que una convocatoria internacional aparecería de esa forma.
Desde su debut en 2019, el central ha disputado ya dos Copas de África de Naciones, alcanzando los cuartos de final en la edición de 2023. Ahora ha llegado al techo de cualquier futbolista: un Mundial.
Un sueño que viaja en familia
Su exhibición defensiva ante España no solo se vio en el estadio de Atlanta. Varias generaciones de su familia siguieron cada balón dividido. Entre ellos, su abuelo de 98 años, en Cabo Verde. En la grada, sus padres y sus dos hermanos, junto a su esposa Leah y su bebé Diego, vivieron el partido de cerca.
Diego, sin embargo, se perdió buena parte del espectáculo. Durmió casi todo el encuentro. Lopes bromeó después: si el niño se quedó dormido, “es que España fue muy aburrida”.
Mientras el central vive aislado en la concentración, su familia ha sentido en la calle el impacto de esta historia. Judy lo contó a RTE: aficionados caboverdianos se les acercan, les reconocen de la televisión y les hablan de Crumlin, el barrio de Dublín donde vive la familia. El viaje emocional va del vecindario irlandés a la locura mundialista.
Títulos, libros y un plan B
Lopes no ha olvidado de dónde viene ni lo que costó llegar hasta aquí. Ha ganado cinco ligas irlandesas con Shamrock Rovers, pero sigue valorando tanto el aula como el vestuario. Asegura que, sin haber ido a la universidad en Dublín, quizá nunca habría sabido qué era LinkedIn. Y sin LinkedIn, quién sabe si Rui Águas habría encontrado el camino hasta él.
Para el defensa, la educación no es un simple respaldo: es una parte esencial de su historia. Durante años equilibró el empleo y el fútbol hasta que logró dar el salto definitivo al profesionalismo. Y aun así, mantiene ese plan B en la recámara, por si algún día la pelota deja de rodar a su favor.
El niño que miraba a Cabo Verde en la tele
Antes de convertirse en referente de la selección, Lopes ya se veía, en secreto, con esa camiseta. En 2013, cuando Cabo Verde disputó por primera vez la Copa de África de Naciones, él se sentó frente al televisor como un aficionado más. Pero su cabeza iba más lejos.
Se define como un soñador. Delante de la pantalla, se hacía las preguntas que todo niño futbolero se hace alguna vez: “¿Podría ser yo? ¿Pasará esto alguna vez conmigo?”. La respuesta tardó, pero llegó.
Trece años después de aquella primera participación de Cabo Verde en la Copa de África, Lopes vive el sueño en el mayor escaparate del fútbol. De los simuladores de hipotecas a marcar a los mejores delanteros del planeta. De un mensaje perdido en LinkedIn a un Mundial.
El domingo, cuando suene el himno y enfrente aparezca Uruguay, el ex asesor hipotecario sabrá que ya no hay nada que imaginar. El sueño, esta vez, está ocurriendo en directo.
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