Liverpool y Arne Slot: La temporada en curso
Hace solo 12 meses, el Liverpool encadenaba cinco victorias en sus cinco primeros partidos de Premier League y parecía caminar con paso firme hacia la defensa del título bajo el mando de Arne Slot. Aquella racha arrancó con un triunfo ante el Bournemouth de Andoni Iraola en la noche inaugural. Nadie en Anfield imaginaba entonces que, al final de la temporada, sería precisamente Iraola quien ocuparía el banquillo local.
El fútbol gira demasiado rápido como para dictar sentencias en septiembre. Pero los números ya marcan contraste: el Liverpool de Iraola suma seis puntos menos que a estas alturas del curso pasado. Aun así, sigue invicto. Y este fin de semana, el técnico de 44 años vuelve a la que fue su casa durante tres años.
El regreso a Bournemouth
Para Iraola, el viaje al sur será extraño. Cambia el túnel de vestuarios que conocía de memoria por el pequeño vestuario visitante del Bournemouth. Pequeño, pero remozado: el club tuvo que reformarlo para cumplir con las exigencias de la Europa League. Un detalle mínimo, aunque suficiente para hacer la experiencia algo más amable de lo que habría sido en el pasado.
El entrenador ha cambiado el mar del sur de Inglaterra por las dunas de Formby, el mismo entorno en el que vivieron Jurgen Klopp y Brendan Rodgers. Se le ha visto ya por el centro de la ciudad y, como ciclista entusiasta, ha descubierto las rutas costeras. Pero su verdadero refugio sigue siendo el césped del campo de entrenamiento.
En Kirkby lo definen como un técnico de “seis días a la semana”. Vive para el entrenamiento. Suele ser el primero en pisar el campo, colocando conos y delimitando espacios antes de que aparezca el resto del cuerpo técnico. No hay días suaves. No hay sesiones de trámite.
“Es realmente intenso. Hay mucho trabajo duro y no hay días ligeros. Todos lo damos todo al 100%”, resume el delantero Lewis Koumas.
Un perfil bajo en un gigante
En el AXA Training Centre, Iraola apenas usa su despacho. Prefiere el cuarto de entrenadores, donde trabajan Tommy Elphick, Shaun Cooper y Pablo de la Torre. Su figura se mueve con discreción por el edificio, muy lejos del peso casi omnipresente de algunos de sus predecesores.
De la Torre, que le acompañó desde Rayo Vallecano a Bournemouth en 2023, es una pieza clave en el plan físico. Su misión: que toda la plantilla alcance el estándar de exigencia que pide Iraola.
Dentro del club, los cambios no son tan profundos como podrían imaginarse desde fuera. El rol de “head coach” está muy estructurado y eso amortigua cualquier revolución. El fichaje del técnico vasco se apoyó en su notable trabajo en Bournemouth, pero ahora se enfrenta a un escenario nuevo: un calendario asfixiante de un club que aspira a competir en todas las competiciones.
La temporada garantiza al menos 49 partidos. Podrían ser muchos más si los recorridos en las copas se alargan. Por eso, Iraola ha aprendido a escuchar. El diálogo con los departamentos médico y de rendimiento físico en Kirkby es constante. Hay que gestionar piernas, minutos y picos de forma.
En el día a día, el horario de entrenamiento ya no es fijo. El técnico ajusta las sesiones al horario del siguiente partido. Cada vez son más habituales las prácticas a última hora de la tarde o a primera de la noche. Con Slot, el Liverpool trabajaba casi siempre a la misma hora.
También se ha tejido una conexión clara con la academia y con Rob Page, entrenador del equipo sub-21. El objetivo es que la idea de juego baje en cascada.
“Tenemos un entendimiento de cómo juega el primer equipo y de los principios clave: cómo presionamos, cómo quiere que presione el número 10, el número 8, cómo quiere que presionen los centrales. Lo reflejamos absolutamente”, explica Page.
La idea y los jóvenes
Dominik Szoboszlai detalló esta semana la estructura del mediocampo: un número 6, un 8 y un 10. Pese a las insistentes peticiones de la afición por un mediocentro defensivo en el mercado, el club sostiene que el sistema de Iraola puede funcionar si el colectivo sube un escalón.
El técnico suele dar la alineación el mismo día del partido, por la mañana. El análisis en profundidad del encuentro, en cambio, lo reserva para el día siguiente. Todo muy marcado, muy metódico.
Con los medios, el vasco se ha vuelto más cauto. En pretemporada, tras un amistoso ante el Monaco, sus declaraciones a LFC TV se viralizaron: reconoció que el equipo se había quedado sin gasolina a la media hora y que no tenía todavía la energía para sostener la intensidad que él exige. No era una crítica al vestuario, sino una admisión de que estaban en plena construcción física. Bastó, sin embargo, para comprobar lo rápido que cualquier frase se amplifica en un club como el Liverpool.
Desde entonces, se le ve sereno en las ruedas de prensa, abierto al diálogo, pero consciente de que cada palabra puede acabar rebotando en redes sociales. Él se adapta al club tanto como el club se adapta a él.
Una de las grandes razones de su fichaje fue su capacidad para desarrollar talento joven. La media de edad del Liverpool en Premier esta temporada es de 25,3 años; solo cinco equipos son más jóvenes. Y los nombres que vienen por detrás no son una nota al pie.
- Rio Ngumoha (18)
- Trey Nyoni (19)
- el propio Koumas (20)
fueron titulares ante el Tottenham en la Carabao Cup. Los tres tendrán más protagonismo que el curso pasado. Esa es la apuesta.
Intensidad… y realidad
“Intensidad” se ha convertido en la palabra fetiche del proyecto. No se negocia. Pero el calendario aprieta. Iraola ya ha asumido que no todos los partidos se ganarán corriendo más que el rival. Habrá días de resolver con una jugada a balón parado o con un destello individual.
De momento, el Liverpool es el equipo que más sprints ha firmado en la Premier. Sin embargo, el empate sin goles ante el Fulham dejó una sensación de pesadez en las piernas, apenas 72 horas después de tumbar al Atlético de Madrid en la Champions League.
El duelo del domingo en Bournemouth será el cuarto partido en 12 días. Y lo que viene no alivia: tras el parón de selecciones, cuatro encuentros en 10 días. Entre el 11 de octubre y el 7 de noviembre, nueve partidos. Un martillo pilón.
En ese contexto, el triunfo del Bournemouth en su estreno en la Europa League ante la Real Sociedad, en pleno corazón del País Vasco donde creció Iraola, debió arrancarle una sonrisa. Un guiño del calendario. Un recordatorio de hasta dónde ha llegado.
Un Liverpool duro de roer… pero obligado a ganar
El arranque del ciclo Iraola no es un sueño, pero tampoco un desastre. El equipo no ha perdido. Tras las 12 derrotas ligueras del curso pasado, convertirse en un bloque difícil de batir es un paso evidente hacia adelante. Sin embargo, el listón en Anfield es otro.
El propio Alisson, vicecapitán, lo dejó claro la semana pasada: los empates no valen para un club que se mide por títulos, no por rachas invictas.
Iraola llega al Vitality Stadium con una estadística curiosa: no pierde en Premier desde enero, sumando su etapa en Bournemouth y su inicio en el Liverpool. Sabe que una victoria en territorio conocido sería algo más que tres puntos antes del parón internacional.
Sería una señal. De que su Liverpool, entre tanta exigencia y tanto partido, empieza a encontrar el camino que todos en el club esperan.
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