Harriet Dart logra su primera final WTA en Guangzhou
Harriet Dart acabó llorando. No por derrota, sino por pura liberación. La británica, de 30 años, se metió en su primera final individual del circuito WTA tras remontar un duelo salvaje ante la china Sun Xinran, invitada del torneo, con un marcador de 5-7, 7-6 (7-1), 6-0 en algo menos de dos horas y media en el Guangzhou Open.
“Significa el mundo”, confesó después, aún con la voz quebrada. Y no sonaba a frase hecha. Sonaba a carrera entera.
Una montaña rusa emocional
El partido arrancó torcido para Dart. Doble falta en bola de ‘break’ en su primer turno de saque, 0-3 abajo y una grada claramente volcada con la campeona júnior del US Open, Sun, apenas 16 años. El guion apuntaba a tarde corta.
Dart se negó. Ajustó la derecha, se plantó firme en el fondo y encadenó cuatro juegos consecutivos para pasar del 0-3 al 4-3, tomando el control de los intercambios desde la línea de fondo. Con 5-4, se ganó el derecho a sacar para el set. Y ahí regresaron los fantasmas: dos dobles faltas más, gesto de rabia, raqueta al costado y oportunidad perdida.
Sun no perdonó. Sostuvo su servicio con autoridad, solo 15 puntos cedidos en ese juego, y rompió por tercera vez para cerrar el primer parcial 7-5. La adolescente sonreía; Dart mascaba frustración.
Match points salvados y un ‘tie-break’ perfecto
El segundo set se convirtió en una batalla de nervios. Dart golpeó primero, ‘break’ en el juego inicial. Sun respondió de inmediato. Volvió a adelantarse la británica en el quinto juego. Volvió a encajar el contraataque en el siguiente. Cada avance encontraba una réplica inmediata.
La tensión se palpaba. Dart, que debutó en el circuito grande en Eastbourne en 2015 y solo disputaba su segunda semifinal WTA tras la del Transylvania Open 2024, se peleaba consigo misma casi tanto como con la bola. Reconoció después que fue “una montaña rusa”, que jugar a estas alturas del torneo le disparó los nervios y las sensaciones.
Lo decisivo llegó cuando el partido se puso al borde del abismo. Sun dispuso de múltiples puntos de partido en ese segundo set. Dos veces tuvo Dart que servir para seguir viva. Dos veces sostuvo el pulso. Cada saque, una pequeña final. Cada punto, una descarga.
La presión, al fin, se rompió en el ‘tie-break’. Dart, hasta entonces errática en los momentos clave, se transformó. Dominó 7-1, agresiva, valiente, silenciando una grada que ya la tenía en el punto de mira y sobre la que se había quejado en varias ocasiones a la juez de silla. De repente, el partido ya no pertenecía a la promesa local. Pertenecía a la británica.
“Estoy orgullosa del segundo set y de cómo fui capaz de darle la vuelta tan rápido”, resumió.
Un tercer set sin concesiones
El impacto psicológico del desempate fue brutal. Sun, tocada emocional y físicamente, pidió tiempo médico para tratarse la pierna izquierda. El cuerpo empezaba a decir basta. La mente, también.
Dart olió la sangre y no dudó. Se adueñó del tercer parcial de principio a fin, sin ceder un solo juego. Ganó 28 de los 41 puntos disputados en ese set definitivo. Saque firme, golpes profundos, selección de tiros limpia. Ya no dudaba. Ya no temblaba. Ejecutaba.
Lo que en el primer set había sido un combate lleno de errores y altibajos se convirtió en un monólogo. Sun apenas encontraba aire; Dart jugaba como si hubiese esperado toda su carrera ese tramo final de partido.
Una final que cambia un ranking… y una carrera
Clasificada para la final del domingo, la número cinco británica se medirá a la cuarta cabeza de serie Lilli Tagger o a Kaitlin Quevedo. El premio es doble: el título y el regreso al top 100 del ranking WTA. De momento, ya ha escalado 14 puestos en la clasificación en vivo, hasta el 101.
Para una jugadora que debutó en el circuito hace casi una década y que había tenido que conformarse con una sola semifinal WTA hasta este 2024, Guangzhou no es solo un torneo más. Es la prueba de que la perseverancia, a veces, sí encuentra su recompensa.
“Ha sido un camino muy largo. Lo he querido muchísimo, a veces demasiado. Estar por fin aquí significa el mundo”, repitió, con las lágrimas todavía frescas.
La pregunta ya no es si Harriet Dart merecía esta final. La cuestión es hasta dónde puede llegar ahora que, por fin, ha aprendido a ganar partidos como este.
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