London City demuestra su potencial en el debut de la WSL
La noche en la que Londres confirmó el rumor
Si quedaba alguna duda de que el mensaje sobre lo que está construyendo London City este verano ya había corrido por toda la ciudad, el lleno absoluto y de récord en la capital inglesa la despejó de un plumazo. Las entradas volaron para ver de cerca a Putellas, para comprobar qué tal se estrenaba una leyenda como Earps en su nueva casa. Pero el espectáculo acabó siendo otro: un equipo reconocible, agresivo y sorprendentemente cohesionado para lo pronto que es.
Putellas cumplió con nota en su debut competitivo con el club. Sin Earps, que arrancó desde la banda, fue Elene Lete quien estuvo a segundos de firmar el primer arco en cero de la temporada en la WSL, hasta que Simi Awujo la batió en el minuto 100 y arruinó la estadística en el último suspiro.
El brillo, sin embargo, se repartió por todo el campo. Grace Geyoro estuvo encendida, omnipresente, dejando la sensación de que su discreta primera campaña tras aquel fichaje de récord mundial fue un accidente, no la norma. A su lado, Alanna Kennedy, incrustada en un centro del campo de nombres rutilantes junto a Geyoro y Putellas, justificó por qué es ella quien completa el trío: su presión asfixiante provocó el temprano gol en propia puerta de Julia Zigiotti Olme y marcó el tono del partido.
Por fuera, Rosa Kafaji fue un dolor de cabeza constante. La atacante, que busca relanzar su carrera tras su fallido paso por Arsenal, desbordó, encaró y obligó a Manchester United a vivir en alerta permanente. En la otra banda, Delphine Cascarino, elegida Jugadora del Partido por Sky Sports, destrozó la derecha con sus carreras y su cambio de ritmo, mientras Lucia Corrales hacía estragos similares por la izquierda. Dos cuchillos abiertos en canal.
Y todavía quedaba más. Isa Kardinaal se mostró imperial junto a Leon en el eje de la zaga, con la salida de balón de su compañera destacando cada vez que London City superaba la primera línea de presión. Por delante, Danielle van de Donk interpretó a la perfección el rol de falsa nueve: se movió entre líneas, arrastró marcas, conectó líneas y dejó una delicada asistencia de tacón para firmar el 2-0, una acción que resumió la fluidez ofensiva del equipo.
El plan de Eder Maestre, nombrado entrenador jefe en el parón invernal de la pasada campaña, empieza a verse con nitidez. Kennedy lo explicaba en pretemporada en una charla con GOAL: adaptarse a algo nuevo a mitad de curso fue “un poco disruptivo”, pero ese tiempo extra de trabajo conjunto se nota. El viernes se vio un bloque que entiende qué quiere su técnico y que, sobre todo, lo ejecuta con convicción.
La presión coordinada sobre la salida de balón de Man Utd, las conexiones en corto y en largo cuando tenían la posesión y el movimiento sin balón para abrir líneas de pase dibujaron un equipo trabajado, con automatismos claros. No fue una noche de chispazos individuales. Fue una demostración coral de lo que puede ser este proyecto cuando todas las piezas encajan.
Del otro lado, el contraste fue evidente. El partido dejó al descubierto cuánto camino le queda aún por recorrer a United bajo las órdenes de Olid, que apenas lleva un mes en el cargo. El once inicial solo incluía a un fichaje nuevo, pero la falta de sincronía fue llamativa.
Parte del problema pasa por la idea y el sistema que intenta implantar la entrenadora. Sus laterales, en particular, están en plena fase de adaptación. La propia Olid reconocía esta semana que sus conceptos han supuesto “un reto” para ellas, algo “un poco diferente” a lo que venían haciendo. Y se notó: por momentos costaba identificar si United defendía con línea de tres o de cuatro, con Andrea Medina –la única cara nueva en el once– y Anna Sandberg todavía construyendo una relación en el costado izquierdo. Jayde Riviere, habitualmente un puñal por la derecha, apareció contenida, casi atada.
A ese lío táctico se sumó la ejecución. Demasiados controles defectuosos, decisiones equivocadas con el balón y pérdidas en zonas comprometidas. Phallon Tullis-Joyce tuvo que multiplicarse para evitar un marcador más abultado y sostener a las Red Devils cuando el partido amenazaba con romperse del todo. “Las jugadoras estaban nerviosas, sin confianza. Eso no somos nosotras”, admitió Olid ante las cámaras de Sky Sports.
La sensación que dejó la noche es difícil de ignorar: a corto plazo, son las London City Lionesses las que parecen mejor armadas para incomodar a Manchester City, Chelsea y Arsenal en la pelea por las plazas de Champions. El discurso del vestuario, aun así, rebaja la euforia. “Ni siquiera conocemos todavía nuestro mejor nivel”, avisó Van de Donk en Sky Sports tras el pitido final. “No hemos jugado tanto juntas. Ojalá haya todavía más por venir. Tenemos mucho por mejorar”.
El mensaje es claro: este equipo ya compite como bloque y, al mismo tiempo, siente que solo está rascando la superficie de su techo.
Para United, el horizonte se dibuja más áspero. El club asume que el proceso será largo, con una temporada que puede hacerse pesada mientras las jugadoras asimilan la nueva propuesta. La apuesta, sin embargo, es de fondo. La pregunta es si la paciencia y los resultados aguantarán hasta que ese plan, por fin, empiece a parecerse a lo que London City ya mostró en una sola noche.
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