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Manchester City acuerda 100 millones por Ayyoub Bouaddi

El Manchester City ha dado otro golpe mayúsculo en el mercado. El club inglés ha alcanzado un acuerdo de principio valorado en 100 millones de euros (85,6 millones de libras) para fichar al joven centrocampista de 18 años de Lille, Ayyoub Bouaddi, internacional con Marruecos.

Según se había adelantado esta semana, las conversaciones entre ambos clubes ya estaban muy avanzadas. Ahora, el pacto está cerrado a nivel de clubes: Bouaddi se unirá al equipo de Enzo Maresca una vez complete los últimos trámites para su esperado desembarco en Inglaterra.

Lille aceptará un pago inicial de 81,4 millones de libras, más 4,2 millones en variables. Una cifra de estrella consolidada por un futbolista que todavía no ha cumplido los 19. El City no ha dudado.

Reconstrucción total del centro del campo

La operación encaja en una reconfiguración profunda del mediocampo del campeón inglés. El club ha vendido a Rodri al Barcelona por 65 millones de libras y a Tijjani Reijnders al Al-Qadsiah saudí por 52 millones. Dos salidas de peso en una zona clave del campo.

La respuesta ha sido inmediata. El City ha convertido la medular en prioridad absoluta y se ha lanzado a por talento joven y de alto techo. Antes de Bouaddi, ya había llegado el inglés Elliot Anderson desde Nottingham Forest por 116 millones de libras, otra apuesta contundente para el futuro inmediato del equipo.

El interés no se detiene ahí. El City mantiene en su radar a Enzo Fernández, actualmente en el Chelsea. La intención es clara: sumar otro centrocampista de élite. Lo que no está claro todavía es si el club londinense abrirá la puerta a una negociación en condiciones asumibles.

Un mensaje al mercado

Con Bouaddi, el City paga precio de presente por un futbolista de futuro. Un internacional marroquí adolescente, fichado por una cifra que lo sitúa de golpe en el escaparate mundial.

El proyecto de Maresca toma forma a base de decisiones contundentes. Salen referentes, llegan jóvenes de talento descomunal. El riesgo es evidente. La ambición, también.