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Robbie Keane y su posible llegada al banquillo de Celtic

La posible llegada de Robbie Keane al banquillo de Celtic ha encendido un incendio político y emocional en Glasgow antes incluso de que el club haga un anuncio oficial. El irlandés, máximo goleador histórico de su selección y exídolo fugaz en Parkhead durante su cesión en 2010, se ha convertido en el principal candidato para suceder en el cargo tras mantener conversaciones con el accionista mayoritario, Dermot Desmond. Pero su reciente etapa en Maccabi Tel Aviv ha chocado de frente con una parte muy ruidosa y organizada de la grada.

Un candidato que divide

Sobre el papel, Keane encaja en el perfil de un técnico joven, con nombre propio y un pasado ligado a Celtic. Su rendimiento en los banquillos respalda esa candidatura: tomó las riendas de Maccabi en junio de 2023, antes de los ataques del 7 de octubre, y firmó un doblete de liga y copa que le abrió las puertas de Ferencvaros el año pasado.

Sin embargo, su decisión de permanecer en Israel durante toda la temporada, ya en plena ofensiva sobre Gaza, dejó cicatrices profundas. En Irlanda fue duramente criticado, y una parte significativa del universo Celtic le dio la espalda. Ese rechazo, latente desde entonces, ha estallado ahora que su nombre aparece en primera línea para el banquillo del campeón escocés.

Graffitis, pancartas y 67 grupos en contra

El malestar ya no se expresa solo en redes sociales. Graffitis y pancartas contra la posible designación de Keane han aparecido en los alrededores del estadio de Celtic en Glasgow, una señal de que el conflicto ha salido de la esfera digital y se ha plantado en la puerta de la entidad.

Un colectivo que se presenta como “Celtic Fans for the Liberation of Palestine” emitió un comunicado contundente: la contratación de Keane “sería profundamente divisiva entre la afición”. No es una voz aislada. La cuenta “North Curve Celtic” en X publicó una lista de 67 grupos que respaldan ese texto, un bloque amplio que se reivindica como guardián de la identidad política y social del club.

El comunicado apela directamente a la historia de Celtic y a su relación con la causa palestina. “Los seguidores de Celtic tienen una larga y orgullosa historia de solidaridad con el pueblo palestino”, afirma el texto, recordando también que el club “fue fundado por una comunidad marcada por el legado de genocidio, desplazamiento y hambruna”. En ese marco, la decisión de Keane de dirigir a Maccabi Tel Aviv “durante el genocidio en Gaza” se presenta como una línea roja.

Para estos grupos, resulta “imposible de ignorar” que eligiera entrenar en Israel mientras, “a menos de 40 millas”, el mismo país utilizaba “armas indiscriminadas de asesinato en masa contra personas indefensas”. El mensaje concluye con una petición directa al consejo de administración: que escuche las preocupaciones de la hinchada y “reconsidere este nombramiento”.

El argumento de Keane

Keane, de 45 años, ha defendido públicamente su decisión de completar la temporada en Israel. Ha explicado que sintió una responsabilidad hacia el personal que llevó consigo a Maccabi, un compromiso profesional y humano que, a su juicio, le impedía abandonar el proyecto a mitad de camino.

“Tengo un deber de cuidado”, explicó en su momento. Puso como ejemplo a su analista, con 12 años de trabajo en Middlesbrough a sus espaldas, que se trasladó con él a Israel. Marcharse de forma abrupta, dejando a ese miembro del cuerpo técnico y a su familia en una situación incierta, era para Keane una opción inasumible.

Ese matiz no ha suavizado la postura de los sectores más movilizados de la grada de Celtic, que han convertido la cuestión en algo que va mucho más allá de un simple debate futbolístico. Para ellos, se trata de coherencia con una identidad construida durante décadas, visible en las banderas palestinas que han ondeado de forma constante en las gradas durante el conflicto.

Un club entre títulos y tensión

Mientras tanto, el equipo vive un momento deportivo exitoso pero inestable en los despachos. Martin O’Neill, de 74 años, asumió el cargo de forma interina y llevó a Celtic a conquistar la Scottish Premiership en la última jornada de la temporada, además de levantar la Scottish Cup. Un cierre brillante que no ha despejado, sin embargo, la gran incógnita: quién dirigirá el próximo proyecto.

El consejo se mueve en un terreno minado. Por un lado, la opción de Keane ofrece un perfil conocido, con pasado en el club y un título reciente bajo el brazo. Por otro, la fractura que su nombramiento podría provocar entre una afición que se reivindica como actor político y social, no solo como público de fútbol.

En Parkhead saben que elegir entrenador nunca ha sido solo una decisión táctica. Esta vez, la elección puede redefinir la relación entre la grada y la directiva. Y ahí está la verdadera pregunta: ¿arriesgarán el ruido en la calle por el nombre de Robbie Keane, o buscarán un camino menos explosivo para defender el trono del fútbol escocés?