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O'Neill enfrenta presión en el derbi: no es una final, pero es crucial

En la previa del derbi, Martin O'Neill se plantó. No quiso vestir el choque como una final por el liderato, pese a que una victoria podría disparar a su equipo ocho puntos por delante en la tabla y reforzar una racha ya imponente de seis triunfos ligueros consecutivos.

“No, es demasiado pronto en la temporada para decir eso”, respondió cuando le preguntaron si el partido era de obligado triunfo para mantener la supremacía en la liga. Luego matizó, sin restar un ápice de importancia al duelo: “Sería fantástico ganar porque podríamos irnos ocho puntos arriba y hemos ganado los seis últimos partidos de liga”.

El técnico no engaña a nadie: sabe lo que hay en juego más allá de los puntos. “El partido es grande. Es un gran partido, se juegue en septiembre o en marzo. Es realmente un gran partido. Tenemos que estar a la altura”, subrayó. Y ahí llegó la frase que resume el filo sobre el que camina su equipo: “¿Necesitamos ganar? Sería bonito ganar; no sería nada bueno perder. Eso serían tres derrotas seguidas y, por supuesto, psicológicamente sería un golpe”.

Bajo el microscopio de la grada

Las dudas no vienen solo del marcador. La lupa está puesta directamente sobre O'Neill. Su enfoque táctico, su postura defensiva y, sobre todo, el tono de sus últimas entrevistas pospartido han encendido a un sector de la afición. La sensación de que el equipo se encoge en los grandes momentos ha alimentado el ruido.

O'Neill no se esconde. Sabe que forma parte del oficio. “Esa es la naturaleza del juego. A veces puedo ponerme un poco irritable”, admitió, con una honestidad poco habitual en los banquillos de élite. “A veces tengo que disculparme por eso. Lo que dije fue que no parece que se nos cuestione cuando ganamos partidos de fútbol. Pero todo el mundo tiene derecho a preguntar”.

El irlandés asumió el foco con claridad: “Al final, yo soy el responsable de la elección del equipo, soy responsable de la táctica y, por supuesto, se me debe cuestionar”. Sin excusas. Si llega la tercera derrota seguida, todas las miradas apuntarán al mismo sitio.

Rangers persigue un trozo de historia

Al otro lado, Rangers llega con la oportunidad de escribir una línea muy poco habitual en la historia del Old Firm: dos victorias consecutivas ante Celtic en una misma semana. Solo ha ocurrido dos veces, en 1960 y 1998. El contexto añade una carga emocional enorme a un partido que ya de por sí lo tiene todo.

Derek McInnes también puede entrar en los libros del club. Si gana, igualará a Graeme Souness al imponerse en sus dos primeros derbis como entrenador de Rangers. No es un dato menor en un entorno donde cada detalle se recuerda durante décadas.

Mientras el debate táctico se enciende en tertulias y redes, McInnes opta por desinflar ese balón. “Creo que a veces se sobredimensiona un poco el tema de las tácticas”, lanzó. Para él, la clave está en otra parte: “Normalmente ganas partidos por los momentos individuales y porque el rendimiento de los jugadores es muy alto y muy fuerte”.

El técnico fue claro sobre lo que exige el escenario: “No ganas en Celtic Park a menos que todo el mundo juegue bien. Así que tenemos que intentar ofrecer algo similar y buscar de nuevo esas mejoras”.

El guion está escrito: un Celtic obligado a cortar la hemorragia antes de que el golpe psicológico se convierta en herida abierta, y un Rangers que huele sangre y persigue un pedazo de historia que solo se roza cada pocas generaciones. El derbi decidirá si la semana se recuerda en clave de crisis… o de consagración.