Francia realiza cuatro cambios para enfrentar a Noruega
Francia llega a su último partido de grupo con el pulso acelerado y la libreta abierta. Son cuatro los cambios en el once para medirse a Noruega el viernes, un duelo que decide la cima del Grupo I y que llega con una sorpresa mayúscula en el rival: Erling Haaland arrancará en el banquillo.
En el lado francés, el giro es profundo en la columna vertebral. Maxence Lacroix entra en la defensa, Theo Hernandez ocupará el carril izquierdo, Aurelien Tchouameni se adueña del centro del campo y Desire Doue aparece como apuesta ofensiva desde el inicio. Rotación, sí, pero sin renunciar al colmillo.
Porque el tridente de gala se mantiene intacto. Kylian Mbappé, Michael Olise y Ousmane Dembélé saldrán de inicio, una declaración de intenciones clara: Francia no especula, va a por el primer puesto. Con ese trío, cada transición puede convertirse en sentencia.
En la banda, la imagen también cambia. No estará Didier Deschamps. El seleccionador ha regresado a Francia tras el fallecimiento de su madre y cede el mando a su mano derecha de siempre, Guy Stephan. Será él quien dirija al equipo en un partido que no admite distracciones ni concesiones emocionales. El grupo se juega la jerarquía en la clasificación; el contexto exige temple.
Del otro lado, Noruega decide guardar a su gran estrella. Haaland esperará su momento sentado, una decisión que altera el guion previo del encuentro y que obliga a Francia a no confiarse ni un segundo. Sin el nueve del Manchester City desde el inicio, el plan noruego apunta a un choque más compacto, más táctico, con la amenaza latente de su goleador preparado para irrumpir desde el banquillo si el partido lo pide.
La ecuación es simple y cruel: Francia necesita ganar para terminar arriba. Noruega, también. No hay red de seguridad. El premio es el liderato del Grupo I y, con él, un camino teóricamente más amable en las rondas que vienen.
Con el peso de la ausencia de Deschamps, la ambición intacta de Mbappé y la sombra de Haaland esperando su turno, el duelo se carga de tensión. Uno de los dos saldrá reforzado. El otro tendrá que mirar el cuadro y preguntarse si el precio de no ser primero no acabará siendo demasiado alto.
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