Tielemans firma el milagro de Bélgica en Seattle
Bélgica estaba muerta. O eso parecía. Senegal ganaba 2-0, el reloj se desangraba y el Mundial apuntaba a despedir en silencio a los últimos representantes de aquella generación dorada que rozó la gloria en 2018. Pero en Seattle, el fútbol decidió escribir otro final.
En 120 minutos largos, agotadores, el partido viajó del drama a la incredulidad. En el 125, Youri Tielemans lo convirtió en una noche para la historia.
De la despedida anunciada al despertar
Durante casi toda la tarde, el guion fue cruel con Bélgica. El equipo de Rudi Garcia se veía fuera en octavos, con Romelu Lukaku, Kevin De Bruyne y quizá Thibaut Courtois encaminándose hacia una última función mundialista sin ruido ni épica.
Senegal mandaba por dos goles y controlaba el tiempo y el pulso del encuentro. Bélgica parecía pesada, sin chispa, atrapada entre los años y los recuerdos de Rusia 2018. El reloj entró en los últimos cinco minutos con los africanos a un paso de la siguiente ronda y con los belgas mirando al vacío.
Entonces llegó la reacción.
Un gol de Romelu Lukaku encendió una chispa que parecía extinguida. El delantero apareció cuando más quemaba el balón y abrió una puerta que muchos daban por cerrada. El 2-1 no solo cambió el marcador: devolvió aire, orgullo y algo de miedo al rival.
Con Senegal tambaleándose, Bélgica se lanzó a por lo imposible. La presión aumentó, las piernas pesaban, pero el tiempo ya no corría igual. El empate, obra de Youri Tielemans, terminó de romper un partido que hasta entonces había tenido dueño africano. De 2-0 a 2-2 en un suspiro. Y con ello, la prórroga.
“Ponerte 2-0 abajo y luego volver para empatar 2-2 te da un impulso enorme, y ahora el viaje continúa”, resumió después Rudi Garcia, consciente de lo que acababa de sobrevivir su equipo.
Un penalti, un capitán y todo un Mundial en un solo golpeo
La prórroga fue una batalla de resistencia. Más cabeza que piernas. Más carácter que táctica. El cansancio se apoderó de todos, y ahí emergió la figura del capitán.
En el minuto 125, el partido se detuvo. Penalti para Bélgica. Mundial en juego. Youri Tielemans caminó hacia el punto fatídico rodeado de tensión, protestas y maniobras de distracción de los jugadores de Senegal, que trataron de ensuciar el momento, de alargar la espera, de sembrar dudas.
La demora fue eterna. El centrocampista de Aston Villa llevaba ya muchos minutos al límite en lo físico. El cuerpo pedía descanso, la cabeza exigía precisión. No había margen para el error.
Tielemans respiró. Tomó carrera. Y no falló.
Gol. 3-2. Remontada consumada. Bélgica en octavos.
Garcia no escatimó elogios: “Lo que importa es que Youri Tielemans tuvo la compostura y la calidad. Y una vez más, tenemos la experiencia para lanzar ese tipo de penalti, porque no es fácil”. El técnico subrayó el contexto: “Con 2-2, en el minuto 120 o incluso más tarde, cuando estás cansado, y Youri lo sentía físicamente, ir y marcar ese penalti es una tarea difícil. Lo consiguió”.
El seleccionador fue claro sobre el peso de ese golpeo: “Como resultado, nos ha enviado a los octavos de final. Felicitaciones a nuestro capitán. Creo que estuvo sobresaliente”.
La generación dorada se niega a bajar el telón
Durante buena parte del choque, la sensación era de final de ciclo. Lukaku, De Bruyne, Courtois… nombres que definieron una era para Bélgica parecían encaminarse a una despedida sin épica, con la eliminación en el primer cruce del Mundial como epílogo amargo a la medalla de bronce lograda en 2018.
La remontada lo cambió todo. No solo el resultado, también el ánimo de un grupo que se resiste a ser historia.
“Es cierto que un escenario como este puede unir aún más a un grupo”, reconoció Garcia. “Puede hacer que los jugadores se den cuenta de que, hasta que un partido termina y suena el pitido final, cualquier cosa puede pasar, como hemos demostrado”.
La frase encaja con lo vivido en Seattle: Bélgica tocó fondo, miró de frente la eliminación y, cuando ya nadie apostaba por ella, respondió con orgullo.
Seattle, nuevo cuartel general
La victoria mantiene a Bélgica en Seattle, donde disputará el duelo por un lugar en los cuartos de final ante el ganador del cruce entre los coanfitriones de Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina.
El escenario no puede ser mejor para medir cuánto hay de resistencia real y cuánto de último arreón emocional en este equipo. La remontada ante Senegal ha dado aire, fe y una segunda vida a un grupo que parecía condenado.
La pregunta ya no es si la generación dorada se apaga, sino hasta dónde está dispuesta a estirarse antes de hacerlo.
Podría interesarte

Luis Suárez arruina el debut de Lewandowski y mantiene a Inter Miami en la cima

Tottenham inicia su gira de verano: Van Hecke y Robertson se unen al equipo

Italia sueña con Guardiola: el precio que rompe el hechizo

Robert Lewandowski analiza a Lamine Yamal tras el Mundial

Arsenal considera a Barcola y Julián Álvarez para reforzar su ataque

La ventana de fichajes: sagas del mercado de verano
