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Liverpool empata ante Forest: preocupaciones tras el partido

Alexander Isak salió de Anfield con un gol, un punto… y un aviso. El 2-2 ante Forest dejó al sueco inquieto más que satisfecho. La reacción final del Liverpool evitó la derrota, pero para el delantero no basta con tirar de orgullo cada fin de semana. No si el club pretende estar a la altura de sus ambiciones esta temporada.

El empate prolonga la espera por la primera victoria liguera de la era Iraola. Y con cada jornada que pasa, la transición táctica en Merseyside se siente un poco más tensa.

Un Liverpool que reacciona tarde

El arranque fue plano, frío, muy lejos del vértigo que promete el nuevo técnico. El equipo de Iraola nunca terminó de encontrar el ritmo en los primeros minutos y Forest olió sangre. Dan Ndoye castigó esa apatía a mitad de la primera parte y silenció Anfield con el 0-1.

El golpe obligó al Liverpool a despertar. La grada empujó, el equipo adelantó líneas y, poco a poco, el partido se inclinó hacia la portería visitante. La recompensa llegó alrededor de la hora de juego: Isak apareció donde viven los grandes nueves, definió con frialdad y devolvió algo de vida al estadio.

La euforia duró un suspiro.

Forest respondió casi de inmediato. Un penalti transformado por Morgan Gibbs-White devolvió la ventaja a los visitantes y expuso de nuevo una de las grandes grietas del Liverpool actual: la incapacidad para controlar los partidos justo después de golpear.

Isak no lo escondió al micrófono de TNT Sports. Para él, el problema no es la actitud: «Creo que no hay problema con el espíritu de lucha y el nunca rendirse. Creo que lo mostramos también la semana pasada. Obviamente empezamos el partido bastante mal hoy también. Cuando ganamos impulso con el gol, es ahí donde tenemos que ser mejores, porque otra vez hoy encajamos bastante rápido después de eso».

La descripción es cruda. Y encaja con lo que se vio sobre el césped.

El peso del ‘9’ en la nueva era

El sueco ha heredado un rol enorme: ser la referencia del ataque en pleno cambio de ciclo. Lo sabe y no se esconde. Cuando le preguntaron si siente más responsabilidad esta temporada, fue directo: «Sí, por supuesto. Ese es el trabajo, al final, como delantero. Obviamente estoy muy feliz por marcar el primero y ojalá sigan llegando».

Su discurso, sin embargo, se aleja de cualquier celebración personal. No habló de objetivos individuales, ni de cifras, ni de récords: «No realmente. Creo que cada delantero quiere marcar en cada partido que juega».

Su gol no le sirvió de consuelo. El punto tampoco. Lo que le preocupa es la fragilidad del equipo en los momentos clave, esa sensación de que el Liverpool necesita un esfuerzo titánico para volver a un partido y, justo cuando lo consigue, se lo arrebatan de las manos.

Iraola, la exigencia y el tiempo

El aterrizaje de Andoni Iraola en Anfield ha abierto un debate permanente entre los aficionados: cuánto tiempo necesita el equipo para asimilar un estilo tan agresivo y qué peajes va a pagar por el camino. El técnico español, que se ganó prestigio en Bournemouth y Rayo Vallecano, exige una disciplina táctica muy específica. Presión alta, ritmo constante, líneas juntas. De momento, la idea aparece a ratos, pero no se sostiene durante noventa minutos.

Isak reconoce ese proceso de adaptación: «Ha estado bien. Siempre se necesita tiempo para acostumbrarse a un nuevo estilo de juego y a un nuevo entrenador. Pero estamos trabajando muy duro para intentar jugar el juego que él quiere que juguemos y creo que, cuando empecemos a hacerlo mejor, no tengo dudas de que llegarán los resultados».

El mensaje es de confianza, sí, pero también de urgencia implícita. La Premier League no espera. Y el calendario tampoco va a regalar demasiado margen.

Anfield aprieta, la defensa sufre

En medio de la confusión táctica y los altibajos del equipo, hubo un elemento que no falló: la grada. El regreso a Anfield ofreció de nuevo un entorno eléctrico, incluso cuando el equipo no encontraba su mejor versión. Isak lo subrayó con una sonrisa visible: «Fue increíble. Creo que nuestros aficionados estuvieron increíbles. Muy feliz de estar de vuelta en casa y no puedo esperar para volver aquí otra vez».

El apoyo no se discute. Lo que sí se discute, y mucho, es la solidez defensiva. El Liverpool sufre a la contra, concede demasiado en transiciones y obliga a su delantera a vivir en un permanente ejercicio de rescate. Si el equipo quiere exprimir de verdad el talento de su línea ofensiva, tendrá que blindar una zaga que hoy parece demasiado expuesta al mínimo error.

En unos días espera Ipswich Town, fuera de casa. Un escenario menos glamuroso que Anfield, pero quizá perfecto para una pregunta que empieza a hacerse grande: ¿cuánto tardará este Liverpool de Iraola en parecerse al que Isak imagina cuando habla de resultados… y no solo de espíritu?