Ginter y las 48 horas que cambiaron su carrera
Para Matthias Ginter, los días 20 y 21 de mayo de 2026 quedaron grabados como una herida abierta. En apenas 48 horas, el central pasó de soñar con coronar una temporada brillante a encajar un doble golpe que difícilmente olvidará.
Primero, la derrota de SC Freiburg ante Aston Villa en la final de la Europa League. Un partido que debía ser el broche de oro a un curso histórico para el club y en el que Ginter había sido el pilar de una campaña sobresaliente en todas las competiciones. Doce horas después de esa caída, llegó el mazazo definitivo: Julian Nagelsmann no lo incluía en la lista de la selección alemana para el Mundial.
“Fue la época más amarga de mi carrera. Un doble golpe al final de una temporada que en realidad había sido muy especial”, confesó el defensa de 32 años en una entrevista con Kicker. No exagera. De líder silencioso en Freiburg a descartado en su selección en cuestión de horas.
La decisión dolió. Pero dolió aún más la forma. Ginter no escondió su decepción con la gestión de Nagelsmann y dejó entrever que los roces venían de lejos. “No quiero hablar de cómo fueron las cosas en general durante tres años (con Nagelsmann). Hubo filtraciones publicadas, pero a mí solo me informaron de la decisión el jueves, el día de la nominación”, explicó. Para un campeón del mundo, el silencio pesa tanto como una suplencia.
Ginter sabe lo que es vivir un Mundial desde la sombra. Formó parte de la selección campeona en 2014 sin disputar un solo minuto en Brasil. Aquella vez, la medalla tapó cualquier frustración. Esta vez, el vacío fue distinto. Más crudo. Más personal.
Al principio, ni siquiera dimensionó lo que significaba quedarse fuera. El golpe tomó forma con el pitido inicial del torneo. “Solo con el partido inaugural del Mundial me di realmente cuenta”, reconoció. Cuando el balón empezó a rodar, la realidad se impuso: Alemania jugaba su Mundial y él lo veía desde casa.
Y entonces regresó todo. No solo la ausencia en la lista. También el recuerdo de la final perdida de la Europa League. “Y, como era un paquete, la decepción por perder la final de la Europa League volvió otra vez”, admitió Ginter.
En dos días, pasó de símbolo de un Freiburg competitivo en Europa a espectador del mayor escaparate del fútbol mundial. Dos noches que resumen la cara más cruel del oficio: cuando ni una gran temporada, ni el peso en el vestuario, ni un pasado de campeón del mundo alcanzan para asegurarse un lugar en la próxima gran cita.
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