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Stuttgart derrota a un Everton fallido en ataque

En el segundo y último examen de su gira por Alemania, Everton salió del MHPArena con un marcador que duele más por lo que dejó de hacer que por lo que encajó: 3-1 ante un VfB Stuttgart mucho más contundente en las áreas. El amistoso dejó un mensaje nítido para los de Liverpool: el problema no es generar ocasiones, es rematarlas.

Sin Christian Nørgaard, aún ausente de la concentración, y con James Garner recuperándose de una operación menor en la ingle, Sean Dyche (y su cuerpo técnico) apostó por una zaga central O'Brien–Branthwaite que apenas duró 18 minutos. Röhl volvió a ocupar el lateral derecho, mientras que Hayden Hackney asumió peso en la sala de máquinas desde el inicio.

Un primer tiempo que Everton debió matar… y terminó pagando

Jarrad Branthwaite, con el brazalete, encabezó al equipo en la salida al césped. Stuttgart tomó el balón desde el pitido inicial, moviéndolo con calma y manteniendo a Everton a distancia. El propio Branthwaite tuvo que intervenir pronto para frenar una acción muy peligrosa, y de ahí nació la primera chispa ofensiva inglesa: Beto bajó a recibir, ganó metros a base de potencia, pero su último toque regaló la pelota a un defensor local.

O'Brien, exigido atrás, concedió un córner que casi acaba en gol: el remate final se marchó desviado desde un ángulo imposible. Dibling intentó responder con una conducción tímida que dejó la sensación de un jugador aún lejos de su mejor versión.

Hackney probó un pase vertical demasiado ambicioso, cortado con facilidad, y Stuttgart volvió a castigar en transición. A partir del minuto 10, sin embargo, Everton empezó a sentirse más cómodo con la posesión. El portero local regaló un balón a Alcaraz en la frontal, pero Beto desperdició el regalo con un disparo muy desviado. La presión alta funcionaba, los robos en mediocampo aparecían… y las pérdidas posteriores también.

Con algo más de paciencia, los visitantes comenzaron a hilar jugadas. Hackney se animó desde la frontal y su disparo se perdió rozando el ángulo. Era una advertencia. La respuesta de Stuttgart fue definitiva: Nartey cazó un balón en el área y lo reventó a la escuadra, por encima de Travers, para firmar el 1-0. Golazo y castigo a la falta de pegada visitante.

La tarde se complicó cuando Iroegbunam tuvo que abandonar el campo a los 18 minutos, presumiblemente lesionado. Entró Keane y se rompió de golpe la sociedad O'Brien–Branthwaite en el eje de la defensa. Dibling cayó en el área tras una internada que parecía falta, pero el árbitro no señaló nada. Stuttgart respondió con una contra rápida que terminó en un remate muy desviado.

Everton, pese al golpe, siguió encontrando caminos. Branthwaite rompió líneas con una conducción poderosa, Alcaraz aceleró la jugada y Röhl vio su disparo bloqueado. Beto, ansioso por dejar huella, probó una chilena tan espectacular como fallida. Poco después, Alcaraz se liberó por dentro y metió un centro raso y tenso al primer palo que Beto no alcanzó por centímetros.

Dibling mejoró con el paso de los minutos, aunque su último envío careció de ritmo y fue despejado sin apuros. A partir de ahí, se desató una secuencia de oportunidades que expuso, una y otra vez, el gran problema de Everton.

Röhl filtró un gran balón a Beto, que, en lugar de rematar, eligió un centro al segundo palo imposible para Dibling. Luego, un saque largo de Travers encontró de nuevo a Beto, que peinó de maravilla hacia Röhl; el alemán devolvió un centro perfecto al área pequeña y el delantero, solo, con todo a favor, se quedó literalmente pateando aire. Una ocasión increíble, de esas que se recuerdan en el vestuario.

El asedio continuó. Röhl volvió a poner un buen centro para Dibling, cuyo disparo obligó al portero a una estirada baja junto al poste. En el córner posterior, Dibling colgó un balón medido que Beto cabeceó por encima cuando bastaba un leve desvío para empatar.

Stuttgart, casi desaparecido en ataque durante ese tramo, avisó con un latigazo de Mittelstädt desde 25 metros que se marchó por encima del larguero. Poco después, otro córner local generó una ocasión clarísima: un cabezazo directo a la escuadra que Travers sacó con una mano felina, volando a contrapié. El guardameta sostuvo al equipo en otro arreón del conjunto alemán, incluyendo una parada providencial con el pie a un disparo raso dentro del área.

