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Chris Wood lidera a Nueva Zelanda en el Mundial

Chris Wood, el veterano cañonero que se niega a rendirse, encabezará a la selección más modesta del Mundial. Nueva Zelanda, número 85 del ranking FIFA, llega como el invitado incómodo del torneo que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México. El rótulo de cenicienta ya está escrito. Ellos quieren reescribir el final.

Wood, 16 años después

A los 32 años y con una carrera consolidada en la Premier League con Nottingham Forest, Chris Wood vuelve al escenario global que conoció siendo casi un adolescente. En 2010, en Sudáfrica, apenas sumó minutos saliendo desde el banquillo. Hoy es el líder indiscutible: 45 goles en 88 partidos internacionales, una cifra que habla por sí sola.

Su presencia estuvo en duda hasta hace apenas un mes. Una lesión de rodilla lo dejó fuera de casi toda la campaña de Forest en la liga inglesa y encendió las alarmas en Auckland. Pero regresó a tiempo. Y con hambre.

“Ha pasado mucho tiempo, 16 años, desde que estuvimos en un Mundial”, dijo Wood por videollamada durante el anuncio de la lista en Auckland. “No puedo esperar para compartir este momento con este equipo y ojalá crear algo de historia. Espero que podamos hacer sentir orgullosos a todos y mostrarle al mundo de qué somos capaces”.

No es una declaración vacía. Para un país que vive el rugby como religión, el fútbol necesita gestas para ganar espacio. Y Wood lo sabe.

De la travesía del 82 al invicto del 2010

La historia mundialista de Nueva Zelanda cabe en dos capítulos muy distintos. En 1982, en España, perdieron los tres partidos de la fase de grupos. Una aventura heroica, pero deportiva y numéricamente cruel.

En 2010, el guion cambió. No ganaron, pero tampoco cayeron. Tres empates: 1-1 ante la entonces campeona Italia, 0-0 frente a Eslovaquia y 1-1 contra Paraguay. Invictos… y eliminados. Una rareza estadística que aún duele, porque rozaron los octavos sin poder tocarlos.

El recuerdo de aquel equipo vuelve ahora con fuerza, no solo por Wood. Darren Bazeley, el seleccionador, ha rescatado a un veterano de aquella campaña: Tommy Smith.

Tommy Smith, el veterano de quinta división

La gran sorpresa de la lista es el central de 36 años Tommy Smith, titular en los tres partidos de Sudáfrica 2010. Hoy milita en la quinta categoría del fútbol inglés con Braintree Town. El salto competitivo es evidente. Pero Bazeley no lo ha llamado por nostalgia, sino por jerarquía.

“Con una plantilla de 26, no todos van a jugar”, explicó el técnico. “Incluimos a Tommy porque su liderazgo es fantástico. Va a ser muy importante para mantener a todos en el camino correcto. Vamos a apoyarnos mucho en él”.

Smith, formado en categorías inferiores de Inglaterra, llega como voz de vestuario, brújula en medio del ruido, referencia para un grupo que mezcla experiencia europea y talento emergente de Oceanía.

El núcleo europeo y la base de casa

Bazeley tiene claro quiénes deben marcar el pulso en el campo. Además de Wood, apunta a un núcleo de centrocampistas que compiten en Europa: Joe Bell (Viking FK), Marko Stamenic (Swansea City), Matt Garbett (Peterborough United) y Ryan Thomas (PEC Zwolle). De ellos dependerá que Nueva Zelanda no solo corra, sino que también juegue.

Alrededor, una columna vertebral que se reparte entre Europa, Australia y los clubes locales. Diez futbolistas proceden de la A-League australiana, ocho de ellos de los dos clubes neozelandeses: Auckland FC y Wellington Phoenix. Esa base doméstica aporta cohesión, automatismos y una identidad clara.

