Mohammed bin Salman y su influencia en el fútbol: del superyate Serene a Cristiano Ronaldo
En 2015, un nombre empezó a aparecer en las páginas de sociedad, de economía y, poco después, de deporte: Mohammed bin Salman. No fue por un fichaje, ni por un gol en el último minuto. Fue por un barco.
Aquel año, el príncipe heredero saudí cerró en apenas medio día la compra del superyate Serene, de 134 metros de eslora, propiedad de un multimillonario ruso. Precio: 429 millones de euros, unos 550,7 millones de dólares. Una cifra propia de un mercado de fichajes… para un solo objeto de lujo.
El Serene no es un simple capricho flotante. Dos helipuertos, sala de cine, varias piscinas, sala de observación submarina y hasta una discoteca privada. Un palacio sobre el mar que marcó el tono de lo que vendría después: un estilo de vida sin límites y una ambición que terminaría chocando de frente con el fútbol mundial.
Palacios, cuadros y un estilo de poder
Ese mismo 2015, Mohammed bin Salman volvió a romper marcas. Más de 300 millones de dólares para hacerse con el Château Louis XIV, cerca de Versalles, una mansión considerada la residencia privada más cara del planeta.
La propiedad parece salida del siglo XVII, pero funciona como un dispositivo del siglo XXI. Arquitectura clásica francesa, pero con control climático integral, sistemas de iluminación y fuentes ornamentales que se manejan desde un iPhone. Bajo el foso, un acuario submarino inmersivo. Tradición en la fachada, alta tecnología en las entrañas.
Su huella en el mercado del arte también dejó titulares. El príncipe heredero es señalado como el comprador anónimo del Salvator Mundi de Leonardo da Vinci, subastado en 2017 por 450,3 millones de dólares, la cifra récord para una obra de arte. Otra vez, un precio que en el fútbol solo se imagina repartido entre varias estrellas de élite.
A sus 41 años, con una fortuna estimada en 25.000 millones de dólares según House of Saud, Mohammed bin Salman no solo acumula símbolos de poder. Los utiliza como plataforma. Y el siguiente escenario fue el deporte.
Del Vision 2030 al vestuario: el desembarco en el fútbol
El príncipe heredero preside el Public Investment Fund (PIF), el fondo soberano de Arabia Saudí. Desde ahí impulsa una estrategia clara: diversificar la economía del país a través del deporte y el entretenimiento dentro del proyecto Vision 2030.
El movimiento clave llegó en 2023. El PIF tomó el control mayoritario de cuatro clubes fundadores de la Saudi Pro League: Al Nassr, Al Hilal, Al Ittihad y Al Ahli. Con ese respaldo financiero, Al Nassr pudo lanzarse a por Cristiano Ronaldo. El fichaje del portugués no solo cambió la cara del club; abrió una compuerta.
Tras Ronaldo, una oleada de estrellas internacionales empezó a aterrizar en el campeonato saudí. El mensaje era evidente: la liga dejaba de ser un destino exótico y se convertía en uno de los grandes centros de poder económico del fútbol.
La expansión no se quedó en casa. En 2021, el PIF completó la adquisición de Newcastle United en la Premier League. Un histórico inglés, con una afición masiva y un potencial deportivo enorme, pasaba a formar parte del entramado futbolístico del príncipe heredero. Desde entonces, cada movimiento del club se analiza también a través del prisma geopolítico y financiero de Riad.
Una red de poder que atraviesa el deporte
La influencia de Mohammed bin Salman no se limita a los despachos del fútbol. Su agenda cruza política, tecnología y espectáculo. Entre sus contactos figuran el entonces presidente de Estados Unidos Donald Trump, magnates tecnológicos como Mark Zuckerberg y Elon Musk, y actores de Hollywood como Johnny Depp, Morgan Freeman o Lindsay Lohan.
Ese círculo de relaciones refuerza el peso de cada decisión que toma el PIF en el deporte. Un contrato, un patrocinio, una compra de club: todo se enmarca en una red de poder global que utiliza el fútbol como escaparate privilegiado.
En una entrevista con la cadena CBS, el propio príncipe heredero dejó clara su visión de sí mismo y de su estilo de vida: “En lo que respecta a mis gastos privados, soy una persona rica y no una persona pobre. No soy Gandhi ni Mandela. Soy miembro de la familia gobernante que existía cientos de años antes de la fundación de Arabia Saudí”. Sin matices, sin disfrazar el lujo.
Lujo bajo amenaza: búnkeres y misiles
Esa vida de opulencia, sin embargo, se mueve hoy bajo una sombra distinta: la seguridad. Según The Wall Street Journal, una reciente ola de ataques con drones y misiles de las fuerzas hutíes ha puesto en el punto de mira aeropuertos e infraestructuras petroleras en Riad, además de amenazar rutas marítimas comerciales en el mar Rojo.
Ante ese escenario, el príncipe heredero ha trasladado sus operaciones diarias a palacios fortificados, equipados con refugios subterráneos blindados. El contraste es evidente: de los helipuertos del Serene a los búnkeres bajo tierra.
Mientras los millones del PIF siguen remodelando el mapa del fútbol, la figura que sostiene ese proyecto se mueve ahora entre blindajes y amenazas regionales. La pregunta, inevitable, es cuánto tiempo podrá seguir creciendo este imperio futbolístico en un tablero geopolítico cada vez más inestable.
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