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El técnico se prepara para un partido decisivo y analiza su plantilla

El técnico llega tranquilo al domingo, pero con un mensaje claro: su equipo “está colgando” y necesita tiempo. Entre ajustes tácticos, bajas en las bandas y un calendario que no perdona, el líder del campeonato doméstico se prepara para un partido que puede abrir una brecha de siete puntos… aunque él se niega a mirarlo así.

Un plantel casi completo y una ausencia especial

“Estamos bien, creemos”, resume el entrenador al hablar del estado de la plantilla. La única ausencia señalada será la de Auston Trusty, que viajará a casa para participar en la celebración de la vida de su padre. Un motivo personal que el técnico entiende y respeta, mientras el resto del grupo se prepara para un duelo que llega poco después de haber dejado puntos en el camino.

El mensaje competitivo, sin embargo, no cambia: cada partido, dice, se afronta con la misma idea, “intentar ganar si podemos”. Los puntos perdidos duelen, pero la reacción no se vende como algo extraordinario, sino como una obligación permanente.

El debate del tridente: “Estoy totalmente de acuerdo con Callum”

La cuestión táctica del momento gira en torno al frente de ataque. Las palabras de Callum McGregor tras el último encuentro, cuestionando la eficacia de jugar con tres futbolistas que son, en esencia, delanteros centro abiertos a banda, han generado ruido. También se han recordado las declaraciones de Cameron Carter-Vickers antes del parón internacional.

El técnico, lejos de molestarse, se alinea con su capitán.

“Estoy en total acuerdo con Callum”, admite sin rodeos. Recuerda que ya lo había dicho en rueda de prensa: Callum Osmand es, en realidad, un nueve. “Esencialmente es un delantero centro. Probablemente jugaría mejor al lado de alguien fuerte, no estoy tan seguro de que pueda liderar la línea él solo”. Lo mismo con Camilo Duran: otro punta reconvertido a banda.

No hay drama, insiste. “Los jugadores se están conociendo, es tan simple como eso”. La crítica interna se transforma en diagnóstico compartido.

¿Es solo una cuestión de nombres, de mover piezas? “Lo vamos a arreglar”, responde. Y tira de resultados: “Parece que nos va bastante bien a nivel doméstico intentando solucionarlo”.

Minutos por repartir y posiciones por definir

El técnico recuerda que aún hay futbolistas por ver. Nombra a Jordan Lotomba, que todavía no ha tenido oportunidad, y a Joel van den Berg, un joven que apenas se ha incorporado hoy al entrenamiento con el grupo.

Su plan es claro: entre ahora y Navidad, todos deberían tener minutos. A partir de ahí, llegará el momento de fijar posiciones con mayor precisión. No descarta que algunos sigan jugando fuera de su rol natural. De hecho, recuerda que nadie se quejó cuando el “joven Osmand” salió ante Benfica, actuó lejos de su posición ideal y “nos encendió” el partido.

Sin extremos puros, pero con brotes verdes

La falta de extremos en plenitud física condiciona el dibujo. Jota aún no está al cien por cien, Yang sigue fuera y las bandas se han convertido en un rompecabezas.

En medio de ese escenario, aparece un nombre propio: Hassan. Para el entrenador, su mejor posición es “extremo derecho, partiendo de fuera hacia dentro”. Su entrada en la segunda parte del último encuentro dejó muy buenas sensaciones: “Estuvo brillante para nosotros en ataque, realmente fantástico. Les causó muchos problemas, puso balones, superó rivales por el otro lado”.

Cuando Yang regrese, añade, el equipo ganará algo que ahora mismo no tiene: continuidad en un jugador que estaba “en gran forma” antes de caer lesionado. El coreano vuelve a los entrenamientos el lunes, y el cuerpo técnico evaluará su estado antes del próximo parón internacional.

Líderes, pero “colgando”

Completada la primera vuelta de partidos en la Premiership, el balance del entrenador es sobrio pero positivo. Encabezan la liga con cuatro puntos de ventaja, una distancia que él rebaja de inmediato: “No es nada a estas alturas”. Recuerda que el curso pasado remontaron desventajas mayores en varias ocasiones.

“Domésticamente estamos bien”, sentencia. Su espina, como suele ocurrir en estos contextos, está en Europa: “Intentamos conseguir uno o dos resultados en competiciones europeas, sería bonito”. Aun así, se declara “realmente satisfecho” con el equipo.

¿Qué espera de la segunda vuelta? “Si fuera posible igualar lo que hemos hecho, estaría encantado”. Lo califica de improbable, pero lo fija como objetivo.

La posibilidad de abrir una brecha de siete puntos el domingo tampoco le cambia el gesto. “No lo miraría así, en serio”. Prefiere hablar del rival inmediato: un Falkirk que, tras un inicio “espeso”, ahora “vuela”. “Será un partido difícil, pero tenemos una oportunidad de ganar el partido si podemos, y eso es lo que intentaremos hacer”.

Un líder algo cansado del ruido

La sala de prensa, sin embargo, insiste en el contraste entre la tabla y el tono de las preguntas. Él lo deja caer con cierta ironía: “Entro aquí cada semana casi siempre bastante animado, y cuando salgo ya no”. No quiere que le vendan crisis donde él ve un equipo en construcción: “Estamos bien”.

Recuerda que muchos de los jugadores ni siquiera hicieron la pretemporada con el club. Llegaron tarde, se han ido integrando sobre la marcha, y el engranaje aún chirría en algunos tramos. “Nos llevará tiempo”, repite. “Tenemos que aguantar, y en este momento creo que estamos aguantando”.

El clásico sin visitantes y la herida del césped

También hubo espacio para un tema que va más allá de lo táctico: la confirmación de que el próximo partido de Scottish Cup se jugará a puerta cerrada. El técnico se remite a la postura del club y se declara “de acuerdo” con el comunicado.

A partir de ahí, la conversación vira hacia el futuro del gran clásico sin aficionados visitantes, ya sea con Celtic viajando a Ibrox o con Rangers desplazándose al otro lado. “Parece que va a ser así”, admite. Pero no renuncia a su idea de siempre: para él, es un “gran, gran partido” cuya esencia se ve enriquecida por la presencia de hinchas rivales en las gradas.

Antes de levantarse, deja una última pincelada, cargada de memoria. Recuerda una invasión de campo reciente en un partido en Fleetwood, descrita como un “momento icónico” del juego. La alusión enlaza con la invasión de campo del último partido de la pasada temporada, que tanta polémica generó.

¿Le sigue doliendo? “Ya no me molesta”, responde. Pero no olvida lo que dijo entonces: está convencido de que, en su vida, volverá a ver otra invasión de campo… que será interpretada de una forma muy distinta.

Entre sistemas por ajustar, extremos por recuperar y un liderato que no quiere sobredimensionar, el técnico sabe que el verdadero examen llegará cuando su equipo deje de “aguantar” y empiece, de una vez, a dominar. La cuestión es si el tiempo que pide se lo permitirá la competición.