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Arsenal sin Vinicius Jr.: tres alternativas para la banda izquierda

Durante unos días, en el norte de Londres se permitió soñar. El runrún sobre el futuro de Vinicius Jr., con su renovación atascada en el Santiago Bernabéu y un contrato que expiraba el próximo verano, encendió la imaginación de más de un aficionado de Arsenal. La idea de ver al brasileño volando por la banda del Emirates dejó de ser una fantasía lejana y empezó a colarse en conversaciones serias.

El globo se desinfló rápido. Real Madrid y Vinicius alcanzaron finalmente un acuerdo para ampliar su vínculo y el brasileño seguirá como estandarte blanco. El supuesto hueco en el mercado se cerró de golpe y, con él, una de las grandes ilusiones del verano ‘gunner’.

Para Mikel Arteta, el problema sigue ahí. Y es muy concreto: el costado izquierdo.

Una banda desnuda

La plantilla se ha quedado corta en ese sector. Leandro Trossard, uno de los nombres propios del Mundial 2026, hizo las maletas rumbo a Besiktas y dejó un vacío inmediato. Hoy, las alternativas naturales en esa zona se reducen a Gabriel Martinelli y el recién llegado Christos Tzolis, con Eberechi Eze como opción ocasional si el contexto lo exige.

No es un escenario ideal. Martinelli viene de una temporada por debajo de lo esperado, lejos del filo que mostró en cursos anteriores. Tzolis, por perfil, se acerca más a un mediapunta, un ‘10’ con tendencia a recibir entre líneas, que a un extremo puro que viva pegado a la cal. Puede ocupar la banda, sí, pero su instinto le lleva hacia dentro.

Con Vinicius Jr. fuera de la ecuación y Julian Alvarez encaminado a seguir en España —con Atletico Madrid como base de operaciones—, Arsenal necesita otro plan. Tres nombres encajan, por edad, perfil y contexto contractual, en el tipo de apuesta que el club ha abrazado en los últimos años.

Bradley Barcola, el golpe de autoridad

Si el club estaba dispuesto a asumir el coste astronómico que habría supuesto Vinicius, la lógica invita a mirar a Bradley Barcola sin complejos. El francés, de 23 años, es tres años más joven que el brasileño y presenta un perfil estadístico que roza lo descomunal.

Su explosión se ha producido en Ligue 1, un campeonato menos exigente que la Premier League, pero Barcola ya ha demostrado que su fútbol no se encoge en las grandes noches europeas. En Champions League ha dejado señales claras: desborde, cambio de ritmo, capacidad para castigar espacios y un volumen ofensivo que sostiene cualquier proyecto ambicioso.

La situación en PSG abre una rendija. Barcola se ve por detrás de Desire Doue en la rotación y está explorando la posibilidad de un cambio de aires. Ahí es donde Arsenal debe o no decidir si entra de verdad en la puja. No sería una operación barata: el club londinense tendría que igualar o superar la oferta de 115 millones de euros que se atribuye a Liverpool.

Es mucho dinero. Pero también es una inversión en un extremo que encaja de lleno en la idea de Arteta: agresivo sin balón, vertical con él, joven y con margen de crecimiento.

Rafael Leao, talento en busca de redención

El segundo nombre es más complejo, más incómodo, pero igual de seductor: Rafael Leao. A sus 27 años, el portugués ha perdido brillo en AC Milan. Su rendimiento ha ido a la baja en las últimas temporadas, su producción ofensiva se ha resentido y su juego se ha vuelto más individualista, desconectado de la estructura del equipo.

Los datos lo subrayan. En la última Serie A, su media de regates exitosos cayó por debajo de uno por partido, el registro más pobre de toda su carrera. Para un futbolista que construyó su reputación sobre el uno contra uno, es una señal preocupante.

Ahí aparece la oportunidad. Leao termina contrato en dos años, una ventana que reduce el margen de maniobra de Milan y abre la puerta a un traspaso a precio rebajado. Para Arsenal, sería una apuesta de riesgo calculado: un jugador que, en plenitud, está entre los extremos más determinantes del continente, pero que llega en un momento de dudas.

Arteta tendría entre manos un proyecto de reconstrucción individual: devolverle confianza, integrarlo en un sistema coral y recuperar al futbolista que desequilibraba partidos por pura superioridad física y técnica. Si lo consigue, el techo es altísimo. Si no, el club asumiría una inversión considerable en un jugador que ya no está en la franja de edad de promesa.

