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La herida de Belhanda: su ausencia en el Mundial de 2022

La ausencia de Younès Belhanda en la lista de Marruecos para el Mundial de 2022 sigue doliendo. No solo en su carrera, también en su relación con la selección. Dos años después de aquella cita histórica en Qatar, el exinternacional marroquí reconoce que aún no ha pasado página. Ni de la decisión. Ni de la forma.

El centrocampista, 59 veces internacional con los Leones del Atlas y actualmente en el Al-Sailiya catarí, habló sin filtros en el programa “Rio Ferdinand Presents”, en unas declaraciones recogidas por el diario español “Marca”. A sus 36 años, el mensaje fue directo: la herida tiene nombre y apellido.

“Hasta hoy sigo guardando rencor a Walid Regragui. No lo entendí”, confesó.

Un silencio que dolió más que la convocatoria

Belhanda no era un cualquiera en la historia reciente de Marruecos. Mundialista en 2018, pieza importante durante años, acostumbrado a ser parte del núcleo duro. Por eso su exclusión de la lista para Qatar 2022 sorprendió. Y por eso, según él mismo relata, le marcó tanto.

Lo que más le hirió no fue ver su nombre fuera de la convocatoria. Fue el vacío posterior. Nada de llamadas. Nada de explicaciones.

“Ni siquiera me llamó, nada en absoluto. Fue muy doloroso, y aún no lo he superado”, relató el exjugador del Montpellier.

La decepción se agranda cuando recuerda el contexto. Tras dos años sin ir convocado, la llegada de Walid Regragui al banquillo marroquí reactivó su esperanza. No era un desconocido. Todo lo contrario.

“Llevaba dos años sin ser llamado a la selección de Marruecos y mi relación con Walid Regragui era muy cercana”, explicó. “Él fue mi segundo entrenador, hablábamos mucho. Luego me llamó para convocarme justo antes del Mundial y me dio esperanza”.

Esa puerta entreabierta terminó por cerrarse de golpe. Y dejó cicatriz.

“No me destruyó, pero sí me afectó”, admitió.

El día de la lista, Belhanda hizo lo que haría cualquier veterano con jerarquía y orgullo. Marcó el número del seleccionador. Buscaba una frase, aunque fuera dura, que le ayudara a tragar el golpe. No obtuvo ni eso.

“El día que se anunció la lista, le llamé, pero no respondió. Solo quería una explicación. Sé un hombre y dime: ‘Younès, tomo mis decisiones’. Ya no tenía 15 años, tenía 32. Lo habría entendido, y habría sido más fácil aceptarlo”.

La llamada nunca llegó. “Ni una sola llamada, nada. Fue muy doloroso, y aún no lo he superado”, insistió.

El Mundial histórico… visto desde la distancia

Mientras Marruecos escribía historia en Qatar, convirtiéndose en la primera selección africana y árabe en alcanzar unas semifinales de Copa del Mundo, Belhanda se alejaba emocionalmente de todo lo que tuviera que ver con la camiseta roja. La gesta de los Leones del Atlas unió a un país y a una diáspora entera. A él, en cambio, lo empujó aún más lejos.

“No me importaba, ni siquiera vi los partidos”, reconoció.

Esa frase resume el abismo que se abrió entre el jugador y la selección. Para alguien que construyó buena parte de su carrera al ritmo de los himnos y las fases finales, dejar de mirar a la televisión mientras su país vivía el mayor logro de su historia deportiva no es un simple gesto. Es una ruptura.

Un vínculo roto que se nota hasta en una final

El propio Belhanda dio otra medida de su enfado al recordar cómo vivió la final de la Copa Africana de Naciones de 2025 ante Senegal. Un partido de máximo voltaje para cualquier marroquí. Para él, ya no tanto.

“Vi la final de la Copa Africana de Naciones 2025 contra Senegal, pero no la seguí como sigo los partidos de la selección de Marruecos. Ahí se ve hasta dónde llegó este enfado”, dijo con amargura.

Belhanda no habla de táctica ni de roles. Habla de orgullo herido, de jerarquías, de códigos no escritos en un vestuario. No discute el derecho del seleccionador a decidir. Reclama algo más básico: una conversación cara a cara, una explicación a la altura de su trayectoria.

Mientras Marruecos mira al futuro con una generación consolidada tras el hito de Qatar, la historia de Younès Belhanda recuerda el reverso de las grandes gestas: por cada equipo que hace historia, siempre hay un veterano que la ve desde el salón de su casa, con la sensación de que alguien ni siquiera se tomó la molestia de decirle por qué.