Transformación del Tottenham bajo De Zerbi: de la crisis a la risa
Hubo un instante la temporada pasada en que Roberto De Zerbi miró a sus jugadores del Tottenham y lanzó una pregunta que heló el vestuario: “¿Nos hemos muerto?”. Venían de perder 1-0 en Sunderland, primer partido del técnico italiano al mando, y la escena en el Stadium of Light era desoladora: futbolistas tirados boca arriba, algunos llorando, la sensación de un equipo roto y al borde del abismo.
A De Zerbi le quedaban siete partidos para salvar a Spurs del descenso. La permanencia llegó en la última jornada, casi a contrarreloj, tras una campaña 2025-26 turbulenta, llena de miedo y dudas. Hoy, apenas cuatro meses después de aquella tarde lúgubre en el noreste de Inglaterra, el paisaje es otro.
De un vestuario roto a un hotel con sonrisas
En Sídney, en un hotel a pocos metros del Harbour Bridge y la Opera House, el Tottenham de De Zerbi se parece poco a aquel grupo hundido. Risas en los pasillos, cafés preparados por su propio barista en una planta privada, partidas intensas de tenis de mesa y una plantilla renovada que se acostumbra a convivir con un dato rotundo: 237 millones de libras invertidas en fichajes, cifra récord del club.
Sandro Tonali, la gran estrella del verano, ya se ha enfundado la camiseta en la gira. También Mateus Fernandes, Jan Paul van Hecke, Andrew Robertson y Martin Dubravka. Solo falta por debutar Marcos Senesi, que llegó con permiso extra tras disputar la final del Mundial con Argentina y que ya se entrena en Hotspur Way.
“Me merezco querer a los mejores jugadores, porque ahora Tottenham se merece construir un equipo top”, sentencia De Zerbi. No es una frase hueca. Es la declaración de intenciones de un entrenador que ha pasado de gestionar un plan de emergencia a pilotar un proyecto ambicioso.
Porque el club trabajó con dos hojas de ruta: una para la supervivencia en Premier League y otra para un posible descenso. De Zerbi insiste en que habría seguido en el banquillo incluso en Championship. No hizo falta. Hoy opera con el plan bueno. Y con una promesa hecha en abril a sus jugadores.
“Al principio tuve un millón de reuniones individuales”, recuerda entre risas. “Les pregunté si no querían estar aquí. Les dije: ‘Sí, ayúdame a mantenernos, y luego yo te ayudo a irte. Si no me ayudas a quedarnos, te quedas bajo el agua conmigo’”.
Nuevo Tottenham también en los despachos
El cambio en Spurs no es solo futbolístico. El club ha vivido una sacudida institucional. Vinai Venkatesham ejerce como nuevo director ejecutivo en nombre del Lewis Family Trust. A su lado, Johan Lange, único superviviente del anterior régimen, mantiene el timón como director técnico.
Les apoyan Rafi Moersen, director de operaciones de fútbol, y Dan Lewindon, nuevo director de rendimiento, ambos procedentes del City Football Group. La misión de Lewindon es clara: mejorar un historial de lesiones que ha lastrado al equipo en las últimas temporadas.
En medio de esta reconfiguración, De Zerbi se ha colocado en el centro de todo. No solo diseña el equipo sobre el césped; también se mete hasta el fondo en el mercado.
“En el mercado, cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”, avisa. Esa mentalidad ha terminado en dos operaciones que han sacudido la Premier: 85 millones de libras por Mateus Fernandes desde West Ham y 100 millones por Tonali desde Newcastle.
“No siento presión en el mercado. Es una de las partes más bonitas de mi trabajo”, explica. ¿De dónde nace ese disfrute? Él lo ve claro: la responsabilidad. “Cuando tomas la decisión, tomas la responsabilidad. Si el entrenador llama al jugador, puedes construir una conexión especial desde el principio”.
Con Mateus Fernandes, De Zerbi fue más allá: habló con la madre, con el padre. Al progenitor le lanzó una promesa muy personal: sería su “segundo padre” en Inglaterra, que cuidaría de él.
Fichajes agresivos, mensajes directos
Tottenham no solo ha invertido. Ha ganado varias batallas en los despachos. Cerró a Van Hecke pese al interés de Chelsea, y ya había adelantado a Manchester United y Manchester City por sus dos mediocentros récord.
