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Arsenal busca su primera Champions League en Budapest

Arsenal viaja a Budapest con la inmortalidad al alcance de la mano. El sábado 30 de mayo, en el Puskás Aréna, el club del norte de Londres se asoma a una puerta que nunca ha logrado cruzar: su primera Champions League.

Llega con la Premier League recién guardada en la vitrina, asegurada el martes por la noche, y con algo igual de valioso que un título: libertad. El equipo de Mikel Arteta ya no necesita esta final para justificar una temporada, ni para demostrar que puede ganar “algo grande”. Ya lo ha hecho. Ahora persigue el doblete histórico con viento de cola y una mochila mucho más ligera.

Al otro lado del campo espera el campeón vigente de Europa. Paris Saint-Germain, rey actual del continente y favorito en las casas de apuestas, se presenta como el obstáculo definitivo. Con bet365, el conjunto francés parte como favorito para levantar el trofeo y también para imponerse en 90 minutos, mientras que la victoria de Arsenal en el tiempo reglamentario se paga más alta y el empate se sitúa aún un escalón por encima. Se anticipa un duelo tenso, ajustado, de detalles, de pizarras al límite.

Un campeón que llega desatado

El título de Premier ha cambiado el paisaje emocional del vestuario. Hasta hace unos días, todas las miradas se clavaban en esta Champions como el gran examen final del proyecto Arteta: ¿podía este Arsenal ganar los grandes trofeos o estaba condenado a quedarse a las puertas? Esa pregunta ya tiene una primera respuesta. Con la liga en el bolsillo, la dinámica es otra.

La plantilla viaja a Budapest con una convicción distinta. El éxito doméstico otorga algo que no se compra ni se entrena fácilmente: una ventaja psicológica. El grupo sabe ahora que puede cerrar títulos, que no se descompone en la recta final. Y cuando la bola de nieve del impulso competitivo empieza a rodar, detenerla se convierte en un problema para el rival, no para quien la empuja.

Eberechi Eze, fichado para noches como esta

Arsenal incorporó a Eberechi Eze en verano para este tipo de escenarios. No para engordar la rotación, sino para marcar la diferencia cuando la presión ahoga y el margen de error se reduce a una jugada. Ya sabe lo que es anotar en una final de copa y ha sido una pieza vital durante toda la campaña.

Su capacidad para aparecer entre líneas, girar y armar el disparo desde media distancia encaja con un guion en el que PSG puede ceder pocos espacios en el área. Un latigazo suyo desde la frontal puede decidir una final cerrada, romper la estructura francesa y empujar la historia hacia el lado rojo y blanco.

Una defensa al límite ante Kvaratskhelia

El gran problema de Arteta está atrás. La lesión de Ben White ha abierto un boquete en la estructura defensiva justo antes del partido más grande del año. Todo el foco se posa ahora sobre Jurriën Timber y su carrera contrarreloj para llegar a tiempo. No solo por la ausencia de White, sino porque el neerlandés, por pura calidad, cambia el nivel de la línea.

De momento, las señales no son alentadoras. Si no llega, todas las miradas apuntan a Cristhian Mosquera. Central de origen, el español ha dejado destellos de enorme personalidad y calidad esta temporada, pero la prueba que le espera roza lo extremo: contener a un extremo del calibre de Khvicha Kvaratskhelia en una final europea.

Esa banda será un frente de guerra. Cada duelo individual, cada cobertura, cada decisión con balón puede inclinar la balanza. Arteta necesitará un plan valiente, quizá un ajuste de ayudas constantes, para evitar que Kvaratskhelia convierta la noche en un tormento para Mosquera.

Gyökeres, Havertz y el factor banquillo

En una final que tantas veces se extiende hasta los 120 minutos, el banquillo deja de ser un complemento y se convierte en un arma estratégica. Arsenal llega con un once reconocible, pero también con recursos para cambiar el partido desde fuera.

Viktor Gyökeres, autor de 21 goles esta temporada, apunta a ser el nueve titular. Se ha ganado el puesto a base de cifras y presencia constante en el área rival. Sin embargo, la figura que asoma como posible héroe silencioso es Kai Havertz. El alemán viene de marcar ante Burnley el tanto que acabó asegurando la Premier y, pese a ello, todo indica que empezará esta vez entre los suplentes.

Ahí puede residir su oportunidad. Entrar con el partido roto, con defensas cansadas, con espacios diferentes. Havertz ya sabe lo que es marcar en una final de UEFA Champions League y tiene un instinto particular para aparecer en noches grandes. Un solo toque certero podría darle su segundo gol en una final de la competición y elevarlo, de golpe, al estatus de leyenda en el norte de Londres.

Arteta, arquitecto de un regreso a la élite

Pase lo que pase en Budapest, el trabajo de Mikel Arteta ya ha devuelto a Arsenal a alturas que parecían lejanas. Ha reconstruido un club, ha cambiado hábitos, ha elevado el nivel competitivo y ha instalado al equipo, otra vez, en la mesa de los gigantes europeos.

Su mérito no siempre recibe el reconocimiento que merece. Pero si el trofeo acaba en manos de los jugadores de rojo y blanco, nadie dudará del protagonista principal de esta resurrección. El técnico español será el eje sobre el que gire el relato de un Arsenal que, tras años de espera, se atreve por fin a mirar de frente a la eternidad.

El pronóstico de muchos, entre ellos el de la voz más cercana al club en Football.London, apunta a un marcador corto, casi clásico: 1-0 para Arsenal. Un solo gol, un solo detalle, una sola noche en el Puskás Aréna para decidir si este equipo se queda “solo” en campeón de Inglaterra o se instala, de una vez, en el Olimpo europeo.