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Aston Villa refuerza su ataque con Nicolas Jackson

Aston Villa gira la página. Y lo hace con un golpe de mercado de 65 millones de libras: Nicolas Jackson ya es su nuevo nueve, mientras Ollie Watkins se prepara para poner rumbo a Al-Hilal en la Saudi Pro League.

El equipo de Unai Emery vive un verano de demolición y reconstrucción. Se han marchado piezas importantes como Morgan Rogers, Ezri Konsa, Youri Tielemans y Lucas Digne. Han llegado Johan Manzambi, Joao Gomes, Zion Suzuki, Matteo Ruggeri… y ahora Jackson, que se convierte en el fichaje más caro de la historia del club, desbancando precisamente a Manzambi.

El impacto de tanto movimiento se vio de inmediato: 4-0 encajado en Brighton en la primera jornada. Sin Watkins, con Tammy Abraham y el joven Brian Madjo, de 17 años, lesionados, Emery tuvo que improvisar. Emiliano Buendía como referencia ofensiva, sin un nueve puro sobre el césped. Un parche. No un plan.

Con Jackson, eso cambia.

Adiós a un símbolo, hola a un nueve distinto

La llegada del senegalés parece marcar el final de los seis años de Watkins en Villa. Se marcha un delantero que ha firmado 108 goles en 278 partidos y que se ha convertido en uno de los rostros del resurgir del club bajo Emery. Regular, incansable, fiable.

Pero Jackson no es una fotocopia. Es otro tipo de delantero centro.

Sus números la pasada temporada en Bayern Munich aguantan la comparación con los de Watkins en Villa. Jackson, con 25 años, firmó 11 goles y 3 asistencias en 1.320 minutos entre todas las competiciones: 1,0 intervenciones de gol por cada 90 minutos. Watkins, con 30, se fue a 21 goles y 5 asistencias en 3.837 minutos: 0,6 por 90.

La diferencia no está solo en la producción, sino en la forma de generarla. Jackson tiró más y desde zonas más calientes. Promedió 3,8 disparos por 90 minutos, por los 2,6 de Watkins, y 2,2 tiros a puerta frente a 1,2. Su dato de goles esperados (xG) también fue superior: 0,7 por 90 frente a 0,5, con 8,5 toques en el área rival por partido, muy por encima de los 5,6 del inglés.

No es un fenómeno aislado de su etapa en Alemania. Desde enero de 2020, entre los jugadores con al menos 5.000 minutos en la Premier League, solo Erling Haaland presenta un xG no penal por 90 superior al 0,55 de Jackson. El senegalés vive en el área. Llega. Llega mucho.

El talón de Aquiles: la definición

El problema de Jackson casi nunca ha sido aparecer en zona de remate. Ha sido lo que hace cuando llega allí.

En sus dos temporadas en la Premier con Chelsea, sus cifras de goles se quedaron por debajo de lo que marcaban los modelos. En 2023-24 anotó 14 tantos a partir de 18,7 xG; en la siguiente campaña, 10 goles desde 12,3 xG. Genera ocasiones de valor, pero no exprime todas.

Su registro en grandes ocasiones en Inglaterra también abre debate: ha convertido 18 de 61. Watkins tampoco ha sido infalible, con 24 de 73 desde que aterrizó en Villa en 2020, pero el foco ahora se posa sobre el nuevo fichaje.

Lo curioso es que, si miramos solo la última temporada, la distancia entre ambos se estrecha hasta casi desaparecer. Jackson convirtió el 19,6% de sus disparos y el 40,9% de sus grandes ocasiones; Watkins, el 18,9% y el 43,2% respectivamente. Números muy similares.

Hay un matiz clave: el volumen.

Watkins fue titular en 43 partidos y jugó casi el triple de minutos. Jackson solo salió de inicio en 15 de sus 34 apariciones. Según los datos de Opta, ese uso más dosificado, con muchos minutos como revulsivo, puede inflar sus cifras por 90 minutos y dejar la incógnita de cómo respondería con un peso de titular indiscutible durante toda una temporada.

Un nueve que también muerde sin balón

Cuando Villa pierde la pelota, también se aprecia una diferencia interesante.

Jackson promedió 34 presiones altas por 90 minutos, por encima de las 31,4 de Watkins. El contraste se hace más nítido cuando se observa dónde recupera la posesión: 2,7 balones ganados por partido, frente a 1,8 del inglés, y 0,9 recuperaciones en el último tercio por 90, contra 0,6.

En la muestra de delanteros analizada por Opta, Jackson se sitúa en el percentil 88 en posesiones ganadas en campo rival. Watkins, en el 43. El senegalés no solo corre: roba, aprieta, condiciona la salida del rival.

En cuanto a los desmarques al espacio, casi un espejo: 13 carreras al hueco por 90 minutos para Jackson, 12,7 para Watkins, con el inglés ligeramente por delante en acciones que terminan dentro del área. En el juego aéreo, Watkins ofrece más: gana 1,2 duelos por partido, frente a los 0,7 del nuevo fichaje, y también destaca por sus conducciones más directas hacia portería.

Es decir, Jackson no viene a replicar cada gesto de Watkins. Viene a proponer otra forma de ser el nueve.

Un proyecto que se rejuvenece… y se redefine

Watkins ha dado a Villa gol, potencia y constancia en uno de los periodos más exitosos del club en la era moderna. Ha sido el pilar ofensivo de un equipo que ha vuelto a mirar a Europa con ambición.

Jackson aterriza con un perfil distinto. Cinco años más joven, más participativo en la circulación, más regateador, más generador para los compañeros. En los minutos que tuvo la pasada campaña, produjo tiros y ocasiones de alta calidad a un ritmo llamativo.

Quedan preguntas abiertas: ¿aguantarán sus impresionantes cifras por 90 minutos cuando se vea obligado a jugarlo casi todo? ¿Pulirá por fin esa relación irregular con el gol que dejó en Chelsea? Las dudas no desaparecen, pero Villa no está comprando un enigma.

Emery ya conoce a Jackson, sabe qué virtudes quiere potenciar y qué defectos debe limar. Y, sobre todo, está cambiando un delantero de 30 años por uno de 25 cuyos números subyacentes sugieren que todavía tiene margen para crecer.

Si Jackson termina de asentarse y Watkins confirma su salida, los actuales campeones de la Europa League no solo habrán cambiado de delantero centro.

Habrán cambiado la manera de entender el puesto de nueve en Aston Villa.