Logotipo completo Juego Final

Henrik Larsson: El Rey de Reyes del Celtic

Hace 29 años, un joven sueco con rastas pisó el césped de Celtic Park con vaqueros y camiseta de los Hoops. No hacía falta presentación, aunque casi nadie en Escocia sabía aún lo que estaba a punto de llegar. Su nombre: Henrik Larsson. Para la afición del Celtic, desde entonces, simplemente el Rey de Reyes.

Llegaba por apenas 650.000 libras procedente de Feyenoord, una ganga incluso para la época. Wim Jansen, recién nombrado técnico del Celtic y viejo conocido de Larsson en el club neerlandés, aprovechó su conocimiento interno de la situación contractual para cerrar una operación que cambiaría la historia reciente del club.

El comienzo, sin embargo, estuvo lejos del cuento de hadas. En su debut liguero, un error suyo contribuyó a la derrota inaugural ante Hibernian. El sueco, tímido fuera del campo pero feroz dentro de él, tuvo que soportar miradas de duda. No duraron demasiado. Partido a partido, gol a gol, carrera tras carrera, Larsson fue derribando cualquier reserva hasta convertirse en el nuevo talismán de la grada.

Su primera temporada dejó claro que aquello iba en serio. Copa de la Liga en el bolsillo y, sobre todo, el primer título de liga en una década, el campeonato que “paró su diez” y evitó que el gran rival encadenara diez ligas consecutivas. En medio de esa gesta, Larsson se consolidó como pieza esencial y rostro visible de un equipo que volvía a creer en sí mismo.

Y lo que vino después fue todavía más devastador para las defensas rivales. Bajo la dirección de Dr Jozef Vengloš, Larsson se transformó en el delantero total. En la siguiente campaña firmó 38 goles, una cifra que no solo hablaba de su instinto en el área, sino de un futbolista que había aprendido todos los registros del oficio: remate, asociación, juego de espaldas, liderazgo silencioso.

La carrera, sin embargo, le lanzó una prueba brutal. En Lyon sufrió una fractura de pierna espeluznante, una de esas lesiones que congelan estadios enteros. Muchos habrían quedado marcados para siempre. Larsson regresó aún más fuerte. Su capacidad para sobreponerse a aquel golpe no solo definió su carácter, también influyó en el devenir del club: aquel periodo turbulento aceleró el final de la etapa de John Barnes en el banquillo.

El verdadero apogeo llegó con Martin O’Neill. Con el técnico norirlandés, Larsson dio otro salto, uno que ya rozaba la categoría de mito. Junto a Chris Sutton formó una de las parejas ofensivas más temibles que se recuerdan en el fútbol británico. En la temporada del triplete doméstico, el sueco firmó 53 goles y lideró al Celtic hacia su primer pleno de títulos nacionales en 32 años. Era un depredador de área, sí, pero también el faro emocional de un vestuario ganador.

Los años siguientes consolidaron su leyenda más allá de las fronteras escocesas. El Celtic volvió a hacerse un nombre en Europa y los goles de Larsson fueron el motor de aquella aventura continental. El punto culminante llegó con la final de la UEFA Cup ante Porto. En una noche cruel por el desenlace, el sueco dejó dos definiciones de clase mundial en la prórroga, una demostración de categoría que trascendió el resultado y confirmó lo que muchos ya pensaban: estaba a la altura de la élite europea.

En casa, mientras tanto, las cifras se disparaban. El 27 de agosto del 2000, en el inolvidable 6-2 ante Rangers en Celtic Park, Larsson firmó uno de los goles más icónicos de la historia del derbi, una carrera y definición que quedaron grabadas en la memoria colectiva de la hinchada. Era mucho más que un goleador: era el hombre de las grandes noches, el que aparecía cuando la presión quemaba.

Cuando se despidió del club en 2004, las estadísticas eran abrumadoras: 242 goles en 313 partidos. Tercer máximo goleador en la historia ininterrumpida del Celtic. Un registro que, más que números, describe una era. Una época en la que el número 7 encarnó la esperanza, el orgullo y la ambición de un club que se negaba a vivir de glorias pasadas.

Su último gran acto en Escocia también fue fiel a su estilo. En la final de la Scottish Cup de 2004 ante Dunfermline, Larsson volvió a marcar y levantó otro trofeo con los Hoops. Una despedida a la altura de su figura, con la afición coreando su nombre y sabiendo que no vería algo igual muy a menudo.

Las comparaciones, en un club como Celtic, son inevitables. Los más veteranos evocan a Jimmy Johnstone y a los Lisbon Lions, referentes eternos de una generación irrepetible. Quienes crecieron en los setenta mencionan con justicia a Kenny Dalglish, otro rey que más tarde sería elegido mejor jugador de la historia de Liverpool.

Sin embargo, para la mayoría de los aficionados actuales, el veredicto es claro. El mejor que han visto con la camiseta a rayas verdes y blancas es Henrik Larsson. Por los títulos, por los goles, por las noches europeas, por la forma en que levantó a un club entero.

Veintinueve años después de aquel día de verano en que un sueco desconocido se presentó en vaqueros sobre el césped de Celtic Park, la pregunta ya no es si está a la altura de los grandes nombres de la historia del club. La cuestión es cuántas generaciones tendrán que pasar antes de que el Celtic vuelva a tener otro Rey de Reyes.

Henrik Larsson: El Rey de Reyes del Celtic