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Alan Shearer y su récord ante Erling Haaland

Alan Shearer sabe perfectamente qué tendría que pasar para que su récord sobreviva a la nueva era: que Erling Haaland haga las maletas y abandone la Premier League. Así de simple. Así de crudo.

El mito de Newcastle United y de la selección inglesa dejó el listón en 260 goles en la máxima categoría inglesa a lo largo de 14 temporadas. Una marca que durante años pareció inalcanzable, hasta que apareció un delantero noruego con botas de otro planeta.

Haaland ya suma 120 goles en la Premier en apenas cuatro temporadas y pico con Manchester City. A este ritmo, y siempre que él y su equipo sigan en la liga, es perfectamente posible que supere la cifra de Shearer. El propio exdelantero lo asume, con una mezcla de orgullo y resignación.

“Estoy seguro de que se batirá algún día, pero lo disfrutaré mientras dure”, confesó en el programa Football Interview. Y dejó caer, medio en broma, medio en serio: “Si conseguimos sacar a Haaland a Real Madrid o a algún sitio así en los próximos años, entonces debería estar bien”.

Antes de Haaland, el gran perseguidor fue Harry Kane. El capitán inglés llegó a 213 tantos en la Premier con Tottenham Hotspur, pero frenó en seco su cuenta cuando decidió marcharse a Bayern Munich en 2023. El récord respiró. De momento.

Un adiós entre lágrimas y un regreso inevitable

Shearer habló también del camino que le llevó a convertirse en leyenda. Y de cómo, durante un tiempo, pensó que nunca volvería a casa.

Se marchó de Newcastle con solo 15 años para unirse a Southampton. Vivía en una casa de acogida con otra familia, lejos de sus padres, lejos de sus amigos, lejos de todo lo que conocía.

“No cambiaría nada; una de las mejores cosas que hice fue irme de casa con 15 años”, recordó. Luego, ya como padre, la perspectiva cambió. “Cuando mis hijos cumplieron 15 pensé: ‘¿Cómo demonios pudieron mis padres dejarme irme de casa a esa edad?’ No hay manera de que yo hubiera dejado que mis dos hijas y mi hijo se fueran con 15 años”.

La escena que guarda en la memoria es potente: “Recuerdo subir al tren en la estación Newcastle Central, mirar a mi madre y a mi padre, ver las lágrimas caer por la cara de mi madre mientras el tren salía y yo pensaba: ‘¿Es esta la última vez que voy a vivir en casa?’”.

En 1992, el destino empezó a acercarlo de nuevo al norte. Fichó por Blackburn Rovers, donde trabajó con Sir Kenny Dalglish y conquistó la Premier League. Un título que lo impulsó definitivamente hacia donde siempre pareció destinado: el regreso a su club de infancia.

En 1996, Newcastle llamó. Más que una sorpresa, fue la confirmación de un guion que todo el mundo intuía: Shearer volvía a casa. Nadie imaginaba entonces que aquel título con Blackburn sería el último trofeo de su carrera como jugador. Con las “urracas” perdió dos finales de FA Cup y aquel proyecto nunca llegó tan lejos como se soñó.

De la grada del Gallowgate al póster en la pared

La relación entre Shearer y Newcastle va mucho más allá de los goles. Es identidad, pertenencia, barrio.

De niño, se colocaba en el Gallowgate End de St James’ Park para ver a su ídolo, Kevin Keegan. Años después, firmaba como jugador a las órdenes del mismo hombre. La palabra que usa para describirlo es clara: “surrealista”.

“Vi la adoración que tenía. Era como el flautista de Hamelín en Newcastle, todo el mundo le seguía a todas partes”, recordó. “Yo era uno de esos niños pequeños que iba al campo de entrenamiento, al estadio… y yo quería un trozo de eso”.

Lo consiguió. Shearer se convirtió en el nuevo tótem de la ciudad: 206 goles en 405 partidos en todas las competiciones con la camiseta de Newcastle. Un capitán, un símbolo, una estatua en vida.

Ese estatus, sin embargo, obliga a ciertas maniobras cuando quiere vivir el fútbol como un hincha más. En las contadas ocasiones en las que puede tomarse una pinta antes de un partido y caminar hacia St James’ Park, necesita camuflarse.

“Mi amigo tiene un pub en Newcastle que se llama Harry’s y me dejan allí; desde ahí subo andando hasta el estadio”, explicó. “Llevo una gorra y casi nunca levanto la cabeza, porque si no tardaría una eternidad en llegar del pub al campo. Pero lo hago a menudo. Mis amigos lo han hecho toda la vida y ahora yo puedo hacerlo, y me encanta”.

El banquillo, el golpe y el giro hacia los medios

Retirado hace ya dos décadas, Shearer rara vez disfruta de un fin de semana libre. La vida le cambió el césped por el plató y el área por el micrófono.

Es una de las voces principales de Match of the Day, comenta partidos de la selección inglesa y comparte mesa con Gary Lineker y Micah Richards en el podcast The Rest Is Football. Hoy es uno de los analistas más respetados del fútbol británico. No era un destino garantizado.

Durante un tiempo dudó si su futuro estaría en el banquillo o en los medios. En 2009, aceptó el reto de ser técnico interino de Newcastle para los últimos ocho partidos de la temporada. El club estaba en caída libre. Él no supo decir que no.

“Newcastle estaba en problemas desesperados y yo nunca podría decir que no; estábamos colistas, luchando por nuestras vidas”, recordó. El final fue cruel: descenso y un adiós inmediato a los banquillos. “Debería haber sabido, cuando firmé el contrato el Día de los Inocentes, que no iba a salir bien”.

Shearer aún pensó que volvería a entrenar. “Siempre sentí que iba a hacerlo otra vez y quería hacerlo. Tuve un par de entrevistas y me ofrecieron el trabajo en Cardiff. Y entonces las cosas cambiaron… y pensé: ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’”.

Ahí se cerró su breve aventura en los banquillos. El resto es la historia que hoy todos conocen: viajes constantes entre Newcastle y Salford, horas de estudio, directos nocturnos.

“Es un día larguísimo. Para mí, viajando desde Newcastle, son probablemente 19-20 horas de día”, contó. “Lo que la gente no se da cuenta es de que se supone que tienes que estar en tu punto más brillante y más vivo cuando sales en directo a las 22:30, mientras que, si estás viendo fútbol todo el día en el sofá, a esa hora estás listo para quedarte dormido”.

Shearer no se duerme. Observa, analiza, apunta. Y mientras comenta cada jornada de la Premier League, mantiene un ojo en el marcador más personal de todos: su récord de 260 goles.

Porque cada vez que Haaland celebra, en algún lugar del norte de Inglaterra, el máximo goleador histórico de la liga hace un pequeño cálculo mental. ¿Cuánto tiempo le queda realmente a su trono?