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Empate en San Mamés: Athletic Club y Celta Vigo en la Liga 2025

San Mamés baja el telón de la temporada con un empate (1-1) que resume bien las trayectorias cruzadas de Athletic Club y Celta Vigo en esta Liga 2025. En la jornada 37, con el 12.º puesto de los rojiblancos y el 6.º de los gallegos ya definidos en la tabla, el duelo se convirtió menos en una batalla clasificatoria y más en un examen de identidades futbolísticas: el 4-2-3-1 de Ernesto Valverde frente al 3-4-3 de Claudio Giráldez.

Heading into this game, el Athletic llegaba con 45 puntos y una diferencia de goles total de -13 (41 a favor, 54 en contra), cifra que revela una temporada de altibajos, capaz de competir pero demasiado castigada atrás. En San Mamés, sin embargo, los números eran más sólidos: 9 victorias en 19 partidos, 22 goles a favor y 21 en contra, con un promedio de 1.2 goles a favor en casa por 1.1 encajados. Celta, por su parte, aterrizaba en Bilbao como uno de los mejores visitantes del campeonato: 51 puntos en total, diferencia de goles global de +4 (52-48) y un notable rendimiento lejos de Vigo, con 8 victorias, 7 empates y solo 4 derrotas en 19 salidas, 24 goles marcados y 20 recibidos (1.3 a favor y 1.1 en contra fuera de casa).

El contexto de ausencias marcó de inmediato el guion táctico. Athletic afrontó el partido sin piezas clave: O. Sancet (lesión muscular) y N. Williams (lesión) le restaban creatividad entre líneas y desborde exterior, mientras que la baja de D. Vivian (tobillo) obligaba a que la jerarquía en la zaga recayera sobre A. Laporte y Y. Álvarez. También faltaban U. Egiluz y B. Prados Díaz, reduciendo las alternativas en la rotación. En Celta, la ausencia de C. Starfelt (espalda) condicionaba la estructura del trío defensivo y la de M. Roman restaba profundidad en la segunda línea.

Valverde respondió a ese escenario con un 4-2-3-1 reconocible: U. Simon bajo palos, línea de cuatro con A. Gorosabel y Y. Berchiche en los laterales, y el eje Laporte–Y. Álvarez como muro central. Por delante, el doble pivote lo marcó I. Ruiz de Galarreta junto a M. Jauregizar, una pareja pensada tanto para la salida limpia como para proteger las transiciones. Más arriba, una línea de tres con I. Williams partiendo desde la derecha, U. Gomez en la mediapunta y A. Berenguer desde la izquierda, todos orbitando alrededor de G. Guruzeta como referencia ofensiva.

Enfrente, Celta se plantó con su 3-4-3 de autor: I. Radu en portería, línea de tres con J. Rodriguez, Y. Lago y M. Alonso, carriles largos para S. Carreira y J. Rueda, y un doble pivote técnico y físico con F. Lopez e I. Moriba. Arriba, un tridente muy móvil: W. Swedberg, F. Jutgla y el goleador de la temporada, B. Iglesias, autor de 14 tantos en el campeonato, con 2 asistencias y 4 penaltis convertidos sin fallo.

Primera Mitad

La primera mitad siguió el libreto celeste: un equipo cómodo defendiendo en bloque medio, con los tres centrales protegiendo el área y los carrileros listos para castigar cualquier pérdida rojiblanca. El Athletic, sin el pase vertical de Sancet ni el desequilibrio de N. Williams, dependió mucho de las conducciones de I. Williams y de las diagonales interiores de A. Berenguer. El 0-1 al descanso (0-1 en el marcador parcial) fue la consecuencia lógica de esa superioridad en las transiciones de Celta, que explotó la espalda de los laterales rojiblancos y la necesidad de Laporte y Y. Álvarez de defender hacia su propia portería.

Aspectos Disciplinarios

En el plano disciplinario, el partido se jugó sobre una línea fina. Heading into this game, el Athletic ya mostraba un perfil de equipo intenso y a veces desbordado: 10 amarillas en el tramo 61-75’ (23.08% del total) y un repunte entre el 46-60’ (17.95%), además de 3 expulsiones totales en la temporada. No es casual que su centrocampista más influyente en la sala de máquinas, I. Ruiz de Galarreta, figure entre los jugadores más amonestados de la Liga con 10 amarillas, 52 faltas cometidas y 60 entradas realizadas. Su rol como metrónomo y a la vez como “apagafuegos” se vio de nuevo en San Mamés: obligado a corregir hacia los costados, siempre al borde de la falta táctica.

Celta, por su parte, es un equipo que reparte sus amarillas con cierta regularidad, pero con un pico entre el 46-60’ (20.83%) y el 76-90’ (19.44%). En un contexto de marcador a favor en la primera parte, esa agresividad controlada en el segundo tiempo se transformó en repliegue y gestión del resultado, con los tres centrales protegiendo a I. Radu y el doble pivote cerrando líneas de pase interiores.

Duelo Ofensivo

El gran duelo “Cazador vs Escudo” tuvo nombre propio: B. Iglesias contra la defensa rojiblanca. Con 38 disparos totales en la temporada y 26 a puerta, el ariete celeste volvió a ser el faro ofensivo de su equipo, fijando centrales y liberando espacios para las llegadas de segunda línea. La zaga del Athletic, que en total había encajado 54 goles en 37 jornadas (1.5 de media por partido, 1.1 en casa), sufrió especialmente cuando el bloque se estiró y el 4-2-3-1 se partió en dos.

En el otro lado del tablero, el “motor” del Celta fue J. Rueda, lateral-carrilero derecho y uno de los máximos asistentes del campeonato con 6 pases de gol y 2 tantos. Sus 497 pases, 13 pases clave y 19 intercepciones lo definen como un futbolista capaz de sumar en ambos lados del balón. En San Mamés, su emparejamiento con A. Berenguer e incluso con las caídas de G. Guruzeta a esa zona fue uno de los focos tácticos del partido: cada vez que Rueda ganaba altura, obligaba a Berenguer a correr hacia atrás y alejaba al navarro del área de I. Radu.

Segundo Tiempo

La respuesta del Athletic tras el descanso cambió el tono del encuentro. Desde la banda, Valverde ajustó alturas: laterales más profundos, I. Williams atacando más por dentro y U. Gomez recibiendo entre líneas para obligar a los centrales vigueses a salir de zona. El 1-1 final premió esa insistencia, fiel a la tendencia de un equipo que, pese a haber fallado en 13 partidos en total a la hora de marcar, mantiene en San Mamés una capacidad competitiva reconocible.

Desde la óptica de los datos de toda la campaña, el reparto de puntos encaja con la lógica de la “Expected Goals” de ambos conjuntos: un Athletic que genera en casa en torno a esos 1.2 goles de media y un Celta que, lejos de Vigo, produce 1.3 tantos y encaja 1.1. La solidez visitante y la irregularidad rojiblanca se encontraron a mitad de camino.

Following this result, el Athletic consolida una Liga de claroscuros pero con una base táctica estable (36 partidos con el 4-2-3-1), mientras Celta certifica un curso notable, apoyado en un 3-4-3 que potencia a sus mejores hombres: la pegada de B. Iglesias y la energía de J. Rueda. En la noche de Bilbao, ninguno de los dos se impuso del todo; fue el sistema, más que los nombres, el que dictó sentencia: equilibrio, ajuste y un empate que parece escrito desde los números.