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Celtic cae 1-3 ante Ferencvaros en su debut europeo

Celtic volvió a tropezar con la misma piedra. Tres días después del golpe en el Old Firm ante Rangers, el equipo de Martin O'Neill encajó un 1-3 en Celtic Park frente a Ferencvaros en su estreno en la Europa League, otra noche marcada por errores defensivos groseros y por la creciente impaciencia de la grada.

El guion arrancó bien. Posesión, ritmo, James Forrest desbordando por la izquierda como en sus mejores tiempos y sensación de control. Pero bastó la primera sacudida húngara para desnudar, otra vez, las costuras del equipo.

Un dominio estéril y un autogol que lo cambia todo

La primera gran ocasión fue local. A los 8 minutos, Forrest puso un centro medido al área para Camilo Duran, que se acomodó el balón con dos toques pero cruzó en exceso y la pelota se marchó pegada al poste. Fue el aviso de lo que parecía un asedio.

Celtic tocaba y tocaba. Ferencvaros esperaba. Y de pronto, el castigo.

En el 20, Kieran Tierney no consiguió despejar un centro sencillo. El balón cayó a los pies de Bamidele Yusuf dentro del área. Su disparo iba a puerta, pero fue Liam Scales quien terminó empujando el balón a su propia red al intentar bloquear. 0-1 y un murmullo pesado en las gradas. Otro error atrás, otro golpe.

El conjunto húngaro olió la inseguridad. Daniel Arzani encaró a Cameron Carter-Vickers en el 23, le ganó la partida y obligó a Viljami Sinisalo a una buena estirada abajo para evitar el segundo. El portero, que volvía al once, mantenía vivo a Celtic.

Los de O’Neill reaccionaron con orgullo. Forrest siguió siendo el mejor argumento ofensivo. En el 31, su centro lo rozó Haissem Hassan en el segundo palo, pero Cadu apareció providencial para despejar. Un minuto después, Hassan combinó con Callum McGregor en la frontal; el capitán armó el disparo, que se desvió en un defensa y salió a córner. El estadio empujaba. Faltaba precisión, sobraba ansiedad.

Un empate fugaz y un mazazo psicológico

Cuando el descanso se acercaba y la frustración crecía, Celtic encontró aire. Minuto 44. Tierney, tan señalado atrás, apareció en campo contrario y colgó un centro tenso al corazón del área. Mika Baur atacó el balón con decisión y lo reventó hacia la red. 1-1 y rugido ensordecedor. El momento perfecto para irse al vestuario.

Pero este Celtic no sabe proteger ni siquiera sus propios impulsos.

En el 45+1, justo después del saque de centro, llegó el desastre. Yusuf volvió a ganar el duelo a Tierney por banda, se metió en el área y McGregor llegó tarde a la ayuda. El delantero húngaro puso un pase atrás y Kristoffer Zachariassen, de primeras, desvió sutilmente la pelota ante Sinisalo. 1-2. Del éxtasis a la incredulidad en cuestión de segundos. Celtic Park pasó del grito al silencio y luego al enfado abierto.

Arzani sentencia y la defensa se derrumba

O'Neill había prometido que el equipo aprendería de la derrota en el derbi. La segunda parte demostró lo contrario. Nada más reanudarse el juego, otro error.

En el 47, Celtic perdió el balón con una facilidad alarmante en salida. Colby Donovan, recién llamado por la selección de Escocia esta semana, quedó mal parado y Ferencvaros olió sangre. La pelota llegó a Arzani, que no perdonó: derechazo brutal a la escuadra, imposible para Sinisalo. 1-3 y sensación de naufragio colectivo.

El resto fue una mezcla de orgullo herido y falta de ideas claras. O'Neill movió el banquillo, pero los cambios no alteraron el patrón de la noche: Celtic atacaba a ráfagas, Ferencvaros esperaba y amenazaba cada pérdida.

En el 67, Carter-Vickers encontró a Duran en banda y este centró al área para Kasper Hogh. El delantero, uno de los fichajes importantes del verano, se lanzó al remate, pero el balón se le escapó por centímetros. En la siguiente jugada, Benjamin Nygren probó desde la frontal con un disparo con rosca que salió rozando el poste. El público empezaba a impacientarse de nuevo.

Varga resiste y la grada explota

Celtic apretó en el tramo final más por orgullo que por fútbol. En el 72, Sebastian Tounekti conectó un disparo potentísimo que Adam Varga repelió con reflejos felinos. Un minuto después, con el portero húngaro muy adelantado, Nygren intentó sorprenderle desde lejos, pero su disparo se marchó por encima del larguero. Eran ocasiones, sí, pero sin la convicción de un equipo que realmente crea en lo que hace.

El marcador ya no se movió. Cuando el árbitro señaló el final, buena parte de la afición que había aguantado hasta el último minuto respondió con abucheos claros. No era solo por el resultado. Era por la repetición de los mismos errores, por la sensación de que el equipo se rompe atrás a la mínima.

Fichajes que no responden y un once aún sin forma

O'Neill había introducido cuatro cambios respecto al once que cayó ante Rangers. No se notó. La fragilidad defensiva fue la misma, las desconexiones también.

Camilo Duran y Kasper Hogh, apuestas fuertes del verano, volvieron a quedarse cortos en una gran noche. Sin gol, sin influencia decisiva. Para una hinchada que esperaba ver liderar a sus nuevos referentes, la preocupación crece.

El técnico admite que aún busca su mejor once. El problema es el calendario: no hay margen para experimentos eternos. Dos derrotas seguidas, un estreno europeo fallido y un nuevo Old Firm a la vuelta de la esquina. El tiempo, en un club como Celtic, siempre corre más rápido.

La voz de O'Neill y el eco de los silbidos

Tras el encuentro, O'Neill no maquilló la realidad: “Estamos naturalmente decepcionados por haber perdido. No es el inicio que queríamos. Tenemos siete partidos para intentar sumar puntos. Ahora realmente necesitamos concentrarnos en el domingo.”

Definió la noche como “una lección europea en muchos aspectos” y habló de la necesidad de “re-energizarse” y cuidar el balón: no regalarlo cuando se tiene una posesión decente, pero también asumir riesgos “en las zonas correctas del campo.”

Sobre los abucheos, tiró de memoria: recordó que ya vivió algo similar hace 25 años en el club y que la reacción de la grada “no es nada nuevo”. Para él, la frustración nace de ver al equipo avanzar y, de repente, encadenar dos pases hacia atrás. Esas dudas, esa falta de convicción, son las que el técnico quiere “pulir.”

Un clásico a la vista y una pregunta incómoda

La tabla de la Premiership ofrece un pequeño colchón: pase lo que pase el domingo, Celtic llegará al parón internacional en lo más alto. El dato no calma los nervios. La afición no aceptaría encadenar dos derrotas ante Rangers y un tropiezo europeo en apenas ocho días.

Hace solo unos meses, este equipo levantaba un doblete de liga y copa. Hoy, la sensación es muy distinta. Los errores se repiten, los fichajes no despegan y el técnico aún no encuentra su once ideal.

El próximo examen llega ya: otro Old Firm, otra noche de máxima exigencia, otra oportunidad —quizá la última a corto plazo— para que O’Neill demuestre que puede convertir este Celtic frágil en un bloque fiable. La cuestión ya no es si hay presión sobre él.

La cuestión es cuánto tiempo más va a tolerar Celtic Park ver al equipo regalar goles.