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Marruecos busca su primera victoria en 2026 ante Escocia

Cuatro años después de tocar el cielo con un cuarto puesto histórico en 2022, Marruecos sigue sin saborear el triunfo en el Mundial de 2026. El estreno dejó sensaciones encontradas: personalidad, competitividad… pero solo un punto.

El equipo de Mohamed Ouahbi golpeó primero ante Brasil con un gol de Ismael Saibari, pero un zarpazo de Vini Jr. en el minuto 32 apagó el sueño de un debut perfecto y obligó a los Leones del Atlas a conformarse con un empate que sabe a poco para una selección que ya se mira de tú a tú con la élite.

Ahora llega Escocia. Y no es un simple segundo partido de grupo. Es una cita que puede marcar el rumbo del torneo para ambos.

Un duelo con aroma a cruce directo

Escocia aterriza en Foxborough como líder del Grupo C tras imponerse a Haití en su estreno. Para un país que jamás ha superado una fase de grupos en sus ocho participaciones mundialistas, el contexto es claro: puntuar ante Marruecos significaría acercarse como nunca a los octavos.

Para Marruecos, el mensaje es aún más contundente: ganar o meterse en un terreno resbaladizo antes de la última jornada. La grada también jugará su partido. Se espera una marea de aficionados escoceses en el Gillette Stadium, una “Tartan Army” ruidosa y masiva que intentará convertir Massachusetts en Glasgow por una noche.

Ahí entra el carácter de este grupo marroquí, acostumbrado a ambientes hostiles y a noches grandes. Ya lo demostró en 2022. Ahora debe repetirlo en 2026.

El once que perfila Ouahbi

Marruecos no necesita inventar nada. Necesita reconocerse. Y todo apunta a que Ouahbi apostará por un bloque continuista, con jerarquía en defensa y talento entre líneas.

Bajo palos, la portería tiene dueño: Bono será de nuevo el guardián marroquí, referencia absoluta del equipo y voz de mando desde atrás.

En defensa, un cuarteto con recorrido y personalidad: Achraf Hakimi, Issa Diop, Chadi Riad y Noussair Mazraoui forman una línea capaz de mezclar agresividad en el duelo con salida limpia de balón. Hakimi y Mazraoui ofrecen profundidad y amenaza constante por fuera; Diop y Riad, físico y lectura de juego en el corazón del área.

Por delante, un doble pivote joven pero con pies de veterano: Ayyoub Bouaddi y Neil El Aynaoui están llamados a dar equilibrio, robar alto cuando el equipo presione y, sobre todo, conectar con la línea de mediapuntas. Si ellos mandan en la zona ancha, Marruecos mandará en el partido.

Ahí aparece el talento: Brahim Diaz, Azzedine Ounahi y Bilal El Khannouss forman una tripleta creativa capaz de cambiar un partido con una pared, un giro o un pase filtrado. Brahim, con su pausa y desequilibrio; Ounahi, con su zancada y clarividencia; El Khannouss, con su lectura entre líneas. Si encuentran espacios entre la zaga escocesa y sus mediocentros, el encuentro puede romperse a favor de los africanos.

Arriba, el hombre del momento: Ismael Saibari, autor del gol ante Brasil, se perfila como referencia ofensiva. Su movilidad para caer a bandas, recibir de espaldas y atacar el área le convierte en algo más que un simple “9”. Es el primer defensor y la primera chispa de cada ataque.

Es, en esencia, un once que mezcla memoria reciente —el carácter competitivo heredado de 2022— con una nueva camada que quiere escribir su propio capítulo.

Un calendario que no perdona

El margen de error es mínimo. Tras Escocia, espera Haití, en un duelo que, dependiendo de lo que ocurra en Foxborough, puede ser una final encubierta o una oportunidad para rematar el trabajo.

El camino de Marruecos en esta fase de grupos sigue así:

  • Marruecos vs. Escocia, 19 de junio, Gillette Stadium (Massachusetts)
  • Marruecos vs. Haití, 24 de junio, Mercedes-Benz Stadium (Atlanta)

Dos estadios icónicos, dos escenarios muy distintos, un mismo objetivo: estar en el bombo de los cruces.

Una lista para competir con cualquiera

La convocatoria marroquí respira ambición y profundidad. En la portería, junto a Bono, esperan su oportunidad Munir El Kajoui (RS Berkane) y Ahmed Reda Tagnaouti (AS FAR), garantía de competencia interna.

En defensa, Ouahbi cuenta con variedad de perfiles: Noussair Mazraoui (Manchester United), Anass Salah-Eddine (PSV), Youssef Belammari (Al Ahly), Nayef Aguerd (Marseille), Chadi Riad (Crystal Palace), Issa Diop (Fulham), Redouane Halhal (Mechelen), Achraf Hakimi (PSG), Zakaria El Ouahdi (Genk) y Marwane Saâdane (Al Fateh). Aguerd, eso sí, ya ha sido reemplazado por Saâdane, un ajuste obligado que no reduce el nivel competitivo de la zaga.

En el centro del campo, músculo, energía y criterio: Samir El Mourabet (Strasbourg), Ayyoub Bouaddi (Lille), Neil El Aynaoui (Roma), Sofyan Amrabat (Real Betis), Azzedine Ounahi (Girona), Bilal El Khannouss (Stuttgart) y Ismael Saibari (PSV) ofrecen un abanico que permite cambiar el guion del partido desde el banquillo: más control, más ida y vuelta o más llegada desde segunda línea.

En ataque, alternativas para todos los registros: Abde Ezzalzouli (Real Betis), Chemsdine Talbi (Sunderland), Soufiane Rahimi (Al Ain), Ayoub El Kaabi (Olympiacos), Brahim Diaz (Real Madrid), Gessime Yassine (Strasbourg), Ayoube Amaimouni (Eintracht Frankfurt) y Amine Sbaï (Angers). Ezzalzouli fue sustituido en la lista por Sbaï, que llega con hambre y la oportunidad de hacerse un hueco en un frente ofensivo muy competitivo.

Es una plantilla pensada para resistir ritmos altos, responder a contextos cambiantes y sostener la exigencia de un Mundial largo.

La pregunta ya no es si Marruecos puede competir. Eso quedó respondido hace cuatro años. La cuestión, en Foxborough, es otra: ¿dará este grupo el paso definitivo para que un empate ante Brasil no sea un techo, sino solo el punto de partida?