Inglaterra y Escocia: La fiebre del segundo partido y el desafío ante Brasil
La fiebre del segundo partido atrapa a Inglaterra mientras Escocia se prepara para un examen brasileño de gigante
La tercera jornada de la fase de grupos del Mundial se abre paso entre cuentas pendientes y nervios a flor de piel. Inglaterra se atascó ante Ghana. Escocia mira de frente a Brasil. Y, entre medias, el torneo empieza a enseñar los dientes.
Inglaterra, atrapada en su propio patrón
En Boston, Inglaterra se marchó con un 0-0 contra Ghana que supo a poco y sonó a aviso. No hubo gol, no hubo clasificación matemática para los octavos, sí hubo una sensación conocida: la de un segundo partido que se enreda.
Jude Bellingham, elegido mejor jugador del encuentro, puso nombre al déjà vu: “fiebre del segundo partido”. No es un capricho estadístico. Es ya el cuarto empate consecutivo de Inglaterra en el segundo choque de un gran torneo, una racha que arranca en la Eurocopa 2020 y que dibuja un patrón incómodo para una selección que aspira a todo.
El mediocampista, lejos de dramatizar, pidió “asumirlo y tirar hacia adelante” de cara al cierre del grupo ante Panamá. El mensaje es claro: aprender rápido, no recrearse en el tropiezo y resetear para volver a ganar el sábado.
El plan pasa también por gestionar piernas y nervios. Declan Rice salió cojeando, con la pierna vendada al abandonar el estadio, y Reece James terminó con el depósito al límite tras disputar los 90 minutos. Ambos serán evaluados antes del duelo ante Panamá. La BBC apunta a que no hay preocupación a largo plazo con Rice, pero no se descarta descanso. El riesgo añadido: el centrocampista vio la primera amarilla de Inglaterra en el torneo y se queda a una tarjeta de perderse el cruce de octavos por sanción.
Harry Kane, mientras tanto, vive el otro lado del Mundial del delantero: la noche en la que el balón no quiere entrar. Falló en el tramo final una ocasión que suele convertir “nueve de cada diez veces”, según sus propias palabras. No piensa flagelarse por ello. El capitán insiste en que no siente una “sobrecarga” de responsabilidad y rechaza la idea de una Inglaterra dependiente de su nueve. Eberechi Eze, uno de los que mejor leyó el partido ante Ghana, coincide: Kane marca tanto que parece que todo pasa por él, pero el vestuario confía en la variedad ofensiva del grupo.
Fuera del césped, el empate dejó cola. En España se asegura que Paraguay ha presentado una protesta formal ante la FIFA por el trato arbitral a Bellingham. El inglés fue captado tapándose la boca mientras hablaba con Jordan Ayew, sin recibir sanción. El contraste con la roja mostrada a Miguel Almirón por un gesto similar ante Turkiye ha encendido la queja paraguaya por falta de coherencia en la aplicación de la nueva norma.
La FIFA también se ve presionada por otro frente: las condiciones del torneo. Gianni Infantino ha abierto la puerta a mantener las pausas de hidratación más allá de este Mundial, mientras el organismo admite que las últimas jornadas de grupos podrían no disputarse en horario simultáneo si el clima obliga a retrasos, un escenario que reabre fantasmas de manipulaciones como la célebre “desgracia de Gijón” de 1982.
Ronaldo despierta y Portugal se afila
Mientras Inglaterra se enreda, otro gigante del fútbol mundial decidió levantar la voz. Cristiano Ronaldo firmó un doblete en el 5-0 de Portugal ante Uzbekistán y proclamó que está “de vuelta”. El mensaje no iba sólo al marcador: llegaba también a los críticos que le pedían paso al banquillo tras su gris estreno ante RD Congo.
Bruno Fernandes, cerebro y capitán del Manchester United, no lo esconde: en el vestuario sienten alivio. Ronaldo sigue siendo el gran referente ofensivo de la selección y verle marcar refuerza el ánimo de todos. Fernandes, asistente en el segundo tanto del delantero, lo resumió sin rodeos: necesitan que su capitán vea puerta, y lo ha hecho.
Portugal cerrará su grupo en Miami ante Colombia con el liderato en juego. El tono del equipo, y de Ronaldo, apunta a una selección que no quiere reservar nada.
Escocia, Brasil y una noche para cambiar la historia
Si hay una hinchada que está disfrutando este Mundial como si fuera una gira de rock, esa es la escocesa. El Tartan Army ha tomado Miami con kilts, gaitas y cerveza, llenando playas y calles antes de un partido que puede marcar una generación: Escocia contra Brasil, a vida casi o muerte.
La selección de Steve Clarke llega herida y al mismo tiempo viva. Sufrió para imponerse 1-0 a Haití y se vio golpeada de inmediato por Marruecos, que marcó a los 70 segundos el único tanto del encuentro. Esa derrota ajustada, sin embargo, mantiene a Escocia en la pelea. El cálculo es sencillo en la teoría, brutal en la práctica: puntuar ante la pentacampeona o, si se pierde, que sea por la mínima para no dinamitar la diferencia de goles.
Las cuentas son claras. Ganar a Brasil metería a Escocia en octavos y hasta podría darle el liderato del grupo si Marruecos tropieza ante Haití. El empate, que elevaría a cuatro los puntos de los de Clarke, casi garantizaría el billete como uno de los mejores terceros. Incluso una derrota por un solo gol, que dejaría a Escocia con tres puntos y un -1 en la diferencia de tantos, podría servir para colarse entre los mejores terceros, aunque ya al filo de la navaja y pendiente del resto de grupos.
