Jordy Bos brilla en el partido contra Paraguay
La banda derecha ardía y el lateral izquierdo de los Socceroos era quien llevaba la antorcha. Jordy Bos volvió a lanzarse por ese costado, atravesó un regate, luego otro, irrumpió en el área como una marea que no encuentra dique. Cada zancada arrastraba a Australia unos metros más lejos del peligro y un poco más cerca de los octavos de final.
El marcador seguía 0-0 ante Paraguay, pero el contexto pesaba más que los números. Con el reloj avanzando en una noche fresca junto a la bahía de San Francisco, los Socceroos se acercaban, minuto a minuto, a la clasificación a la fase de eliminación directa del Mundial. Cada intervención de Julio Enciso, cada estirada de Patrick Beach, recordaba que el margen era mínimo, que la eliminación seguía al acecho a un solo error de distancia.
Tony Popovic miraba el campo y, cada vez más, el reloj. Tan cerca del último 32, tan expuestos todavía al abismo. Las 12.000 camisetas amarillas en las gradas parecían hipnotizadas por los dígitos del marcador, viviendo de despeje en despeje, de duelo en duelo, con la respiración suspendida.
Australia no necesitaba un gol para sellar el segundo puesto del Grupo D. Necesitaba algo menos tangible y más urgente: una sacudida anímica tras el golpe de la derrota ante Estados Unidos. Un partido que devolviera fe, identidad, impulso.
Y la respuesta apareció a pocos kilómetros de la sede de Google en Mountain View, como si la búsqueda arrojara por fin un resultado nítido: Jordy Bos. Una y otra vez, el lateral se despegó de su marcador, rebotó en las entradas rivales, aceleró por la derecha con una convicción que electrificó al equipo. Cada metro ganado era oxígeno, territorio y autoridad.
La segunda parte avanzó y su socio de la primera, Cristian Volpato, se marchó al banquillo. También Nestory Irankunda, héroe ante Turquía y referencia ofensiva. El escenario invitaba a que el equipo se replegara. Bos eligió lo contrario. Siguió atacando espacios, chocando cuerpos, irrumpiendo en el área como si el partido se jugara en su barrio.
Desde la banda opuesta, Ajdin Hrustic, suplente convertido en extremo derecho, disfrutó de un palco de lujo para una de las actuaciones más imponentes de un australiano en un Mundial. “Es un gran jugador, tiene potencia, lo habéis visto”, señaló después. Aiden O’Neill, elegido oficialmente mejor jugador del partido, sostuvo el trofeo con cierta incomodidad: sabía que, por méritos, el brillo debía ser de Bos.
Harry Souttar, capitán y voz autorizada del vestuario, fue directo: Bos es “un jugador especial, un tipo especial, y se toma todo con una naturalidad increíble”. Y fue más allá. “El cuerpo que tiene es increíble de ver”, admitió entre sonrisas, antes de lanzar una advertencia que sonó a profecía: si mantiene este nivel, “no tiene techo”.
El vestuario no escatimó elogios. Milos Degenek se atrevió con una etiqueta de peso: ya ve a Bos como uno de los cinco mejores laterales izquierdos del mundo y el mejor de su edad. “Es mi opinión, soy muy parcial, y lo adoro”. Alguien le preguntó si también entraría en un ranking de laterales derechos. Degenek no dudó: “Top 10”, respondió, entre risas.
Irankunda fue todavía más lejos. “Es el mejor jugador del mundo, Jordy Bos, el mejor extremo del mundo”, lanzó. Y dejó caer una idea que quizá no tarde en convertirse en debate táctico: “Quizá tenga que cambiar a extremo, en mi opinión. Hoy lo ha hecho muy bien de lateral derecho, pero llegó tan arriba en el campo que mostró destellos de lo que puede hacer con el balón”.
Porque ahí estaba otra de las sorpresas de la noche: Bos arrancó como lateral derecho en el once de Popovic, una decisión llamativa teniendo en la lista especialistas naturales como Kai Trewin o Jason Geria. El seleccionador sabía lo que hacía. Ya lo había visto desempeñarse en ese perfil durante su etapa en Westerlo, en Bélgica, y le había dado media hora en esa posición ante Nueva Zelanda nueve meses atrás. “Hemos visto que puede adaptarse y jugar en ese lado”, explicó Popovic. “Es, de lejos, el mejor partido de los tres que ha jugado en este Mundial”.
Bos llegaba al torneo con credenciales sólidas tras demostrar su nivel en la Eredivisie neerlandesa. A sus 23 años, encarna como pocos el rostro joven de esta generación de Socceroos. Hasta el duelo ante Paraguay, su rendimiento había sido correcto, útil, pero sin romper el molde. Lo que ocurrió esta noche fue otra cosa: una explosión futbolística, todavía más impactante por producirse fuera de su posición natural y con la amenaza de una tarjeta amarilla que le habría dejado fuera de los octavos planeando sobre su cabeza.
Su facilidad para interpretar el carril derecho llevó a Hrustic a bautizarlo en los entrenamientos como “Dani Alves”, en honor al legendario brasileño. Otros lo habían comparado con Arjen Robben, ese zurdo imparable que partía desde la derecha. Bos, prudente, rebajó el paralelismo. “Por desgracia no marqué como él, pero lo intenté”, confesó.
Las cifras respaldaron la sensación visual. Ningún australiano remató más veces que Bos: tres disparos. También fue quien más ocasiones generó, empatado en la cima de ese apartado. Completó cuatro regates y ganó más duelos que nadie, incluidos siete de nueve balones aéreos. “La verdad, lo disfruté esta noche”, reconoció, con una sonrisa que decía tanto como sus números.
La comparación que más se repite, sin embargo, es otra: Gareth Bale. Aquel lateral izquierdo galés que se transformó en un extremo derecho devastador en Tottenham y Real Madrid, sostenido por un físico descomunal y una zancada demoledora. Rasgos que, de repente, Australia ve reflejados en Bos.
Con los nombres de Alves, Robben y Bale flotando en el ambiente, alguien le preguntó con quién se identificaba más. Bos dudó un segundo. “Sí, Robben… Bale tampoco me disgusta, la verdad”, respondió. Al final, el parecido es lo de menos. Lo que cuenta es que, en una noche tensa en la bahía de San Francisco, el lateral zurdo que jugó por la derecha dejó de ser una promesa para convertirse en referencia.
Este fue el partido en el que Jordy Bos dejó de parecerse a otros para empezar a ser, simplemente, Jordy Bos. Y a partir de ahora, serán los demás los que tengan que estar a su altura.
Podría interesarte

Inglaterra busca el liderato ante Panamá en un fin de semana decisivo

Inglaterra se enfrenta a Panamá con dudas en la plantilla

Regreso de Rice y dudas sobre James antes del partido clave contra Panamá

Jordy Bos brilla en el partido contra Paraguay

Chelsea asegura a Marco Palestra con contrato millonario

Maxi Araujo, el objetivo de Manchester United, Chelsea y Arsenal