Lewis Hamilton celebra el título del Arsenal mientras el paddock habla de fútbol
En la antesala del Gran Premio de Canadá, en un circuito acostumbrado al rugido de los motores, el tema que encendió el paddock no fue la aerodinámica ni las estrategias de parada en boxes. Fue fútbol. Y, en el centro de la conversación, un Lewis Hamilton con el corazón en Londres.
El piloto de Ferrari, aficionado del Arsenal desde niño, reconoció que no pudo contener las lágrimas cuando se confirmó el título de la Premier League del club de su vida, poniendo fin a 22 años de espera. El campeonato se selló el martes, cuando el 1-1 entre Manchester City y Bournemouth dejó a los de Mikel Arteta fuera de la pelea matemática.
“Derramé una lágrima, para ser honesto”, confesó Hamilton, que inmediatamente viajó mentalmente a su infancia en Stevenage. Se vio otra vez con cinco años, jugando al fútbol en la esquina del barrio, el único niño negro de la zona, rodeado de camisetas de West Ham, Tottenham y Manchester United.
En ese escenario apareció la figura clave de esta historia: su hermana. “Ella me dio un pequeño codazo en el brazo y me dijo: ‘Tienes que apoyar al Arsenal’”. Años después, con el club por fin campeón de liga, los dos recordaron aquella escena entre risas. Para Hamilton, el título no fue solo una estadística más en la hoja de servicios del Arsenal. Fue un viaje de vuelta a casa.
Gasly contraataca: orgullo PSG y la mirada puesta en la Champions
No todos en el paddock compartían la euforia ‘gunner’. Pierre Gasly, siempre rápido también con la palabra, se apresuró a marcar territorio futbolístico. El piloto de Alpine se declaró orgulloso aficionado del Paris Saint-Germain, justo en la antesala del cruce de Champions League contra el Arsenal.
“Me alegro de que hayamos empezado a hablar de cosas de verdad”, bromeó, dejando claro que para él el debate serio empezaba cuando entraba en juego el PSG.
El conjunto parisino llega lanzado: acaba de encadenar su quinto título consecutivo de Ligue 1 tras vencer 0-2 a Lens a domicilio. Gasly anticipó “un partido fantástico de fútbol” y no dejó espacio a la duda sobre sus colores. “Obviamente estaré animando al PSG, y ojalá puedan conseguir una segunda Champions League”, remató, apuntando directamente al gran objetivo que persigue el club francés desde hace años.
Pérez y un viaje relámpago por el Mundial en casa
Un poco más abajo en el pitlane, el fútbol se coló en la agenda de Sergio Pérez con otra intensidad. Para el mexicano de Cadillac, el foco no está en clubes europeos, sino en la cita que marcará a una generación en su país: el próximo Mundial.
Pérez tiene una misión personal. Quiere volar en plena temporada de Europa a México para ver a su selección en directo, con partidos programados en su Guadalajara natal. No habla de una escapada cómoda. Habla de un viaje relámpago.
“Literalmente tengo que ir solo para el partido y luego volver a Europa. Lo vamos a hacer realidad”, aseguró, decidido. La oportunidad de vivir un Mundial en casa pesa más que el cansancio o la logística. “Es un Mundial en casa. Cualquier cosa puede pasar”, añadió, manteniendo un optimismo prudente sobre las opciones de México, pero sin esconder la ilusión.
Antonelli, sin Italia pero con debilidad por Brasil y Messi
El líder del campeonato, Kimi Antonelli, se mueve en otro registro. Sin Italia en el próximo Mundial, su corazón futbolero anda algo desubicado. El piloto de Mercedes admitió que aún no tiene claro a quién apoyará, aunque dejó entrever sus simpatías.
“Me gusta mucho Brasil, por ejemplo, la manera en que juegan”, explicó, atraído por el estilo de la selección verdeamarela. Al mismo tiempo, confesó que también anima a Lionel Messi, uno de sus ídolos de infancia, al que llegó a conocer en Miami. Entre la samba y el genio argentino, Antonelli reparte su admiración.
Eso no borra la espina clavada. “Italia no está, por desgracia. Así que vamos a esperar otros cuatro años, quizá”, lamentó. “Es un desastre, pero está bien”. Resignación mezclada con esperanza, muy en la línea de cualquier tifoso azzurro que vea el Mundial desde el sofá.
En Montreal, la Fórmula 1 aterriza con sus habituales batallas por décimas de segundo, pero el ambiente del paddock delata otra cosa: pilotos que se reconocen aficionados, hinchas, soñadores. Entre lágrimas por el Arsenal, bromas sobre el PSG, planes imposibles para un Mundial en casa y la nostalgia de una Italia ausente, el fútbol se cuela en los boxes como un recordatorio de que, incluso a 300 km/h, el deporte que más les mueve a muchos sigue jugándose con un balón en los pies.
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