Everton respondió con una transición en la que Alcaraz habilitó a Röhl, pero su pase hacia Beto fue demasiado fuerte. Armstrong, atrás, firmó una entrada perfecta para cortar otra aproximación peligrosa. Röhl siguió siendo una vía constante por la derecha, aunque sus centros no encontraron rematador.

Beto volvió a tener campo abierto. Volvió también a frenar en seco cuando debía atacar el área. La primera parte se cerró con la sensación de que los ingleses, con algo de puntería, podrían haber ido al descanso con varios goles a favor. En lugar de eso, se marcharon al vestuario por detrás en el marcador.

Más castigo, un penalti salvador y un final que deja dudas

Alcaraz puso el balón en juego en la reanudación, sin cambios en Everton. Stuttgart, en cambio, salió más afilado. Travers tuvo trabajo desde el primer minuto del segundo acto y respondió con solvencia, incluida una intervención sobre la línea tras un córner en el que Alcaraz, en su intento de despeje, estuvo a punto de marcar en propia puerta.

Dibling mostró más carácter, encarando y ganando metros, pero Beto quedó encerrado entre dos centrales. Keane cometió una falta en campo propio que devolvió a Stuttgart a campo rival. Dibling insistió en el uno contra uno, esta vez retrasando demasiado el pase. Cuando aceleró, metió un buen balón al espacio para Röhl, aunque el centro del alemán no encontró destinatario.

El joven extremo inglés robó arriba y forzó una falta prometedora, pero Everton optó por jugar hacia atrás, diluyendo el peligro. Stuttgart respondió con un disparo seco al palo, con Travers ya batido. Aviso serio.

Mykolenko desaprovechó una buena opción de centro con un envío muy defectuoso. Keane, algo más preciso, conectó un balón largo con Beto, que controló bien… hasta que cedió el balón directamente a un defensor. Armstrong recibió luego un pase de Dibling tras una buena acción individual, pero no logró ni forzar el córner.

En el otro área, Stuttgart hiló una jugada de combinación rápida que sólo encontró premio en forma de córner. Ese saque de esquina marcó un punto de inflexión: los alemanes aprovecharon la pausa para realizar una batería de cambios alrededor de la hora de juego. Everton defendió dos córners seguidos; en el segundo, un cabezazo blando con King ya batido se marchó por poco.

El banquillo inglés también se movió: entraron Dewsbury-Hall, Ndiaye y Barry para dar aire fresco. Ndiaye leyó rápido un desmarque de Barry por la derecha, pero el joven atacante quedó aislado y perdió la pelota. La preocupación saltó cuando Branthwaite se llevó la mano al muslo —o quizá a la rodilla—, aunque tras hablar con los fisioterapeutas aseguró que podía continuar.

En medio del desorden propio de los cambios, Everton encontró oxígeno. Una buena combinación por dentro dejó a Beto mano a mano con el portero; el delantero voló por encima del guardameta y el árbitro señaló un penalti tan generoso como inesperado. Beto no dudó desde los once metros y empató el encuentro en el 72', firmando un gol que no borra sus fallos previos, pero sí su insistencia.

Stuttgart reaccionó con calma, volviendo a tejer jugadas con paciencia. Una de ellas terminó con un cabezazo que rozó la parte superior del larguero de King. El recién ingresado portero también tuvo una intervención sencilla ante un disparo escorado.

El carrusel de sustituciones en la recta final rompió el ritmo. El partido perdió estructura y ganó en imprecisiones. Stuttgart, aun así, encontró huecos. Un mal despeje de Keane fue devuelto al área con violencia y la defensa quedó descolocada: el tercer tanto local llegó con demasiada facilidad para un equipo de Premier League.

Everton aún tuvo una última rebelión en el tiempo añadido, tan exagerado como caótico: diez minutos de prolongación. En un córner, Keane cabeceó y el portero sacó el balón sobre la línea; Ndiaye tuvo dos remates en la jugada, uno de ellos quizá dentro, pero sin tecnología de gol ni decisión arbitral a favor, la acción se perdió entre protestas. En otro saque de esquina, Dewsbury-Hall ganó el salto y su testarazo se marchó rozando el poste.

El pitido final certificó una derrota que, en clave de preparación, ofrece lecturas mixtas. El equipo compitió, generó ocasiones y mostró tramos de buen fútbol. Pero la “incompetencia flagrante” frente al arco rival —esa sensación de que se necesitan cuatro oportunidades claras para marcar una— se impone como la gran amenaza a corto plazo.

En una temporada en la que cada punto puede ser una batalla, ¿cuánto tiempo puede permitirse Everton seguir perdonando así?