Ibrahim Mbaye, la vía de futuro

La tercera opción mira más lejos. Ibrahim Mbaye, 18 años, es el tipo de futbolista que un club con visión a medio plazo no puede dejar de estudiar. El joven atacante de PSG ya ha entrado en el radar de Liverpool, que trabaja en una operación cercana a los 50 millones de euros, aunque el acuerdo aún está lejos de cerrarse.

Ahí se abre una ventana para Arsenal.

Mbaye ha dejado destellos en sus apariciones como suplente la pasada temporada. Ha jugado más a pie natural en la derecha, pero tiene capacidad para actuar en ambos costados. No es el producto terminado, ni mucho menos, pero sí un atacante moderno: rápido, agresivo, con colmillo para atacar el área y lo bastante versátil como para adaptarse a distintas alturas del campo.

Para el club londinense, sería un fichaje con doble lectura. Por un lado, podría aportar minutos ya desde este curso, sin la presión de ser titular indiscutible. Por otro, permitiría moldear su evolución con calma, sin la urgencia de tapar el agujero del once a cualquier precio. No soluciona el presente con la contundencia de Barcola o Leao, pero abre una línea de sucesión que encaja con la política de fichajes reciente.

Las tentaciones que no encajan

El mercado siempre ofrece nombres rutilantes que, sobre el papel, seducen. Otra cosa es que tengan sentido.

Julian Alvarez es el ejemplo perfecto. El argentino ha sido vinculado una y otra vez con Arsenal, pero la realidad empuja en otra dirección. Atletico Madrid no quiere venderlo a Barcelona y el jugador, según los informes, prefiere seguir en España. Todo apunta a que continuará en el Metropolitano. Y, aun si se abriera una mínima puerta, el coste de una operación así para un futbolista que no cubre la vacante del extremo izquierdo sería difícil de justificar.

El caso de Iliman Ndiaye es distinto, pero también problemático. El jugador de 26 años, propiedad de Everton, viene de un Mundial brillante con Senegal, con tres acciones de gol, y de una Premier League en la que ha demostrado que puede rendir a gran nivel en Inglaterra. Es un futbolista hecho, en plena madurez competitiva.

El obstáculo es el contrato: vinculado a Everton hasta 2029, el club de Liverpool no tiene prisa ni urgencia. El precio que se maneja, en torno a los 70 millones de libras, obliga a comparar. Por ese dinero —o algo más—, Arsenal puede apuntar a perfiles más jóvenes, con un techo potencialmente superior, como Barcola o Mbaye. Además, Ndiaye no es un extremo izquierdo natural, aunque pueda ocupar esa zona. No es un encaje limpio.

Nico Williams representa otro tipo de dificultad. Pese a no llegar al Mundial en plenitud física, España se coronó campeona con Alex Baena ocupando su puesto de inicio y el jugador de Athletic Club entrando desde el banquillo. Aun así, Williams dejó su sello: dio la asistencia del gol que decidió la final, otro capítulo en una carrera que no deja de sumar momentos grandes.

El problema es doble: contrato y cláusula. A sus 24 años, firmó el verano pasado una renovación de largo alcance con Athletic, con una vinculación que, en la práctica, blinda su futuro inmediato y una cláusula de rescisión cercana a los 100 millones de euros. Cualquier intento de sacarlo de San Mamés exigiría una inversión gigantesca y una negociación durísima.

Un verano para definir el proyecto

Arsenal se ha acostumbrado a pelear en la parte alta de la Premier League con una plantilla joven, moldeable y ambiciosa. El vacío en la banda izquierda no es solo una cuestión táctica; es una pieza clave en el dibujo de Arteta, una zona desde la que el equipo genera profundidad, amenaza y desequilibrio constante.

El mercado ha cerrado la puerta de Vinicius Jr., pero ha abierto otras rutas. Barcola ofrece impacto inmediato y proyección. Leao, redención y talento probado. Mbaye, futuro y margen para crecer sin prisa.

La elección marcará no solo la próxima temporada, sino el pulso ofensivo de Arsenal en los años que vienen. ¿Optará el club por el golpe de efecto, por la rehabilitación de una estrella en apuros o por la paciencia de un proyecto a largo plazo? La banda izquierda del Emirates espera respuesta.