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Waterford llega a la final de la Club Orange FAI Cup

Waterford viaja a la final de la Club Orange FAI Cup con algo más que confianza. Llega con el pulso acelerado de quien ha sobrevivido a una noche que pudo torcerse, pero que terminó en fiesta: triunfo 3-2 ante Shelbourne, permanencia asegurada en la Premier Division y un máximo goleador que decidió el partido en el minuto 87.

El escenario era engañoso. La amenaza del play-off de descenso era casi teórica —Drogheda United necesitaba un giro de ocho goles—, pero nadie en el vestuario de los Blues quería dejar espacio a los cálculos. Lo resolvieron a la manera más contundente: goles de Evan McLaughlin, Pádraig Amond y, cómo no, Tommy Lonergan.

Shelbourne, sin embargo, entró al partido con ganas de aguar la fiesta visitante.

Un trueno de McInroy y un inicio engañoso

El arranque fue plano, casi adormecido, hasta que en el minuto siete Seán Moore rompió la monotonía. Se escapó entre los centrales y obligó a Stephen McMullan a intervenir con reflejos felinos en el mano a mano. Fue un aviso. Waterford no lo leyó.

Segundos después, Shelbourne golpeó con una acción de pizarra improvisada pero ejecutada con precisión. John Martin filtró un balón para Daniel Kelly, John Mahon pareció frenar la jugada, el balón suelto cayó a James Norris en la izquierda y el lateral puso un pase atrás perfecto. Ahí apareció el capitán, Kerr McInroy, que abrió el cuerpo y soltó un derechazo seco, teledirigido a la red lateral, imposible para McMullan. Un golazo. 1-0 y el aire del estadio cambió.

Waterford respondió con orgullo. Lonergan bajó un balón de espaldas para Conan Noonan, que conectó una volea potente y tensa. Parecía gol, pero Eddie Beach voló para sacar una mano firme. Del posible empate se pasó a lo que debió ser el 2-0: en la contra, Martin se encontró solo para rematar de cabeza el centro de Norris, pero apuntó directo al portero.

Shelbourne olía sangre. Moore dispuso de una ocasión inmejorable cuando la zaga de tres de los Blues no acertó a despejar un envío desde la derecha de Evan Caffrey. El delantero se perfiló con todo a favor, pero su rosca se marchó rozando el poste. El fallo pesaría caro.

El empate que lo cambia todo

La falta de puntería de los Reds dio vida a Waterford. Y en una jugada en apariencia inofensiva, el partido giró.

Un centro de Jorgen Vollas, sin demasiada amenaza inicial, provocó un barullo en el área pequeña. Entre piernas, rebotes y despejes fallidos, apareció McLaughlin, que metió la bota a dos metros de la línea para empujar el 1-1. Gol feo, sí. Pero decisivo. Shelbourne había perdonado; Waterford no.

El tanto descolocó a los locales. Aun así, siguieron encontrando espacios. Kelly puso otro balón tenso al segundo palo y Moore, con el arco abierto, pareció frenarse en el último instante. Otra ocasión desperdiciada. Otra señal de que la noche no iba a ser sencilla para los de John Russell.

El cabezazo de Amond y el primer vuelco

Tras el descanso, Waterford salió con otro tono. Más directo, más agresivo. Y el marcador lo reflejó pronto.

A los seis minutos de la reanudación, Benny Couto lanzó un balón largo por la banda que parecía más alivio que intención. Lonergan lo convirtió en oro: control, giro y centro medido. En el área, Amond atacó el envío con determinación y estampó un cabezazo potente que superó a Beach. 1-2. De ir por detrás a mandar en el marcador.

Los Blues olieron el momento. Mahon se lanzó en plancha para rematar un centro de Vollas y obligó a Beach a firmar otra parada de postal, estirándose a lo largo de toda la portería para evitar el tercero.

Shelbourne necesitaba una reacción y Russell la buscó sin medias tintas: dentro los delanteros Mipo Odubeko y Seán Boyd, y un dibujo descarado, con cuatro hombres en punta. O salía bien o el partido se rompía del todo.

Lunney enciende el tramo final

La apuesta ofensiva tuvo premio. En el ecuador de la segunda parte, Moore combinó con Jack Henry-Francis, que llegó a línea de fondo y puso el pase atrás con calma. A la frontal llegó JJ Lunney, que no buscó potencia sino precisión: interior del pie, balón acariciado a la base del poste y 2-2. Otro golazo desde fuera del área. Otra vez el partido abierto.

Shelbourne se lanzó a por la remontada. Boyd se vio ya celebrando cuando Kelly sacó un centro profundo desde la derecha y McMullan quedó a media salida, pero el remate del ariete se marchó desviado. Poco después, el propio Odubeko obligó al portero a agacharse rápido para desviar un disparo seco desde unos 20 metros que se colaba junto al palo.

Los cambios también agitaron a Waterford. Luke Heeney y Dean McMenamy aportaron piernas frescas y, tras una buena combinación con ellos, Noah Mawene rozó el gol con un disparo curvado desde la frontal que se fue muy cerca de la escuadra.

El duelo se había convertido en un intercambio de golpes. Uno de esos finales que se deciden por detalles. O por un delantero en racha.

Lonergan decide… y se corona

Quedaban tres minutos para el 90 cuando Waterford encontró la jugada que selló la noche. Joe Ashton, recién entrado por Vollas, recibió en la banda y levantó la cabeza. Su centro al segundo palo parecía más una invitación que una amenaza. Lonergan lo convirtió en sentencia.

Se desmarcó con un pequeño movimiento, se soltó de su marcador y conectó un cabezazo certero en el segundo palo. 2-3. Gol de nueve puro. Gol que vale permanencia, victoria y el título de máximo goleador de la Premier Division con 16 tantos.

Shelbourne ya no tuvo respuesta. El intento final de empuje se estrelló contra un Waterford que defendió su ventaja con la determinación de quien sabe lo que hay en juego.

La noche terminó con los Blues celebrando sobre el césped: salvados, en dinámica ganadora y con su delantero estrella en plena efervescencia. El domingo espera Derry City en la final de la Club Orange FAI Cup.

Después de una remontada como esta, ¿quién se atreve a apostar contra ellos?