Vietnam defiende su título en el ASEAN Championship 2024
HANOI (Vietnam) — Vietnam se abrazó a la historia en un Mỹ Đình en ebullición. Defendió por primera vez su corona de la ASEAN Championship, enlazó el título de 2024 con otro más y firmó su cuarto cetro regional tras empatar 2-2 ante Tailandia y cerrar un global contundente de 4-2.
Llegaba con la tarea medio hecha. El 0-2 del sábado en el Rajamangala Stadium de Bangkok había colocado a la selección vietnamita en una posición de fuerza, con el marcador y el contexto a favor: estadio lleno, 38.646 aficionados empujando y un equipo acostumbrado a manejar la presión en casa.
Un golpe temprano que heló a Hanoi
Pero Tailandia no viajó a rendir honores. Anthony Hudson lo había advertido en la rueda de prensa previa, y sus jugadores respondieron desde el pitido inicial: intensidad alta, líneas adelantadas, cero miedo.
El premio llegó muy pronto. Minuto 12. Paciencia en la derecha, circulación hacia atrás para encontrar un mejor ángulo y, desde muy lejos, el central Nattapong Sayriya colgó un balón tenso al área. Parecía una jugada sin demasiado peligro, hasta que el balón cayó en zona caliente.
Seksan Ratree no logró controlar, pero sí desviar lo justo. La pelota quedó perfecta para Yotsakorn Burapha, que no dudó: derechazo de primeras, fuerte, raso. Lê Giang Patrik llegó a tocar, pero no lo suficiente. 0-1 y silencio pesado en las gradas.
Ese gol encendió a Tailandia. Con el viento anímico a favor, los visitantes se soltaron, presionaron arriba y obligaron a Vietnam a replegar. Sin embargo, el campeón también mostró colmillo.
La ocasión más clara antes del descanso fue local. Phan Tuấn Tài se inventó un centro delicioso desde la izquierda, un envío que borró de la jugada a tres defensores tailandeses. Al otro lado apareció Rafaelson, que se lanzó con todo y conectó un cabezazo forzado. El balón superó al portero, pero se estrelló en el larguero. Un aviso de lo que estaba por venir con la madera como protagonista.
Un penalti clave… y un castigo inmediato
Tailandia se fue al descanso con lo que necesitaba: ventaja en el marcador del partido y la sensación de tener a Vietnam incómodo. El siguiente paso era obvio: igualar la eliminatoria.
La oportunidad cayó del cielo nada más volver del vestuario. Minuto 48. Contraataque eléctrico, transición perfecta y el balón llega a Kakana Khamyok. El extremo acelera, supera a Trương Tiến Anh y cae cuando siente el contacto en los talones. El árbitro, Darwish Ahmed Eisa, no duda y señala el punto de penalti.
Kakana, uno de los jugadores más brillantes de esta joven Tailandia durante el torneo, agarró la pelota. Respiró. Tomó carrera. Y la mandó muy arriba, desatada, lejos del arco. Una ocasión dorada desperdiciada para empatar el global.
El fútbol suele castigar esos errores. Esta vez no hizo excepción.
Cuatro minutos después, Vietnam golpeó. De nuevo apareció Phan Tuấn Tài por la izquierda, esta vez tras un cambio de juego milimétrico de Nguyễn Hoàng Đức. Control orientado, mirada al área y centro raso hacia Hêndrio.
El brasileño pareció repetir la historia del primer tiempo: remate de interior, balón al poste. Pero el destino tenía otro plan. El rebote cruzó el área pequeña y terminó rebotando en los pies del portero Chatchai Budprom, que vio cómo la pelota se colaba en su propia portería. 1-1 en el partido, 3-1 en el global. Tailandia volvía a necesitar dos goles.
Vietnam perdona, Tailandia se aferra
Con la eliminatoria cuesta arriba otra vez, Tailandia se lanzó sin red. Eso abrió espacios enormes a la espalda de su defensa, y Vietnam los detectó de inmediato.
Hêndrio probó desde fuera del área al cumplirse la hora de juego con un disparo que se fue por poco por encima del travesaño. Poco después, Tiến Anh tuvo una ocasión clarísima: desmarque por la derecha, recorte hacia dentro y disparo ya dentro del área. El tiro, sin embargo, salió cruzado en exceso. Una oportunidad que pedía mejor destino.
El poste volvió a ser protagonista en el minuto 69. Vietnam sorprendió a Tailandia con una falta rápida en largo. Đoàn Văn Hậu buscó a Nguyễn Hai Long con un envío por alto que rompió la línea defensiva. Control, disparo potente… y otra vez la madera negó el gol local.
Tailandia seguía viva, aunque pendía de un hilo. Y cuando el reloj marcaba el minuto 85, los War Elephants encontraron un resquicio.
Jehhanafee Mamah colgó un balón desde la derecha sin demasiada apariencia de peligro. La jugada parecía controlada, pero Tiến Anh, en una noche aciaga, falló estrepitosamente en el control y dejó el balón muerto en el área. Wanchai Jarunongkran no perdonó: remate rápido, ajustado al palo, 1-2. De repente, la final se encendía.
Un héroe… y villano en cuestión de minutos
Con ese gol, Tailandia se colocaba a un tanto de forzar la prórroga. El nerviosismo se apoderó por un instante de Mỹ Đình. El campeón sufría, el aspirante olía la sangre.
Pero cuando el partido ya agonizaba, el destino volvió a girar en contra de los tailandeses. Minuto 93. Balón largo de Vietnam buscando a Rafaelson. Wanchai, el mismo que acababa de reabrir la eliminatoria, se lanzó a despejar desde fuera del área. Y lo que debía ser un alivio se convirtió en un desastre.
Su derechazo salió mordido, sin dirección, y la pelota voló en una parábola imposible hacia su propia portería. Autogol espectacular y cruel. 2-2 en el marcador, 4-2 en el global. Final sentenciada.
Tailandia lo intentó hasta el último suspiro, pero se marchó con la amarga sensación de haber regalado demasiado: un penalti a las nubes, dos goles en propia puerta, y la impresión de que el esfuerzo no bastó ante un campeón más sólido a lo largo de los dos partidos.
Vietnam, mientras tanto, celebró algo más que un título. Defendió su trono, confirmó su autoridad en la región y dejó una pregunta flotando en el aire del Mỹ Đình: quién se atreverá a destronar a este equipo en la próxima ASEAN Championship.
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