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Liverpool cierra una temporada decepcionante: Slot asume errores en defensa del título

Liverpool cerró una temporada extraña, pesada, con un 1-1 ante Brentford que retrató a la perfección su curso: buenas intenciones, escaso colmillo y demasiadas heridas abiertas. El quinto puesto en la Premier League, lejos de la pelea real por el título, certifica una defensa del campeonato que se quedó corta en casi todos los frentes.

Para Arne Slot, la noche fue algo más que el final de una liga decepcionante. Fue, también, una especie de confesión pública.

Slot baja el tono: “No hemos sido perfectos”

El técnico neerlandés no se escondió al valorar un año que se le fue deshilachando entre decisiones discutidas, lesiones interminables y un vestuario golpeado en lo emocional.

«No es lo que me hubiera gustado que lográsemos esta temporada antes de empezar, pero teniendo en cuenta todo lo que nos ha pasado, estoy contento de que nos hayamos clasificado para la Champions League», admitió Slot, consciente de que el listón en Liverpool siempre está más arriba que un simple cuarto puesto… y esta vez fue quinto.

El entrenador fue un paso más allá, asumiendo que su mano no siempre marcó el camino correcto.

«Nosotros, yo, no hemos sido perfectos», reconoció. «Pero habría respondido exactamente lo mismo el año que ganamos la liga, porque un entrenador nunca puede ser perfecto, un jugador nunca puede ser perfecto. Todas las decisiones que he tomado han sido con una sola idea: estar muy bien preparados».

La frase siguiente sonó casi como una autocrítica directa a su gestión: «No todas las decisiones pueden ser las correctas, sería estúpido decir que todas lo fueron. Antes de tomarlas, siempre sentí que eran las adecuadas. Pero muchas veces ni siquiera tuve que elegir».

Ahí, en esa última reflexión, apareció una de las grandes coartadas del curso: las lesiones. Pero la temporada de Liverpool no se explica solo con partes médicos.

El caso Salah, una herida que no cicatrizó

El 1-1 ante Brentford no fue el adiós soñado para Mohamed Salah ni para Andy Robertson. El egipcio, que se marcha del club tras negociar su salida a pesar de tener un año más de contrato, vivió una despedida fría, casi incómoda, en un estadio que no olvida ni su legado ni el ruido de los últimos meses.

La gestión de Salah quedará marcada en la memoria de esta campaña. Su suplencia en noviembre y diciembre, en plena racha catastrófica de nueve derrotas en doce partidos, desató un incendio interno y externo. El delantero llegó a criticar públicamente a Slot, lo que derivó en una especie de sanción encubierta de un partido. A partir de ahí, la relación se quebró y el final de su etapa en Anfield se aceleró.

La sensación es clara: el manejo del gran símbolo del proyecto pudo ser diferente. Y Slot lo sabe, aunque no lo diga con todas las letras.

No fue el único foco de debate. La insistencia del técnico en varios jugadores muy por debajo de su nivel y su resistencia a dar protagonismo al precoz Rio Ngumoha hasta que prácticamente no le quedó otra opción, abren un capítulo que, con el tiempo, se revisará con lupa.

Golpes emocionales, lesiones sin tregua

Antes de que la pelota echara a rodar, el vestuario recibió un golpe imposible de cuantificar. La muerte de Diogo Jota en un accidente de tráfico, en la víspera de la pretemporada, dejó una cicatriz profunda. El impacto emocional, por más que no aparezca en las estadísticas, condicionó el ambiente, las energías y la capacidad de reacción del grupo.

Lo que sí se puede medir es el calvario físico. El fichaje récord británico, Alexander Isak, se perdió 28 partidos y solo pudo ser titular en ocho encuentros de Premier League. Alisson Becker faltó en 20 duelos. El lateral derecho titular, Conor Bradley, se quedó fuera en 32. Jeremie Frimpong se ausentó en 19 y Wataru Endo en 18. El joven central Giovani Leoni, de 19 años, solo pudo disputar 81 minutos en su debut antes de decir adiós a la temporada.

Slot lo resumió con una sola palabra: «Si tuviera que describir esta temporada con una palabra, sería ‘lesión’».

La frase, aunque cierta, no tapa el resto de grietas. Pero ayuda a entender por qué Liverpool pasó de campeón a equipo que se conforma con asegurar la Champions League.

Un empate que resume una temporada

El partido ante Brentford tuvo un guion reconocible. Anfield miraba a Salah, pendiente de cada toque, de cada gesto. El egipcio, al menos, dejó una última huella estadística: una asistencia para el gol de Curtis Jones, que abrió el marcador y encendió el estadio.

La ventaja duró seis minutos. Kevin Schade apareció para cabecear el 1-1 y devolver a la realidad a un Liverpool que esta temporada ha vivido instalado en ese tipo de golpes: domina, golpea, pero no mata. Y lo paga.

El resultado no solo arruinó la despedida soñada de varias figuras; también dejó a Brentford a las puertas de algo histórico. Una victoria habría dado al equipo su primera clasificación europea. No llegó, pero el club puede presumir de un noveno puesto que su técnico, Keith Andrews, valoró como un paso adelante.

«Demuestra que somos un buen club de fútbol», dijo. «No se debe dar por sentado acabar en la mitad alta. Podrías preguntarle a muchos clubes que ahora están en Championship y que se adelantaron a sí mismos. El hecho de haberlo logrado dos años seguidos es bastante especial».

Brentford se marcha con la sensación de crecimiento. Liverpool, con la certeza de que este quinto puesto sabe a poco.

La próxima temporada traerá Champions League y, con ella, una exigencia mayor. Slot ya ha admitido que no siempre acertó. La cuestión, ahora, es si aprenderá lo bastante rápido como para que Anfield no vuelva a vivir una defensa del título tan gris como esta.

Liverpool cierra una temporada decepcionante: Slot asume errores en defensa del título