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Asalto a la casa de Thierno Barry tras victoria de Everton

La noche perfecta de Thierno Barry con Everton quedó manchada por una noticia que ningún futbolista quiere recibir al volver del estadio: su casa había sido asaltada mientras él ayudaba a su equipo a eliminar a Newcastle United de la Carabao Cup.

Una victoria en el césped, un golpe fuera de él

Mientras Goodison Park celebraba el 3-1 y el pase a los cuartos de final, la familia de Barry vivía una situación muy distinta. Fue su pareja, Charlene, madre de la hija de ambos, quien reveló en la madrugada del viernes que su domicilio había sido objeto de un robo durante el encuentro.

El mensaje, publicado en redes sociales, destilaba alivio y rabia a la vez. Nadie estaba en casa cuando los ladrones entraron, pero el daño iba mucho más allá de lo material. Hablaba de una experiencia “extremadamente angustiante y violadora” para la familia, y lanzaba un llamamiento directo: cualquier persona que hubiera visto o escuchado algo sospechoso, cualquier pista, podía ser clave. Incluso ofrecía una recompensa económica para ayudar a identificar a los responsables.

Mientras Barry firmaba una actuación decisiva, alguien aprovechaba ese mismo horario, esa misma exposición pública, para atacar su intimidad. Una coincidencia que ya empieza a sonar demasiado familiar en el fútbol inglés.

Una ola inquietante de robos a futbolistas

Lo ocurrido con el delantero de Everton se suma a una preocupante cadena de episodios recientes. Esta misma semana, la casa de Morgan Gibbs-White, jugador de Nottingham Forest, también fue asaltada. Su pareja, Britney De Villiers, decidió hacer público el caso días después, al conocer otro robo similar, con la intención de advertir a otras familias de futbolistas.

Su mensaje insistía en la necesidad de extremar la vigilancia, de mantener los sistemas de seguridad activados tanto si se está en casa como si no, y de informar de cualquier actividad sospechosa. Nadie resultó herido, pero el impacto psicológico es profundo: la sensación de que alguien ha invadido tu hogar, más aún cuando hay niños pequeños, deja una huella difícil de borrar.

El patrón se repite. También Bruno Fernandes sufrió el saqueo de su vivienda, asaltada por encapuchados, durante una derrota reciente de Manchester United por 4-1 ante Como. En ese caso, la policía de Cheshire confirmó que acudió a una llamada por actividad sospechosa en una propiedad de la zona de Alderley Park, en Nether Alderley. A su llegada, los agentes no encontraron a los intrusos, pero sí comprobaron que se había producido un robo y que varios objetos habían sido sustraídos.

Tres casos, tres nombres conocidos, un mismo escenario: futbolistas lejos de casa, concentrados en un partido, mientras su vida privada queda expuesta.

Barry brilla en la Carabao Cup

En lo estrictamente deportivo, la noche de Barry fue impecable. Everton firmó una actuación sólida para sellar su billete a los cuartos de final de la Carabao Cup ante un Newcastle superado en los momentos clave.

El primer golpe llegó pasada la media hora. Tyrique George robó el balón a Amar Dedic en la banda izquierda y Hayden Hackney reaccionó con rapidez: primer toque, pase filtrado al área y James Garner ajustó su disparo para batir a Lukas Hornicek. Una definición limpia, al ángulo, que abrió el marcador y encendió Goodison.

El segundo tanto cayó justo antes del descanso, en un momento que suele marcar partidos. Barry, muy participativo, levantó la cabeza en el área y encontró a Hackney en el corazón de la misma. El centrocampista solo tuvo que acomodar el cuerpo y volear desde corta distancia. Sin adornos, sin complicaciones. 2-0 y una ventaja que pesaba.

Newcastle intentó reaccionar tras el descanso, pero Everton olió sangre. Y el que terminó de cerrar la noche fue el propio Barry. A unos veinte minutos del final, Kiernan Dewsbury-Hall rompió líneas al contragolpe y, cuando la defensa se cerró sobre él, abrió el balón hacia el segundo palo. Allí esperaba el francés, listo para empujar el balón y sentenciar. Gol de delantero atento, de los que parecen sencillos solo porque el movimiento previo ha sido perfecto.

Dan Burn, ya en los instantes finales, maquilló el resultado con un cabezazo poderoso que dio algo de consuelo a Newcastle. Un gol de orgullo, pero insuficiente para cambiar el destino del partido ni del torneo para los de St James’ Park.

Entre la euforia y la vulnerabilidad

Para Everton, la noche deja una mezcla extraña: clasificación convincente, actuaciones individuales de peso y, al mismo tiempo, la constatación de que la vida de sus futbolistas puede convertirse en objetivo cuando el foco se centra en el césped.

Barry se marcha de una de las grandes noches de su carrera reciente con un gol, una asistencia y una herida invisible en la intimidad de su familia. La pregunta ya no es solo qué tan lejos puede llegar Everton en esta Carabao Cup, sino cuánto tiempo permitirá el fútbol que sus protagonistas sigan viviendo con esta sensación constante de estar siendo observados, incluso cuando el balón ya ha dejado de rodar.