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Jonathan David brilla con hat-trick histórico en Mundial

Jonathan David necesitaba una noche así. Y la tuvo.

Venía de una actuación gris ante Bosnia and Herzegovina, sustituido antes de la hora y rodeado de dudas sobre si realmente podía cargar con el peso de una Copa del Mundo. Se habló mucho de él. Demasiado. Él, como siempre, eligió callar. Y dejar que hablaran los goles.

Ante Qatar, rugió.

El partido que cambia un relato

Desde el primer minuto, David se movió como un futbolista con cuentas pendientes. Presionó, corrió, mordió cada salida de balón. No había rastro del delantero apático del debut. Había un líder ofensivo dispuesto a dejar huella.

El primer golpe llegó al minuto 16. Derechazo violento, volea que escupió el portero y Cyle Larin, hambriento en el área, cazó el rebote para firmar su segundo tanto del torneo. No fue gol suyo, pero el mensaje quedó claro: David estaba dentro del partido, dentro del torneo.

La recompensa directa no tardó. Una combinación preciosa en la derecha, triangulación limpia entre Tajon Buchanan, Alistair Johnston y, como vértice final, Jonathan David. Control, mirada rápida y definición ajustada. Su primer gol en un Mundial. Un peso menos en los hombros. Un país entero exhalando.

Más tarde, se invirtieron los papeles: Larin probó primero, el portero dejó vivo el balón y David se lanzó sobre el rebote como un nueve de área clásico. Otro tanto. Otra vez él, en el lugar exacto, en el momento exacto.

Y cuando el partido ya estaba roto, cuando Qatar sólo esperaba el pitido final, llegó el golpe definitivo. David volvió a romper líneas y firmó el sexto de Canadá, completando un hat-trick histórico: el primero de un canadiense en una Copa del Mundo. Un registro que lo separa del resto y lo instala en un territorio propio.

Las celebraciones, sin embargo, tuvieron un matiz amargo. La lesión de Ismaël Koné congeló varias sonrisas.

La noche de David, el golpe a Koné

Con los focos sobre él, el máximo goleador histórico del país, ahora con 42 tantos, respondió al desafío. Lo que se le pedía no era sólo marcar. Era asumir el rol de figura en el escenario más grande. Lo hizo.

Jesse Marsch lo resumió sin rodeos después del encuentro. Para el técnico, lo que se vio fue la versión completa del delantero que Canadá necesita: un jugador que inicia la jugada del primer gol con un disparo feroz, que después firma un triplete y que, más allá de las estadísticas, sostiene el ataque con personalidad y presencia constante.

Pero mientras la selección celebraba los tres puntos y la exhibición, el vestuario se quedó sin su mediocampista más determinante. Koné, el futbolista que da sentido a las transiciones, que rompe líneas con pase y conducción, que ofrece una calma distinta con el balón, cayó lesionado en una acción que dejó helados a todos.

No hay parte médico oficial todavía, pero las palabras de Marsch fueron duras. Habló de un sonido seco, de un hueso que se siente desde la distancia. Koné fue directo al hospital para ser operado. El mensaje implícito es claro: Canadá debe prepararse para seguir sin él en lo que queda de torneo y, quizá, durante un periodo largo.

Y ahí aparece un problema estructural. No hay otro jugador en la plantilla con ese mismo perfil: visión para filtrar pases, valentía para romper defensas por dentro, confianza absoluta con la pelota en los pies. Sin él, el equipo pierde su principal bisturí en la medular.

Aun así, este grupo ya conoce el camino del “siguiente hombre”. Las lesiones marcaron el camino hacia este Mundial. Ahora, la ausencia de Koné se suma a esa lista, aunque con un peso emocional distinto.

Johnston, al límite y decisivo

En medio de todo, Alistair Johnston jugó un partido de madurez absoluta. Llegaba con una amenaza colgando sobre la cabeza: una amarilla lo dejaba fuera del cierre del Grupo B ante Switzerland. Podía haberse protegido. No lo hizo.

El lateral de Celtic fue agresivo, intenso, omnipresente en la banda derecha. Se asoció con Buchanan, con Koné mientras estuvo en el campo y con David, generando superioridades constantes. De sus botas salió la asistencia del segundo gol canadiense y cerró la noche con cuatro centros precisos y seis grandes ocasiones creadas. Números de lateral moderno, de pieza clave en el plan ofensivo.

Y todo eso sin ver la tarjeta que lo habría condenado a la grada en el siguiente partido. Canadá respira: su voz en el campo y en el vestuario seguirá disponible para el duelo por la cima del grupo.

Johnston explicó después la idea clara del cuerpo técnico: atacar a Akram Afif, no sólo defenderlo. Obligar al talento qatarí a correr hacia atrás, a sufrir sin balón. Alternar su rol en la línea de tres en salida con la licencia para proyectarse al ataque, como hace en su club. El resultado fue evidente: Qatar nunca encontró una forma estable de contener esa banda derecha.

Cuando Koné cayó, Johnston mostró otra faceta. Fue de los primeros en acercarse, en hablar con sus compañeros, en intentar sostener el ánimo mientras miraba de reojo a su mediocampista tendido en el césped. Liderazgo silencioso, pero visible.

Qatar, desbordada otra vez

Qatar tocó un fondo que ningún otro equipo había alcanzado aún en este Mundial. Cuatro años después de terminar última en su propia Copa del Mundo, la selección volvió a mostrar una versión preocupante ante uno de los coanfitriones.

Contra Switzerland habían resistido, incluso sacando un empate con un gol tardío que les dio su primer punto mundialista. Ante Canadá, la historia fue otra. El partido se les escapó pronto y nunca encontraron respuestas.

Ni la experiencia de Julen Lopetegui en banquillos de élite logró ordenar a un grupo superado por el ritmo, la intensidad y la convicción del rival. Falta de temple, errores en cadena, una sensación constante de equipo desbordado.

El escenario ahora es crudo: lo más probable es que Qatar se despida en la fase de grupos, sin dos de sus titulares para el último partido. Y si el nivel mostrado este jueves se acerca a lo que pretenden ofrecer en el futuro, la próxima aparición en una Copa del Mundo podría tardar más de lo deseado.

Larin, David y el cambio de discurso

Antes del debut ante Bosnia and Herzegovina, el ruido se centraba en Cyle Larin. Se dudaba de su impacto real frente al arco, hasta el punto de que Marsch lo dejó fuera del once inicial en favor de Tani Oluwaseyi. Desde entonces, Larin ha respondido con un gol en cada encuentro. Silenció las críticas.

Con Larin rehabilitado, el foco crítico giró hacia David. Su falta de puntería en el estreno encendió los debates. Bastó una noche para apagarlo todo. Un hat-trick en un Mundial no admite discusión.

Con esta goleada, Canadá no sólo demostró que puede competir en la Copa del Mundo. Demostró que puede imponerse, dominar, disfrutar. Lo hizo sin Alphonso Davies, que gana una semana más para recuperar su mejor forma antes de jugarse el liderato del grupo ante Switzerland.

Lo que viene ahora es un reto doble: sostener el nivel futbolístico y convertir la desgracia de Koné en combustible emocional. Este equipo ya ha dejado claro que se siente una hermandad. La pregunta es hasta dónde puede llegar cuando juega, también, por uno de los suyos.

Jonathan David brilla con hat-trick histórico en Mundial