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Inter rechaza oferta de 40 millones por Stankovic

El Inter ha decidido plantar cara al mercado. Y lo ha hecho cerrando de golpe una puerta que muchos en el club sabían tentadora, pero también peligrosa.

La joya en cuestión es Stankovic. El serbio regresó este verano a Milán después de una temporada deslumbrante en el Club Brugge, donde fue pieza clave en la conquista de la Jupiler Pro League y se llevó el premio a Mejor Jugador Joven del campeonato belga. Ese rendimiento encendió las alarmas en media Europa. Y una de las ofertas más contundentes llegó desde la Premier League.

Un “no” rotundo a 40 millones

Según informa La Gazzetta dello Sport, el Brentford puso sobre la mesa 40 millones de euros. Una cifra que, en un contexto de balances delicados, habría hecho dudar a más de uno. En el Inter, no.

La respuesta fue inmediata y unánime: el club, el propio jugador y la familia Stankovic coincidieron en un “no, gracias” sin matices. Nada de negociaciones largas, nada de subasta. El mensaje fue claro: el serbio no está en venta.

Detrás de esa decisión hay algo más que romanticismo o fe ciega en el talento joven. Hay un plan.

Chivu ya tiene su brújula para el medio

Chivu lleva toda la pretemporada moldeando un Inter con un centro del campo de cinco hombres en el que cada pieza tiene una función milimetrada. En ese tablero, Stankovic está siendo preparado para un rol muy concreto: ser el primer recambio de Hakan Calhanoglu.

El turco se ha convertido en el metrónomo del equipo, el hombre que baja a recibir, organiza y marca los tiempos desde la base de la jugada. Encontrarle un sustituto fiable ha sido una obsesión del cuerpo técnico. Se probó con Piotr Zielinski, con Henrikh Mkhitaryan, incluso con Nicolo Barella en esa posición de director de juego retrasado. Ninguno terminó de encajar del todo.

Ahí entra Stankovic. Técnico, seguro con el balón, disciplinado tácticamente. Un perfil que encaja de forma natural en lo que pide Chivu para esa zona del campo. Quienes siguen el día a día en la ciudad deportiva hablan de una confianza “incondicional” del entrenador en el joven centrocampista.

Mantenerlo en la plantilla no es solo una apuesta de futuro. Es una póliza de seguro para una temporada larga, con varios frentes abiertos y poco margen para improvisar en una posición tan delicada.

El efecto dominó en el mercado

Ese “no” al Brentford, sin embargo, no es un movimiento aislado. Tiene consecuencias en el resto del puzzle.

El Inter sigue muy atento a la situación de Curtis Jones. Chivu admira al inglés por su energía, su capacidad para llegar a las dos áreas y su versatilidad para ocupar distintas alturas en el mediocampo. Lo ve como un encaje ideal para elevar aún más el nivel competitivo de la plantilla.

El problema es evidente: el centro del campo está lleno. Con Stankovic blindado y otros pesos pesados aún en el vestuario, cualquier incorporación en esa zona obliga a pensar en salidas. Y, por ahora, nadie importante se ha movido.

Mientras las piezas del mediocampo se recolocan a cámara lenta, el foco deportivo se desplaza hacia atrás.

Romero, la pieza que falta en la defensa

En defensa, el Inter apunta alto. Muy alto. El objetivo es Cristian Romero, al que en el club ven como la pieza final del engranaje para competir sin complejos en Europa. Agresividad, liderazgo, experiencia al máximo nivel: el perfil que completa una línea defensiva con aspiraciones de élite.

Giuseppe Marotta y Piero Ausilio ya han hecho el trabajo más pesado con el Tottenham Hotspur. Las informaciones apuntan a que hay acuerdo entre clubes por el traspaso, un obstáculo mayúsculo que ya estaría superado.

El problema ahora no es el precio, sino el salario.

Romero pide en torno a 7 millones de euros por temporada. En el vestuario, Benjamin Pavard cobra alrededor de 5. La directiva sabe que romper la escala salarial sin cuidado puede encender comparaciones, reclamaciones y tensiones internas. Y en un grupo que aspira a títulos, el equilibrio del vestuario pesa casi tanto como el talento.

El resultado es un punto muerto temporal. El jugador aprieta por sus condiciones, el Inter mide cada paso para no dinamitar su estructura de sueldos.

Paciencia estratégica… a la espera del movimiento grande

La fotografía actual del Inter es la de un club que ha decidido no malvender a sus jóvenes más prometedores, como demuestra el caso Stankovic, pero que no renuncia a pelear por nombres consolidados como Jones o Romero.

Esa ambición tiene un coste: los números. El atasco en las negociaciones por el salario de Romero y la sobrepoblación en el centro del campo apuntan a un desenlace casi inevitable. Para que entren esas piezas de lujo, alguien importante puede tener que salir.

Las últimas semanas de mercado se presentan como un ejercicio de equilibrio fino entre ambición deportiva y contención económica. El Inter ya ha dejado claro que no regalará su futuro. Falta por ver qué precio está dispuesto a pagar, y a quién está dispuesto a sacrificar, para apuntalar definitivamente un proyecto que quiere volver a mirar de frente a la élite europea.