Yang Hyun-jun marca y deja al Celtic en apuros
El Celtic se marchó de Paisley con tres puntos, un susto serio y una certeza incómoda: va a echar de menos, y mucho, a Yang Hyun-jun justo cuando la temporada empieza a apretar.
El extremo surcoreano, en estado de gracia, volvió a decidir. Segundo partido consecutivo marcando, esta vez culminando la remontada en el 2-1 ante un St Mirren valiente, que llegó a acariciar el liderato al descanso y que bombardeó la portería rival con 19 remates a puerta.
De la angustia al alivio
El partido se torció pronto para los de Martin O’Neill. A mitad de la primera parte, una mano de Liam Scales dentro del área abrió la puerta a St Mirren. Nikolas Agrafiotis no perdonó desde el punto de penalti y encendió el estadio.
Durante 10, 15 minutos, Celtic fue claramente inferior. O’Neill no lo disfrazó: su equipo fue “segundo mejor” en ese tramo. St Mirren mordía, jugaba, se instalaba arriba y amenazaba con algo más que un simple susto. Al descanso, los Saints estaban a 45 minutos de colocarse en lo más alto de la William Hill Premiership.
Pero el descanso cambió el pulso del choque. Celtic salió con otra cara. Más energía, más determinación, más agresividad en los duelos. Y el empate llegó rápido.
Seis minutos después de la reanudación, Liam Scales se redimió. El central irlandés se elevó en el área y cabeceó el 1-1, borrando de un plumazo su mano en el penalti y devolviendo el control emocional a los de O’Neill.
Yang, en racha y con billete de salida
Con el partido abierto, apareció la figura del momento. Yang Hyun-jun, a toda velocidad, castigó a la contra a mitad de la segunda parte y firmó el 2-1. Un gol de jugador en confianza, de futbolista que siente que todo le sale.
Ese tanto fue algo más que un simple gol de victoria. Sonó a despedida temporal.
El surcoreano, de 24 años, vuela ahora a Japón para disputar los Juegos Asiáticos y se perderá el viaje entre semana a St Johnstone, los dos derbis ante Rangers y el estreno en la Europa League frente a Ferencvaros. Un golpe serio para O’Neill en un tramo de calendario que puede marcar el curso.
El técnico lo dejó claro: “Lo vamos a echar de menos. Está en un momento de forma realmente bueno”. No se quedó ahí. Recordó lo que se juega su futbolista con la selección: “Si no ganan el torneo, entonces tiene que hacer el servicio nacional. Espero que lo ganen”.
Yang dejó el campo con una bolsa de hielo en la pierna, encendiendo alguna alarma más. O’Neill, sin embargo, rebajó la preocupación: “Está bien. Si se hubiera levantado un poco antes, quizá habríamos seguido con él. Pero parecía algo conmocionado, así que lo sacamos”.
Para el técnico, el surcoreano no solo está marcando diferencias arriba. “Ha firmado un gol brillante. Está en gran forma y trabaja hacia atrás. No le importa hacer el trabajo sucio”, subrayó. Justo el tipo de jugador que nadie quiere perder cuando se vienen curvas.
Un St Mirren valiente… y castigado
El gol de Yang nació de una pérdida. Camilo Duran le robó el balón a Ryan Carr unos diez metros dentro del propio campo del Celtic y, a partir de ahí, la transición fue letal. Un detalle que no pasó desapercibido para Craig McLeish.
El entrenador de St Mirren, pese a la derrota, defendió con firmeza el plan de juego de su equipo. Quiere un conjunto que tenga el balón, que se atreva, que arriesgue. Y sabe que ese camino a veces duele.
“Hubo muchas cosas buenas en nuestro juego”, apuntó. La frustración llegó, precisamente, cuando su equipo fue “un poco impreciso en la posesión”. Lo explicó sin rodeos: en la primera parte, las ocasiones del Celtic nacen de pérdidas propias en zonas donde deberían haber sido más seguros con el balón. Y el segundo gol, igual: una acción que parte de no proteger bien la posesión.
McLeish no piensa señalar a los suyos por eso. “No podemos dar la vuelta y tener una bronca con los chicos por ello. Les pedimos que jueguen, les pedimos que sean valientes con el balón. Solo tenemos que hacerlo mejor por momentos, seguir construyendo sobre ello”.
Su St Mirren, pese al golpe del 2-1, no se desmoronó. Todo lo contrario. Empujó, se plantó arriba, generó ocasiones claras y, a ojos de su técnico, fue “probablemente” en ese tramo final cuando mostró su versión más fuerte del partido. Faltó el remate definitivo. Sobró mala suerte.
“Es probablemente el reflejo de dónde estamos: estamos muy decepcionados por no llevarnos nada”, admitió McLeish. Un lamento que suena a ambición más que a queja.
Un vacío en el calendario
El Celtic se marcha con victoria de un campo complicado, tras una noche “dura”, como la definió O’Neill. Lo hace gracias al cabezazo redentor de Scales y al zarpazo de un Yang que no estará en los próximos capítulos.
Se vienen St Johnstone, Rangers, Rangers otra vez, Ferencvaros. Partidos que definen estados de ánimo, posiciones en la tabla, rumbos europeos. El equipo ha encontrado en Yang un desahogo, un desequilibrio, un gol. Ahora tendrá que aprender a vivir sin él, al menos por unas semanas.
La cuestión ya no es solo cómo responderá Celtic a su ausencia. La verdadera incógnita es otra: cuando vuelva de Japón, ¿regresará con un oro que le libere del servicio militar… o con una carga extra sobre los hombros en plena carrera por el título?
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