En un mercado convertido en tablero de teoría de juegos, dentro del club asumieron que debían ser agresivos y rápidos. En todo: en las ofertas, en los salarios y, sobre todo, en la implicación directa de De Zerbi en la seducción de los futbolistas.
El italiano no se esconde. Tras el 2-2 ante Brighton en abril, cuando un gol de Georginio Rutter en el 95’ golpeó las opciones de salvación de Spurs, el técnico escribió a Van Hecke, asistente de aquel tanto.
“Le dije: ‘Tú quisiste empujar a Tottenham hacia abajo por Brighton cuando diste la asistencia a Rutter, ahora tienes que venir conmigo, no tienes elección’”, revela. Mensaje claro, sin rodeos.
Con Tonali, la estrategia fue igual de personal. De Zerbi le mandó un mensaje el día después de asegurar la permanencia con la victoria ante Everton en la última jornada. Luego voló a Brescia para reunirse con él en su casa. Aquella conversación fue decisiva. El resto lo remataron los ejecutivos del club en varias rondas de negociación.
Y el técnico aún guarda una carta en la manga. Habla de una “bomba” ofensiva final: dos delanteros por llegar, uno de ellos Savinho, de Manchester City. No es un capricho, sino la pieza final de un puzzle que busca devolver a Spurs a la pelea por títulos.
Gasto fuerte, pero con cálculo
El desembolso invita a la crítica fácil, pero De Zerbi rechaza la etiqueta de club derrochador. Recuerda que la familia Lewis inyectó 100 millones de libras en junio porque el club lo necesitaba con urgencia. Y coloca el contexto: Chelsea, Arsenal y Liverpool han hecho movimientos similares en los últimos años.
También ha habido salidas. La más relevante en lo económico, Luka Vuskovic, traspasado a Brighton por 45 millones de libras. Permanecen las dudas sobre el futuro de Lucas Bergvall y del lateral inglés Djed Spence.
“Valoramos la petición de Vuskovic de ir a Brighton con Vinai y con Johan juntos, porque considero el dinero de Tottenham como si fuera mi dinero”, explica De Zerbi. “Es como si el dueño fuera mi padre; no quieres pedirle a tu padre que pierda dinero”.
La idea es clara: vender caro, comprar más barato. Un equilibrio que encaja en un plan a cinco años. Construcción, no fogonazo.
Dentro de ese plan también entra saber decir que no. Spurs decidió no ejecutar el fichaje definitivo de Joao Palhinha desde Bayern Munich. No por dudas sobre su nivel, sino porque el paquete económico global no encajaba en la hoja de cálculo del club.
Del miedo al descenso a la reconstrucción emocional
La transformación no se limita a los nombres y a las cifras. Tras Sunderland, el desánimo se extendió también por el personal del club en el centro de entrenamiento. El ambiente era pesado, casi tóxico.
“El día después organicé una reunión sin jugadores y dije: ‘Al primero que vea decir algo negativo, lo mando a casa inmediatamente’”, cuenta el técnico. Era el punto de partida de una limpieza mental tan necesaria como cualquier fichaje.
De Zerbi habla de cambiar “comportamiento, actitud y espíritu” en un club que venía de una temporada traumática, y que ya había terminado 17º el curso anterior. Entonces, con Ange Postecoglou, el final tuvo un barniz distinto: sin tanto miedo al descenso y con un título de Europa League como bálsamo. Esta vez no hubo red.
Para soldar las grietas, el italiano también recurrió a algo tan simple como poderoso: una cena. “Una gran cena en Mayfair, con alcohol”, recuerda. Un gesto para romper tensiones, para que el vestuario se mirara a los ojos lejos de la presión del día a día.
Está convencido de que el equipo mereció salvarse antes, que la permanencia llegó más tarde de lo que indicaban sus actuaciones. Pero sabe que la herida dejó marca. “Creo que en ese momento se veían a sí mismos peor de lo que la gente pensaba”, admite. El proceso de curación sigue en marcha.
Su objetivo ahora es que la iniciativa nazca del grupo. “Espero que la próxima vez ellos organicen la cena y las copas por sí mismos”. Porque ahí, en ese gesto de autonomía, De Zerbi ve el verdadero salto: un vestuario que se pertenece, que se cuida, que se exige.
“Con amor, amistad y cuidado, te conviertes en top, top, top”, remata.
Tottenham ya ha sobrevivido al miedo a morir. Ahora la pregunta es otra: con este nuevo pulso competitivo, ¿hasta dónde se atreverá a llegar?
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