Canelo Álvarez recupera el título supermedio en Riad
En Riad, bajo los focos y entre dudas sobre su momento deportivo, Saúl “Canelo” Álvarez volvió a ocupar el lugar que siente suyo. El mexicano, cuestionado tras la derrota ante Terence Crawford, se reinventó a 168 libras y se convirtió en triple campeón mundial del peso supermedio al desactivar, round a round, al poderoso Christian Mbilli.
No fue una guerra. Fue un examen. Y Canelo lo aprobó con nota.
Las tarjetas lo dijeron todo: 115-112, 116-111 y 117-110, decisión unánime clara para el mexicano, que recupera el título mundial WBC del francés y se instala otra vez en la cima de la categoría.
Al sonar la última campana, Mbilli parecía más frustrado que herido. Había ido a buscar al ídolo, pero nunca encontró la llave del candado.
Un inicio de puro respeto
La pelea arrancó como un duelo de francotiradores. En el primer asalto, Canelo plantó bandera en el centro del ring, firme, casi inmóvil, esperando el primer error de Mbilli. El campeón intentó acorralarlo contra las cuerdas, pero se topó con un jab limpio, seco, que marcó el tono.
En el segundo, el francés comenzó a encontrar algo de ritmo. Un recto por el centro hizo reaccionar al mexicano, que tomó nota de inmediato. Mbilli acortó la distancia, empezó a cerrar espacios y conectó un buen impacto que despertó al retador. Canelo respondió con un látigo de izquierda al cuerpo que levantó el murmullo en la arena. La temperatura subía.
El tercer round ofreció la primera escena de autoridad del mexicano. Canelo, confiado, se cubrió bien, dejó pasar los golpes pesados y llegó a invitar a Mbilli a entrar, con un gesto de mano que destilaba seguridad. El francés tiraba fuerte, sí, pero pegaba más aire y guantes que mandíbula.
Actividad contra precisión
Con un cuarto asalto ya consumido, la pelea se había convertido en un dilema para los jueces. Mbilli era el más activo, lanzaba más, trataba de empujar a Canelo hacia las esquinas y cerrar combinaciones. El mexicano, en cambio, seleccionaba cada golpe con bisturí, más certero, más limpio.
El campeón cerró bien ese cuarto episodio, soltando manos y empujando a Álvarez contra el rincón, intentando mandar un mensaje: no iba a ceder su cinturón sin pelea.
En el quinto, el intercambio se equilibró. Ambos comenzaron a invertir al cuerpo, conscientes de que la noche sería larga. Canelo volvió a quejarse de un golpe a la nuca en medio de un cruce intenso, mientras Mbilli mantenía su volumen de golpes. Era un combate de detalles, de matices, donde el gusto de cada juez podía inclinar la balanza.
El sexto asalto dejó la sensación de que el mexicano empezaba a tomar las riendas. Mbilli seguía fiel a sus rectos, pero Canelo, con una combinación precisa, arrancó una exclamación del público. Aun así, el duelo seguía siendo un ajedrez tenso, más táctico que espectacular.
El punto que cambió el paisaje
El séptimo marcó un giro. Pasado el ecuador, Canelo encontró por fin el ritmo que buscaba. Retrocedía, invitaba a Mbilli a entrar y lo recibía con rectos y contragolpes. Un uppercut de manual del mexicano impactó de lleno y arrancó una media sonrisa del campeón, más gesto de orgullo que de tranquilidad. Fue, probablemente, el mejor asalto de Álvarez hasta entonces, con varias manos claras en la recta final.
Y llegó el octavo, con polémica incluida. Canelo, cómodo sobre el retroceso, jugaba con los ángulos mientras Mbilli insistía en su presión, aunque ya algo más previsible. En medio de un intercambio, el árbitro sancionó al francés por golpes a la parte posterior de la cabeza. El mexicano señaló que ya eran tres acciones similares. El juez no dudó: deducción de un punto.
