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Hibernian se impone con autoridad antes del derbi contra Hearts

Hibernian apenas dejó rastro de sus esfuerzos a mitad de semana. Ni rastro de cansancio, ni físico ni mental. Desde el arranque tomó el control, se instaló en campo rival y empezó a mover la pelota con autoridad, como si el partido necesitara un único dueño.

La posesión era verde. Las llegadas, también. Faltaba lo de siempre cuando un equipo domina y no marca: el último toque. Nathan Lowe no logró imprimir suficiente fuerza a un cabezazo franco y Martin Boyle se topó un par de veces con su propia imprecisión antes de encontrar el camino.

El gol llegó cuando la presión ya era asfixiante. Boyle midió a la perfección la línea del fuera de juego, atacó el espacio, controló el pase filtrado de Grant Hanley y definió para poner el 0-1. Un desahogo para Hibs, un aviso para Dundee.

Boyle, sin embargo, dejó vivo al rival justo antes del descanso. De nuevo mano a mano, de nuevo con metros por delante. Esta vez eligió la vaselina. La idea fue buena, la ejecución no tanto: el balón botó y se perdió por el costado. Ocasión clarísima, desperdiciada.

La superioridad de Hibernian terminó por reflejarse mejor tras el descanso con el segundo tanto. El dominio ya no era solo territorial, era anímico. Jamie McGrath y Felix Passlack empezaron a amenazar con sentenciar el duelo, a jugar entre líneas, a disparar desde la frontal. Parecía cuestión de tiempo que el partido quedara fuera de la vista de Dundee… hasta que llegó el gol de Westley para apretar el marcador en el tramo final.

El equipo de David Gray, pese al susto, nunca perdió el hilo. Durante unos 80 minutos manejó el partido con una autoridad que contrasta con la necesidad que tendrá el jueves, cuando reciba a Hearts en un derbi de Edimburgo que no admite concesiones. Ante el subcampeón de la pasada Premiership escocesa, la exigencia será otra: misma ambición, mucha más contundencia de cara a portería.

Dundee, en cambio, se pasó una primera parte para olvidar. Más allá de un disparo desviado de Bradley Fink, el conjunto de Steven Pressley apenas ofreció señales de vida ofensiva. Desordenado, sin sincronía en la presión ni en la salida de balón, siempre un paso por detrás.

Tras el descanso, el guion cambió ligeramente. Joe Bevan empezó a entrar en juego y, con él, llegaron los primeros avisos serios. Un centro suyo se paseó por delante de la portería tras un desvío, obligando a Passlack a despejar casi sobre la línea. Más tarde, Hamilton probó los reflejos de Raphael Sallinger con el 0-2 en el marcador, buscando encender a la grada.

El balón pasaba más por los pies de Bevan y Dundee ganó metros, pero no recuperó la ferocidad que había mostrado en sus recientes victorias ante Aberdeen y Dundee United. Faltaba chispa, faltaba colmillo.

En la grada, la imagen de Simon Murray, capitán lesionado, lo decía todo. Su ausencia simboliza la energía que le falta al equipo en ataque. Es precisamente esa zona, junto con el centro de la defensa, la que Pressley había señalado antes del partido como prioridad para reforzar antes del cierre del mercado del jueves.

El técnico no se escondió tras la derrota. Admitió que Hibernian fue superior, que su equipo se mostró “un poco desarticulado”, sin la cohesión necesaria ni en la presión ni en la construcción. Reconoció también que el planteamiento rival les sorprendió y que no encontró las soluciones adecuadas. Toca, en sus palabras, “tomar la medicina y responder”.

Gray, al otro lado, habló de reacción. De un grupo “sobresaliente” que supo levantarse del golpe de mitad de semana y que, durante casi todo el partido, tuvo “control absoluto”. Lamentó no haber marcado ese gol extra que habría matado el encuentro antes del tanto tardío de Dundee, pero destacó la capacidad de sus jugadores para cerrar el triunfo cuando el marcador se estrechó.

Dundee tendrá una nueva oportunidad inmediata para recomponerse: otro partido en casa, esta vez ante el rival regional St Johnstone, el miércoles a las 19:45. Hibernian, mientras tanto, llega al derbi contra Hearts con la confianza restaurada, pero con una lección clara: el dominio sirve de poco si la puntería no acompaña cuando más quema la temporada.