Al otro lado, Brasil llega avisada. Carlo Ancelotti, que conoce bien el fútbol británico, no se fía lo más mínimo. Define a Escocia como un equipo “de calidad, luchador y bien organizado”, con nombres como Scott McTominay y John McGinn como estandartes de experiencia. El técnico italiano no cree en partidos sencillos en un Mundial y así se lo ha transmitido a su vestuario.
La gran noticia para la ‘Canarinha’ es el regreso de Neymar. El astro, lastrado hasta ahora por un problema en el gemelo, ha completado una buena semana de entrenamientos y está listo para jugar, ya sea medio tiempo o los 90 minutos. Ancelotti celebra su vuelta por lo que aporta en talento, experiencia y jerarquía. La cruz es la baja de Raphinha, lesionado en el isquiotibial en el 3-0 ante Haití.
En las gradas, la policía local y los responsables de seguridad no escatiman elogios. Igual que sucedió en Boston, donde los 30.000 aficionados ingleses vivieron un 0-0 sin incidentes ante Ghana, las autoridades hablan de una atmósfera “ejemplar” y “inolvidable” tanto con la hinchada inglesa como con la escocesa. La convivencia entre Tartan Army y aficionados brasileños en Miami Beach ha dejado imágenes de bromas, cánticos cruzados y un ambiente de fiesta que contrasta con la tensión competitiva que se vivirá al sonar el silbato inicial.
Cruces, cuentas y un posible Inglaterra–Escocia en México
Mientras Inglaterra lidera el Grupo L y Escocia pelea en la parte media del Grupo C, las calculadoras ya dibujan un posible cruce entre ambas selecciones en los octavos de final, en México City, el 6 de julio. Nada está cerrado, todo depende de lo que ocurra ante Panamá y Brasil, pero el escenario está sobre la mesa.
En el resto del cuadro, el miércoles se presenta como una jornada de alto voltaje. Escocia–Brasil acapara focos, pero no está sola. Marruecos se mide a Haití con la opción de rematar su clasificación. Suiza se enfrenta a Canadá, mientras Bosnia y Herzegovina busca ante Qatar su primera victoria en un duelo que puede decidir un pase directo a las eliminatorias, con ambos equipos igualados a un punto. En el Grupo A, Sudáfrica y Corea del Sur se juegan el todo por el todo, mientras la anfitriona México, ya clasificada, cierra la liguilla ante Czechia.
En paralelo, Alemania encara su partido ante Ecuador con un discurso contundente. Nadiem Amiri avisa: pese a estar ya clasificados, tratarán el choque “como una final”. El objetivo es mantener la inercia ganadora, respetar la competición y no abrir la puerta a sospechas en un tramo del torneo históricamente sensible.
Entre polémicas, supersticiones y un Mundial en ebullición
No todo es táctica y pizarras. El Mundial también se alimenta de historias que rozan lo insólito. Desde Ghana, el autodenominado brujo Nana Kwaku Bonsam se ha atribuido el mérito del fallo de Kane ante la selección africana, asegurando que trabajó un hechizo específico para anular al delantero. Ahora, dice haber “liberado” al capitán inglés para que vuelva a marcar contra Panamá. Un relato que añade folclore y color a una cita que nunca se limita a los 90 minutos.
En el plano institucional, el ex primer ministro británico Gordon Brown ha cargado contra los precios de las entradas, que considera “extorsivos” y fuera del alcance de muchas familias. Pide una investigación formal sobre la política de precios de la FIFA, convencido de que el fútbol no puede expulsar a sus hinchas de siempre de los grandes eventos.
Mientras tanto, la organización del torneo lidia también con la naturaleza. Un terremoto de magnitud preliminar 5,6 sacudió el estado de California, sede del duelo decisivo de Estados Unidos frente a Turkiye en Los Angeles Stadium. No hubo alerta de tsunami, pero el recordatorio de la fragilidad del calendario ante fenómenos extremos vuelve a estar presente.
Y el balón no deja de rodar. Argentina, ya con el liderato de su grupo asegurado, no piensa aflojar. Lionel Scaloni planea rotaciones ante Jordania en Dallas, aunque con una premisa innegociable: Lionel Messi quiere jugar, al menos 45 minutos, para seguir alimentando una cuenta goleadora que ya suma cinco tantos en dos partidos y le mantiene al frente de la carrera por la Bota de Oro.
En Suecia, Graham Potter sale en defensa de su capitán Isak Hien tras el 5-1 encajado ante Países Bajos, asumiendo la culpa y rechazando la “caza de brujas” sobre su central. Y en Estados Unidos, Christian Pulisic lanza un “sí” rotundo cuando le preguntan si estará listo para medirse a Turkiye, una respuesta tan breve como tranquilizadora para un equipo ya clasificado pero decidido a cerrar el grupo con autoridad.
El Mundial avanza a toda velocidad. Inglaterra busca reencontrarse ante Panamá sin perder a Rice. Escocia se prepara para la noche más grande de su historia reciente frente a Brasil. Portugal vuelve a vivir al ritmo de Cristiano. Argentina no suelta el pie del acelerador. Entre tormentas, polémicas arbitrales y supersticiones africanas, la pregunta ya no es quién llega mejor, sino quién sabrá sobrevivir al caos inevitable de una fase de grupos que empieza a arder.
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