Tottenham cae 3-2 ante Aston Villa: una fragilidad evidente
Todo parecía escrito de antemano.
Cuanto más cerca estaba Tottenham del gol, más claro se intuía lo contrario: que el golpe llegaría en su propia portería. Y así fue. Otra vez.
Roberto De Zerbi no se escondió tras el 3-2 encajado ante Aston Villa. Definió a su equipo con dos palabras demoledoras: “demasiado frágil”. Su Tottenham mandó, controló y pareció cómodo… hasta que el primer golpe lo dejó sin alma.
Del dominio al desplome
Los primeros 20 minutos fueron un monólogo local. Savio y Archie Gray probaron a Zion Suzuki, que respondió con autoridad. Tottenham tenía la pelota, el territorio y la sensación de que el gol caería por puro peso del juego. Pero no marcó. Y cuando este equipo no golpea primero, la estadística se convierte en sentencia: 36 partidos seguidos en Premier League sin ganar tras encajar el primer tanto.
El momento clave llegó en el añadido de la primera parte. Micky van de Ven estaba fuera del campo, atendido por un golpe en la cara. Tottenham jugaba con diez. Andy Robertson quiso evitar un córner, pero su intento terminó regalando el balón a John McGinn. Tras el disparo de Boubacar Kamara, Johan Manzambi apareció para empujar a bocajarro. 0-1. Gol feo, gol doloroso, gol que cambió el partido.
Mientras algunos aficionados bajaban ya por los pasillos en busca del descanso, su equipo encajaba el mazazo que De Zerbi más temía: el primero, con inferioridad numérica y desorden atrás.
Un equipo que se rompe con facilidad
El técnico italiano explicó después cómo trató de parchear la situación: retrasó a Rodrigo Bentancur como central, colocó a Mateus Fernandes en el medio y asumió que, si llegaba una roja, su equipo tendría que sobrevivir 70 minutos con uno menos. No fue el caso, pero la fragilidad defensiva apareció igual.
En la reanudación, Tottenham creyó encontrar un respiro. Mohammed Kudus marcó el supuesto 1-1, pero el VAR cazó a Robertson en fuera de juego en el centro previo. El estadio rugió de frustración. Y el castigo no tardó.
Siete minutos después, un balón largo de Suzuki viajó directo al corazón de la defensa local. Nicolas Jackson lo aprovechó con frialdad y firmó el 0-2. Un simple saque largo, una jugada que De Zerbi tenía marcada en rojo: Villa juega esta temporada un 86% más de balones largos que el curso pasado. Lo habían trabajado en reuniones, lo habían señalado. Lo encajaron igual. “El segundo gol es increíble”, admitió el técnico, entre rabia e impotencia.
Tottenham se desmoronó. El tercer tanto, una obra de arte de Emi Buendia, fue la puntilla. El argentino soltó un derechazo desde unos 25 metros que se clavó en la escuadra en el minuto 79. Un golazo que encendió a la grada visitante… y vació la local. Miles de aficionados se levantaron y se marcharon antes del final.
Goles tardíos, consuelo mínimo
Con el partido ya roto, Conor Gallagher y Jan Paul van Hecke maquillaron el marcador con los dos primeros goles del club en esta Premier League. Llegaron tarde, sin peso real en el resultado, casi como un recordatorio de que el equipo tiene calidad… pero no colmillo ni solidez.
El 3-2 final no tapa nada. Tottenham se marcha al parón internacional sin conocer la victoria en liga, hundido en la zona de descenso tras haber invertido más de 300 millones de libras en verano. Es su peor arranque en la máxima categoría desde la temporada 2008-09, cuando también sumaba solo dos puntos tras cinco jornadas. Entonces, Juande Ramos aguantó tres derrotas más antes de ser despedido y Harry Redknapp tomó el relevo para llevar al equipo hasta el octavo puesto. Ahora, la historia vuelve a oler a cambio de ciclo.
La grada visitante lo olió desde pronto: “Sacked in the morning”, cantaron los aficionados de Villa, señalando a un De Zerbi que, con el 0-2, se quedó sin respuestas visibles en la banda.
Datos que no tapan la realidad
Hay, sin embargo, quien pide calma. Glenn Murray, exdelantero de Brighton, defendió al italiano en la BBC. Recordó que Tottenham ha tenido más disparos en tres de los últimos cuatro partidos, más posesión y más toques en el área rival. Los números sugieren que hay una estructura, una idea, algo que puede cuajar con tiempo. Pero los puntos no llegan, y la Premier no espera a nadie.
El contraste con Aston Villa es brutal. El club de Birmingham también ha gastado fuerte, más de 250 millones, obligado por salidas de peso. Campeón de la Europa League, en plena transición, también necesitaba respirar en la liga tras tres derrotas en cuatro encuentros. Esta victoria vale mucho más que tres puntos: calma el ruido, refuerza el proyecto y da aire a los recién llegados.
Mientras tanto, Tottenham ha tirado dinero a sus problemas tras dos temporadas coqueteando con el descenso, pero sigue sin encontrar respuestas. Sandro Tonali, fichaje de 100 millones procedente de Newcastle, quedó eclipsado por el capitán rival, John McGinn, un mediocampista fichado por apenas 2,75 millones desde Hibs hace ocho años. Savio, extremo brasileño, se topó tres veces con un enorme Suzuki antes de diluirse. Omar Marmoush, traído para aportar gol, apenas dejó rastro.
Un vestuario señalado
De Zerbi, tocado, eligió el silencio puertas adentro. “No hablé con los jugadores, no quería decir nada”, confesó. El mensaje, no obstante, fue claro hacia fuera: los que se van con sus selecciones deben competir y trabajar; los que se quedan, más aún.
Nombró uno por uno: James Maddison, Gallagher, Dominic Solanke, Tosin Adarabioyo, Marcos Senesi, Savio. Todos, dijo, tienen que trabajar más, porque su condición física en este partido no le gustó nada.
El problema, sin embargo, ya no es solo físico. Es mental, estructural, casi identitario. Un equipo que domina y cae, que genera y no golpea, que encaja el primero y baja la cabeza. Un equipo que, cada vez que se acerca al gol, hace temer lo peor en su propia área.
El parón ofrece tiempo. La pregunta es si también ofrecerá paciencia.
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