En defensa, nombres como Tyler Bindon (Nottingham Forest), Michael Boxall (Minnesota United), Liberato Cacace (Wrexham) o el propio Smith buscarán blindar a un equipo que, por jerarquía de rivales, sabe que sufrirá sin balón.

Arriba, junto a Wood, aparecen Kosta Barbarouses (Western Sydney Wanderers), Elijah Just (Motherwell), Callum McCowatt (Silkeborg IF), Jesse Randall (Auckland FC) y Ben Waine (Port Vale FC). Ninguno tiene el peso mediático del capitán, pero todos aportan movilidad, trabajo y alternativas en un equipo que no puede permitirse desperdiciar una ocasión.

Un grupo brutal: Irán, Egipto y Bélgica

El sorteo no tuvo piedad. Nueva Zelanda quedó encuadrada en el Grupo G con Irán, Egipto y Bélgica. Tres selecciones con más recorrido, más nombre y, sobre el papel, más talento. Exactamente el tipo de escenario en el que los All Whites han aprendido a sobrevivir.

El debut será el 15 de junio en Los Ángeles, ante Irán. Un choque físico, intenso, con dos equipos que se sienten cómodos en el esfuerzo y en el orden. El margen de error es mínimo: empezar con algo en el bolsillo —aunque sea un punto— puede cambiar el tono de toda la fase de grupos.

Luego llegará Egipto, el 22 de junio en Vancouver. Un rival con tradición, estrellas y una presión mediática que Nueva Zelanda no tiene. Ahí puede aparecer la calma oceánica, esa capacidad de competir sin el peso de la obligación.

El cierre, el 27 de junio también en Vancouver, será contra Bélgica. Una potencia acostumbrada a vivir en las fases finales de los grandes torneos. Si los neozelandeses llegan a ese partido con opciones, el Mundial ya habrá sido un éxito. Si no, será una prueba de carácter ante uno de los gigantes del grupo.

La lista completa de los All Whites

Porteros: Max Crocombe (Millwall), Alex Paulsen (Lechia Gdansk), Michael Woud (Auckland FC).

Defensas: Tyler Bindon (Nottingham Forest), Michael Boxall (Minnesota United), Liberato Cacace (Wrexham), Francis de Vries (Auckland FC), Callan Elliot (Auckland FC), Tim Payne (Wellington Phoenix), Nando Pijnaker (Auckland FC), Tommy Smith (Braintree Town), Finn Surman (Portland Timbers).

Centrocampistas: Lachlan Bayliss (Newcastle Jets), Joe Bell (Viking FK), Matt Garbett (Peterborough United), Ben Old (Saint-Etienne), Alex Rufer (Wellington Phoenix), Sarpreet Singh (Wellington Phoenix), Marko Stamenic (Swansea City), Ryan Thomas (PEC Zwolle).

Delanteros: Kosta Barbarouses (Western Sydney Wanderers), Elijah Just (Motherwell), Callum McCowatt (Silkeborg IF), Jesse Randall (Auckland FC), Ben Waine (Port Vale FC), Chris Wood (Nottingham Forest).

El desafío de cambiar la etiqueta

Nueva Zelanda llega desde la periferia futbolística, con un billete conseguido tras ganar la fase de clasificación de Oceanía en marzo. Lo ha hecho otras veces. Lo que no ha logrado aún es romper el techo de la fase de grupos.

El contexto invita al escepticismo: la selección peor situada en el ranking, un grupo exigente, una plantilla sin grandes estrellas globales más allá de Wood. Pero el fútbol mundial ya ha aprendido que subestimar a los All Whites es un error caro.

En 2010 se fueron invictos y dejaron a Italia fuera. Hoy, con un capitán más maduro, un vestuario que mezcla generaciones y un técnico que apuesta por el liderazgo silencioso de hombres como Tommy Smith, la pregunta es inevitable: ¿será este el Mundial en el que Nueva Zelanda deje de ser solo una bonita historia y se convierta, por fin, en un problema real para los grandes?