Logotipo completo Juego Final

Laporta aprieta por Julián Álvarez: 100 millones y ultimátum

Joan Laporta ha decidido pisar el acelerador. El presidente del Barcelona ha puesto fecha de caducidad al interés por Julián Álvarez y ha dejado claro que el club no piensa quedar atrapado en un culebrón interminable. Hay una oferta sobre la mesa, enorme: 100 millones de euros. Pero hay también una línea roja: el final de julio.

La propuesta, filtrada desde el entorno azulgrana, encaja en el plan deportivo que lidera Deco, pero no lo condiciona. En el club insisten en que no sacrificarán el resto de la planificación por un solo fichaje, por muy determinante que sea el argentino. O se hace ya, o se pasa página.

Del otro lado, el muro del Atlético de Madrid ni se resquebraja. En el Metropolitano no hay dudas ni matices: Julián Álvarez no está en venta. Ni por 100 millones. Ni por más. La postura es tajante y se mantiene inamovible pese al ruido mediático.

La cúpula rojiblanca ha decidido tratar la oferta como si no existiera. No hay reuniones, no hay contraofertas, no hay puertas entreabiertas. El mensaje interno es claro: el delantero es pieza central del proyecto y no entra en ningún escenario de salida.

Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético, no solo ha defendido esa posición, también ha disparado contra las formas del Barcelona. Sus palabras han sido contundentes: asegura conocer bien el funcionamiento del entorno azulgrana y califica su manera de actuar como “un circo privado” de cara a medios y aficionados. No se siente ofendido, dice, porque sabe de dónde viene todo.

Gil Marín, pese a mantener una buena relación personal con Laporta, admite que le pidió expresamente que frenara la ofensiva, con un mensaje directo: Julián no se vende. Sin matices, sin cláusulas escondidas.

En paralelo, el presidente rojiblanco, Enrique Cerezo, ha respondido con ironía elegante a las insinuaciones procedentes de Barcelona. Ha elogiado a Laporta como amigo y como dirigente, pero ha rematado con una frase que en el Metropolitano se interpreta como un portazo definitivo: todos saben, ha dicho, dónde jugará Julián Álvarez la próxima temporada.

Con los despachos bloqueados y las posturas completamente enrocadas, el foco se desplaza inevitablemente hacia el propio jugador. Durante el Mundial ya dejó caer su deseo de cumplir “un sueño” con un posible traspaso, una frase que encendió las alarmas y alimentó especulaciones. Desde entonces, silencio casi absoluto. Nada de entrevistas incendiarias, nada de gestos públicos que puedan reventar el vestuario o tensar aún más la cuerda con el Atlético.

En Barcelona, sin embargo, están convencidos de que el único movimiento capaz de romper este bloqueo tiene nombre y apellido: Julián Álvarez. En el club asumen que sin una petición formal del futbolista será imposible siquiera sentar al Atlético a negociar. Todo lo demás, consideran, es una quimera.

El calendario corre. El ultimátum de Laporta marca un límite: final de julio. Si antes de esa fecha el argentino no da un paso al frente, el Barça retirará la oferta y buscará otras vías para reforzar su ataque. Si lo da, el verano puede estallar.

La pelota, ahora mismo, ya no está ni en el Camp Nou ni en el Metropolitano. Está en los pies de Julián Álvarez. Y de su decisión dependerá si este pulso queda en un simple amago… o en el gran terremoto del mercado.