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Emiliano Martínez y Aston Villa: a un paso de la gloria europea

Durante unos segundos, al final de la temporada pasada, pareció que la historia de Emiliano Martínez y Aston Villa se había acabado. Lagrimas, saludos a la grada tras el último partido ante Tottenham, una despedida que olía a final de ciclo. Hoy, el guion es otro: el portero campeón del mundo está a un partido de convertirse también en campeón de Europa con el club que decidió no abandonar.

El miércoles, en Estambul, Villa se mide a Freiburg en la final de la Europa League, con la oportunidad de levantar su primer gran trofeo en 30 años. Y Martínez, a sus 33 años, llega a la cita con una certeza: quedarse fue el movimiento correcto.

De la despedida al compromiso absoluto

Martínez aterrizó en Villa en septiembre de 2020. Desde entonces, ha acumulado paradas, ovaciones y títulos individuales, hasta el punto de vincular su propia carrera al escudo que defiende.

“Dije adiós y lloré cuando dejé a mi familia en Argentina para venir a Inglaterra, y sigo estando con familia”, recordó el guardameta, enlazando aquellos primeros pasos lejos de casa con el vínculo que hoy siente con el club y su gente.

No esconde que el fútbol cambia de golpe, que los entrenadores van y vienen, pero subraya que eso no toca su lealtad. “Tenía un compromiso con Aston Villa, soy campeón del mundo con Aston Villa y gané dos Guantes de Oro. Siempre y para siempre amaré a este club, pase lo que pase. Algún día me retiraré y otro ocupará la portería”.

No se trata solo de palabras. El argentino se ha puesto como bandera de un proyecto que ha dado un salto de nivel con Unai Emery. Y lo deja claro con una frase que resume el sentir del vestuario: “Tenemos un entrenador top. No queremos a nadie más en el banquillo que no sea él, llevándonos a una final europea”.

Cuando Villa se ha visto contra las cuerdas, el mensaje interno ha sido el mismo: juntos pueden con cualquiera. “Cuando nos mantenemos unidos y luchamos juntos podemos ganar a cualquiera. Estoy realmente orgulloso de haberme quedado y tomé la decisión correcta”, remata Martínez.

El especialista en penaltis que espera no necesitarlos

La sombra de una tanda de penaltis sobrevuela siempre una final europea. Pocos la miran a los ojos con tanta naturalidad como Martínez. La historia reciente ya lo ha colocado como uno de los grandes especialistas del mundo desde los once metros.

Aun así, el plan ideal para el argentino es más sencillo: resolver antes. “Siempre tengo las tandas en la cabeza. Es algo que realmente disfruto, es como una competición diferente, no sé cómo explicarlo”, admite.

Luego baja el tono, mezcla deseo y confianza en sus compañeros: “Ojalá ‘Ginny’ (John McGinn) marque dos goles y acabemos en 90 minutos, pero si no, me preparo y confío en mí mismo todos los días de la semana en las tandas”.

Martínez sabe que su figura se agranda en los momentos límite, pero también entiende que una final controlada, sin necesidad de llegar al punto de penalti, sería la mejor señal de madurez competitiva para este Villa.

McGinn, de la Championship a una final europea

Si Martínez simboliza la decisión de seguir, John McGinn encarna el viaje completo. El capitán llegó al club en 2018, cuando el escenario era muy distinto: la Championship, el miedo a quedarse atrapados lejos de la élite, los ascensos jugados al filo.

Desde entonces, ha tirado del equipo en los días buenos y en los que olían a caída. Ayudó a devolver al club a la Premier League y ahora lo guía hacia una de las noches más grandes de su historia reciente. Esta temporada, con 31 años, ha firmado 10 goles en todas las competiciones, una aportación clave en la mejor campaña del Villa en décadas.

Preguntado por si sacar al equipo al césped en una final europea será el momento más orgulloso de su carrera, McGinn no duda: “Diría que sí”. Y no lo dice desde la euforia del presente, sino desde la memoria de todo lo que ha pasado por el camino: “Ha sido un viaje brillante, lleno de altibajos, momentos límite, muy cerca de volver a la Championship”.

El centrocampista mira alrededor y ve un club irreconocible respecto a aquel al que llegó. “Me llena de orgullo ver dónde está ahora el club y también me llena de orgullo pensar hacia dónde puede ir”, explica, alineado con el discurso de Emery: esta final no es una fiesta aislada, es un paso.

Lo deja claro: no han viajado a Estambul para hacerse fotos. “No es algo para venir aquí, celebrar y montar una fanfarria, queremos estar concentrados en este partido. Sabemos lo difícil que es llegar a una final”. Y, a nivel personal, cierra con una confesión que pesa tanto como cualquier título: “Si me preguntas a nivel personal, a lo largo de los años que he estado aquí, definitivamente este es el momento de mayor orgullo como capitán”.

Un club ante su espejo

Aston Villa llega a Estambul con un portero que estuvo a punto de decir adiós y un capitán que vivió el barro de la segunda categoría. Ambos coinciden en algo esencial: el techo ya no parece tan bajo.

Treinta años sin levantar un gran trofeo europeo marcan la urgencia emocional de una entidad histórica. Ahora, a 90 minutos —o quizá algo más— de la gloria, la pregunta no es solo si Villa será campeón. La verdadera cuestión es si esta final será un punto culminante aislado o el inicio de una era en la que noches como esta dejen de ser excepción y se conviertan en costumbre.