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Sheffield United logra una remontada crucial en Blackburn

Sheffield United volvió a la senda del triunfo con una frialdad demoledora: dos disparos a puerta en la primera parte, dos goles y un 1-2 en el campo de un Blackburn que mandó en el juego, en las sensaciones… y se quedó sin premio.

Todo ocurrió antes del descanso, en un primer acto que Rovers dominó de principio a fin. El equipo de Tony Mowbray se adueñó del balón, ganó duelos, atacó con ritmo y encontró el gol que merecía. En el minuto 20, Kristi Montgomery firmó su primera diana con el club: robó la pelota a Sydie Peck y soltó un derechazo seco desde unos 20 metros que se coló en la escuadra derecha. Golazo y justicia en el marcador.

Blackburn olió sangre. Seis minutos después, Jayden Fevrier, titular por primera vez con Rovers, rompió líneas por dentro y habilitó a Dapo Afolayan en la izquierda. El disparo cruzado del atacante se marchó rozando el palo largo. El estadio ya cantaba el segundo.

El asedio continuó. En el 35’, Afolayan volvió a aparecer con un disparo potentísimo que Mike Cooper solo pudo rechazar. Cantwell empujó a la red el rechace, pero el banderín levantado anuló el tanto por fuera de juego. Un aviso serio.

Y justo ahí cambió el partido.

La primera llegada de Sheffield United fue un puñal. Apenas un minuto después del gol anulado, Peck se redimió del error en el 1-0 con una acción de enorme calidad: filtró un pase milimétrico al espacio para Tom Cannon, escorado a la izquierda, que definió con calma, raso, por debajo de Aynsley Pears, directo al rincón inferior derecho. Segundo gol de Cannon en este estadio en apenas dos semanas. Primera ocasión de los Blades. Empate.

Blackburn no levantó el pie. Fevrier volvió a amenazar con un disparo raso que se perdió muy cerca del poste derecho tras otra pérdida de Peck, presionado esta vez por Romelle Donovan. Pero el castigo para los locales estaba a punto de ser todavía más cruel.

Minuto 44. Joe Rothwell encontró a Peck entre líneas. El centrocampista controló, levantó la vista y dejó una acción de puro talento: toque sutil por encima de Tom Atcheson y volea violenta al palo bajo izquierdo. De villano a héroe en 20 minutos. De 1-0 a 1-2 con solo dos tiros a puerta.

Sheffield United se marchó al descanso con ventaja casi sin saber cómo. Blackburn, con la sensación de haberse disparado en el pie.

La segunda parte cambió de guion, pero no de tensión. El equipo de Chris Wilder se replegó, juntó líneas y se aferró al resultado con uñas y dientes. Y ahí emergió una figura clave: Hamza Choudhury.

En el 57’, llegó la ocasión más clara de Rovers tras la reanudación. La zaga visitante no acertó a despejar, el balón quedó muerto a seis metros del arco y Afolayan se encontró mano a mano con Choudhury. Todo a favor del atacante. Pero el mediocentro, incrustado como último salvavidas, se lanzó con un bloqueo espectacular sobre la línea que valió tanto como un gol.

Blackburn siguió empujando. Ryan Alebiosu rozó el empate con un disparo cruzado que salió por poco mediado el segundo tiempo. Al otro lado, Sheffield United respondió con un zarpazo aislado que pudo sentenciar el choque: en el 72’, Sam McCallum armó un disparo que se le escapó a Pears, pero Yuri Rubeiro apareció bajo palos para sacar la pelota casi sobre la línea y mantener con vida a los locales.

El tramo final fue un ejercicio de resistencia visitante. Cooper sostuvo a los Blades con una parada baja a su derecha ante otro intento de Fevrier a ocho minutos del final. Cada despeje, cada duelo, cada segundo que caía del reloj reforzaba la idea de un Sheffield United pragmático, sin brillo, pero con una eficacia brutal.

Rovers acabó volcado, pero sin claridad. Y el marcador ya no se movió. Segunda derrota consecutiva para Blackburn, que se marcha con la sensación de haber dominado el juego, las ocasiones y hasta los datos, pero no el marcador.

Tony Mowbray no escondió su frustración tras el encuentro: habló de goles “muy blandos”, de errores básicos en la acción del empate —un saque largo del portero rival que acabó en gol en cuestión de segundos— y de un equipo que, pese a generar más, no fue lo suficientemente despiadado en las áreas. Dominio, sí. Puntos, ninguno.

Al otro lado, Chris Wilder respiró hondo. Recordó que su equipo solo ha perdido un partido en toda la temporada y que la prioridad es clara: sumar, competir, resistir cuando no fluye el juego. Pidió una reacción tras la derrota ante Norwich, reclamó un esfuerzo “de pico y pala”, jugadores fuera de su zona de confort, trabajo sucio. Y la respuesta llegó.

Sheffield United se mete en la zona alta, ya a solo dos puntos de la cima, con una versión áspera pero tremendamente efectiva. Blackburn, en cambio, se queda con una pregunta incómoda: cuántas veces puede permitirse dominar tanto… y salir del campo con las manos vacías.