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Arsenal conquista la Premier League y apunta a Budapest

Arsenal por fin levantó la Premier League. No en el Emirates, sino en Selhurst Park, con un 2-1 trabajado y tenso ante Crystal Palace en la última jornada doméstica. El silbatazo final desató escenas de euforia: jugadores abrazados, lágrimas contenidas, aficionados cantando como si quisieran retener el momento para siempre. Tres temporadas seguidas quedándose a las puertas, tres veces subcampeón. Esta vez, por fin, la medalla es de oro.

Mikel Arteta celebró con los suyos sobre el césped, rodeado de su familia, con el trofeo que había visualizado tantas veces entre las manos. Lo había imaginado, lo había perseguido, lo había sufrido. Ahora lo tenía. Y, sin embargo, casi en el mismo gesto en que levantaba la copa, ya miraba más allá.

Campeones… pero insatisfechos

El técnico español no quiere que la fiesta les adormezca. No ahora. No a cinco días de la final de la Champions League ante PSG, el partido más grande que ha afrontado este club en décadas.

“Necesitamos que esa energía fluya; ir en contra de eso sería un gran error”, advirtió Arteta, dejando claro que no piensa frenar el impulso emocional del título. Ya ha hablado con el vestuario de Budapest, de cómo canalizar toda esa electricidad acumulada hacia la noche del sábado. “Ya hablamos de lo que tenemos que hacer en Budapest, de cómo vamos a usar toda la energía increíble que llevamos hacia esa final, y mañana empezaremos a prepararla”.

La Premier representa un paso gigantesco para un equipo que se había acostumbrado al papel de perseguidor. Pero el entrenador no se engaña: el listón ahora está más alto. Ser campeón de Inglaterra ya no basta. No para este Arsenal.

La última frontera: la Champions

Hay una herida abierta en la historia del club. Arsenal nunca ha ganado la Champions League. Ha coqueteado con ella, ha rozado la gloria, pero nunca la ha abrazado. Para Arteta, la final ante PSG es algo más que un partido: es una oportunidad de inmortalizar a este grupo.

“Y no podemos esperar para escribir un nuevo capítulo en la historia de nuestro club y levantar la Champions League”, lanzó el técnico, sin esconder su ambición de completar un doblete histórico, doméstico y continental.

Arteta sabe lo que supondría. La Premier les da un estatus, una etiqueta que cambia la forma en la que el rival te mira… y en la que tú te miras a ti mismo. “Le dije a los chicos que esta camiseta ahora representa otra cosa”, explicó. “Somos los campeones, y eso trae mucha confianza y un tipo diferente de presencia y energía. Pero también otro tipo de responsabilidad”.

Ese matiz es clave. No se trata solo de disfrutar del título, sino de entender lo que implica. El técnico se ve ahora como guardián de un nuevo estándar. “Mi trabajo ahora, y el de todos en el club, es elevar esos estándares y lograr mucho más, porque creo que somos capaces de hacerlo”.

De las cicatrices al impulso definitivo

El camino hasta este punto no ha sido limpio ni recto. Arteta ya levantó la FA Cup en 2020, en su primera temporada, pero a partir de ahí llegaron los tropiezos en los tramos finales, las ligas que se escapaban en las últimas semanas, las dudas externas, el murmullo constante sobre si este proyecto sabría ganar de verdad.

“Soy el mismo, pero más feliz y aliviado”, confesó el entrenador, casi como si se quitara un peso de encima. Siente que el recorrido, con sus golpes, ha tenido valor. “A lo largo de este viaje hemos dado pasos enormes. Hemos logrado muchas cosas que, en mi opinión, tienen mucho valor. Pero al final estamos aquí para ganar grandes trofeos. Ese era el objetivo definitivo”.

Las tres temporadas en las que el equipo se quedó corto al final dejaron una marca. Tres veces, en tres escenarios distintos, Arsenal se desinfló en la recta final. “Llegamos muy cerca, y en tres lugares nos quedamos cortos al final, y eso fue muy doloroso”, recordó Arteta. Esa frustración, sin embargo, no rompió al grupo. Lo endureció.

“Creo que eso es lo que nos ha impulsado a todos a encontrar nuevas formas de mostrar de qué estamos hechos. Por eso dije que la manera en la que lo hemos conseguido lo hace aún mejor”. El mensaje es claro: este título no es un accidente, es la consecuencia de haber aprendido a sufrir.

Budapest, el examen definitivo

Ahora llega la prueba que puede cambiarlo todo. Con la Premier en el bolsillo, Arsenal viaja a Budapest con una mezcla peligrosa para cualquier rival: alivio por lo ya conseguido y hambre por lo que falta. El equipo se siente campeón, y se comporta como tal. La cuestión es si sabrá trasladar ese nuevo peso de la camiseta a una noche en la que un detalle puede decidir una era.

Arteta no quiere que la Premier sea la línea de meta. Quiere que sea el punto de partida de algo más grande. El sábado, bajo los focos de Europa, se sabrá si este Arsenal está destinado solo a dominar Inglaterra… o a escribir por fin la página que falta en su historia.

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