Castigo severo. Y momento clave. Mbilli negó con la cabeza, incrédulo. Pero el daño en las tarjetas ya estaba hecho.
Mbilli, a contrarreloj
Desde ese instante, el campeón empezó a remar cuesta arriba. En el noveno, Canelo mostró un ritmo de trabajo notable, cazando a Mbilli cada vez que éste avanzaba en línea recta. El francés, sólido físicamente, necesitaba pisar el acelerador, pero el reloj corría en su contra.
En el décimo, la fatiga empezó a asomar en Mbilli. Ya no avanzaba con la misma convicción. Canelo entraba y salía de la distancia a placer, marcando el tiempo del combate. El francés intentó subir la intensidad, pero sus ataques se quedaron previsibles, fáciles de bloquear y cubrir para un Álvarez que leía cada intento.
El undécimo fue casi una sentencia. Para entonces, Mbilli necesitaba un nocaut que nunca pareció realmente cercano. Canelo boxeaba con oficio, contragolpeaba cada entrada desordenada del campeón y mantenía el control emocional y táctico del duelo. El dato que sobrevolaba el ring era contundente: Álvarez nunca ha visitado la lona en su carrera. Y esta noche tampoco estuvo cerca.
Un cierre de campeón
Llegó el duodécimo asalto y, con él, el orgullo. Canelo, dueño de la situación, seguía ejecutando el plan con calma. Mbilli, consciente de que el título se le escapaba, trató de vaciar el tanque. Conectó un buen golpe que arrancó un suspiro del público, una chispa tardía en una noche en la que le costó encontrar claridad.
La reacción de Canelo fue la de un campeón que disfruta el fuego. Le hizo señas al francés, lo llamó al intercambio, buscó ese cara a cara que enciende al público. Los dos se trenzaron en los últimos segundos, más por honor que por necesidad. Pero la remontada ya no era posible.
Sonó la campana final. La sensación era inequívoca: Álvarez había hecho más que suficiente para recuperar el cinturón.
Las tarjetas confirmaron lo que el ring ya había dictado. Canelo levantó los brazos, volvió a escuchar su nombre como campeón mundial supermedio por tercera vez y recibió el saludo en el ring de figuras como Oleksandr Usyk y Turki Alalshikh. Un icono reconocido por otros iconos.
“Es algo increíble”: la voz de un tricampeón
En plena euforia, Canelo dejó escapar algo más que alivio. “Es tan difícil de explicar, esto es algo increíble. Se siente como un sueño, ahora he ganado el título otra vez. Estoy muy orgulloso de mi equipo. Eddy Reynoso me hizo el campeón que soy, gracias por todo”, dijo sobre el ring, con el cinturón de nuevo sobre su hombro.
Sobre Mbilli, fue directo: sabía con quién se había subido a pelear. “Sabía que era un rival fuerte, pero no lanzó muchos golpes porque es difícil lanzar golpes conmigo”, explicó, subrayando la clave táctica de la noche: hacer fallar, castigar después.
Y sobre su futuro inmediato, sin prisas, pero sin cerrar puertas: “Voy a descansar, tomar un par de semanas libres y luego volveremos otra vez”.
Mbilli se marchó sin estridencias, con la sensación de haber sido neutralizado más que superado en un intercambio salvaje. Tendrá que abrirse paso de nuevo en una división donde cada error se paga con años de espera.
Mientras tanto, en Riad, un mensaje quedó claro: Canelo Álvarez no ha dicho su última palabra en el peso supermedio. La pregunta ahora no es si ha vuelto, sino a quién estará dispuesto a enfrentar para demostrar que sigue siendo el hombre a batir en las 168 libras.
Podría interesarte

Crónica del partido de fútbol: un emocionante encuentro

Canelo Álvarez recupera el título en Riad

Canelo Álvarez recupera el título supermedio en Riad

Canelo Álvarez vs Christian Mbilli: La gran pelea en Riad

Canelo Álvarez busca recuperar su cinturón en Riad

Canelo regresa al trono: gran pelea ante Mbilli en Riad